Pacheco NO fue


El Mundo se Derrumba y Nosotros nos Enamoramos

“Pacheco no fue”

Un Cuento de:
Eduardo Belgrano Rawson

Que de dónde yo sacaba esas basuras, me preguntó un día mi abuela.Que ella me había llenado de historias y yo como si nada.
Tal vez, se me ocurre ahora,porque eran demasiado redondas.Uno precisa más bien una idea que se vaya desplegando.
¿Acaso no decía el finado Chandler que a una novela se la destila?.

Las conversaciones ajenas tampoco te aportan mucho. La gente siempre dice lo mismo.Ni siquiera de un teléfono ligado se puede sacar algo bueno.Algunas conversaciones parecen calcadas, como las que sostienen aquellos matrimonios deshechos cuando se reúnen a intercambiar argumentaciones torcidas en cualquier confitería del centro.

Lo que sobra son esos rumores de baja estofa que pueden oírse en el colectivo, como aquel de las ratas embandejadas que comenzaron a verse en las heladeras de los restaurantes chinos.O esa boda famosa que terminó en escándalo.No sé si ustedes se acuerdan cuando el cura hizo la pregunta de práctica (que lo dijera o callara para siempre), un tipo de la última fila saltó como un escorpión,suponiendo que un escorpión haga eso.
Después de tratarla de putaza, le gritó de todo a la novia.A continuación intervino la parentela y hubo una batalla campal en el atrio.

A veces esos rumores adquieren tal virulencia que terminan saliendo en el diario. A veces el propio diario se encarga de desmentirlos. Eso mismo sucedió en el casamiento en cuestión. Luego de reseñar el escándalo, la prensa dió marcha atrás, “No hubo tal casamiento”, debió admitir el diario. Creo que fue La Nación. El propio cronista reflexionaba :”¿Desde cuándo preguntan en una boda si alguien tiene algo que decir?”.

Mientras más suculentos vienen los chismes, más rápido se desinflan.O resucitan periódicamente.
¿”Sabes que las cloacas de Buenos Aires estan llenas de iguanas?”, oí decir a una chica. Qué me cuentan.Este es un rumor reciclado que corrió por Nueva York hace como treinta años. Ahí también se les dió por desprenderse de sus mascotas.
Sólo eran caimanes en vez de iguanas. Alguien tiró unas crias al inodoro,con los efectos descriptos. Hasta hubo una película. Podría seguir con la lista, pero no vale la pena. Todas estas patrañas se olvidan en un suspiro.
LAS COSAS REALMENTE BUENAS JAMÁS SE TRANSFORMAN EN CHISMES.GENERALMENTE MUEREN CON SUS PROPIOS PROTAGONISTAS.

Yo escuché algo una vez que quisiera no haber escuchado.Tenía conflicto y remate, como todo lo que contaba mi abuela.
Se podría resumir en tres líneas, como exigen los buenos dramas. Tal vez a mi me lleve algo más.Mejor no diré cuando fue.Sólo puedo adelantar que vino a través del océano. Sucedió a bordo de un buque: Un típico drama del mar, si ustedes me lo permiten, habría de ser Joseph Conrad para contarlo como es debido.Pero haremos lo que podamos.

Ibamos saliendo por el río de La Plata, en aquel velero que olía a cerdo viejo y mojado. También olía igual que mi amigo. Al estilo de mi abuela, que dejaba un ramito de yerbabuena y poleo entre las sábanas limpias, mi amigo siempre guardaba una vela del barco en el fondo del placard.Por eso sus camisas hedían como un remolcador en el riachuelo.

_Yo tironeo_dijo mi amigo_vos escribí tranquilo.Ibamos a la costa uruguaya. Mi amigo pensaba que durante aquel corto viaje uno daría comienzo, por fin, a su novela marina. Pero uno estaba mareado. De pronto la radio dijo:_L P Q PACHECO, L P Q PACHECO, o algo así.

Alguien quería llamar a su casa, tal vez un marino mercante. Durante la próxima hora nos volvería locos con sus reclamos a la emisora de enlace, una estación de la costa conocida como “Pacheco”. Si uno deseaba comunicarse desde el océano , debía pasar por Pacheco.

Nuestro propio equipo de radio era lo único reluciente en ese viejo camello. Treinta años antes había sido el mejor velero del río.Ahora estaba venido a menos.
Era todo lo que le quedaba a mi amigo, después de haber perdido su trabajo, su tercera mujer y un departamento en Palermo.

De modo que fuimos dejando atrás la costa de San Isidro, en aquel septiembre soleado, se avecinaba una tragedia marina,pero nosotros seguíamos en el mejor de los mundos.Era un martes por la mañana .Es lindo navegar entre semana. Conozco miles de historias sobre los floaters , vagabundos del río que, como uno, salen a navegar en un día laborable.Un tipo tenía una novia en Colonia , al otro lado del río, todos los viernes zarpaba en su velerito para ir a visitarla. Compraba una bolsa de maní en el puerto y durante la travesía, para matar el tiempo, iba tejiendo un pulóver. Hay toda clase de gente en el río.

Entonces eran contados los yatecitos con radio.
Había que ser un magnate o un insolvente como mi amigo para tener semejante cosa. El río era un lugar amable.
Hoy el éter está plagado de gente que vocifera y putea a medio mundo.Incluso hay una señora que simula a todo micrófono unos orgasmos geniales.
Desde otras radios le gritan.
En el canal de emergencias no cabe una palabra más. Mejor que nadie requiera auxilio.
Si un día se vuelve a hundir el Titanic, aquí pasará desapercibido.

_L P Q PACHECO_dijo la voz

Cuando el operador de Pacheco atendió la llamada del buque, le ordenó pasar al canal 25.
Nosotros hicimos lo mismo, disponiéndonos a escuchar aquella conversación ajena que venía allende los mares.
Pensé en lo maravilloso de llamar desde el Océano Índico a la propia casa de uno, aún para ventilar cosas en público.

_Lo comunico_dijo Pacheco.

Cuando se produjo el contacto casi podía sentirse el resuello de cada uno. Oímos llamar el teléfono , hasta levantaron el tubo y un hombre dijo:

_Hola.
Hubo un silencio ATERRADOR.
La voz del buque sonó extrañada.
_Quién Habla?_dijo.
Otra pausa del carajo. Y entonces con claridad, se oyó que en la casa cortaban.

_Cortaron señor_dijo el operador de radio
Pacheco, súbitamente amable.
_Cómo que cortaron?,¿Usted llamó al teléfono tal y tal?
_Sí señor. A ese número llamé_dijo con displicencia el operador, quizá medio contento.
Y recitó cada uno de los seis números.
_Habrá sido equivocado…_dijo la voz del buque.
_No, señor_dijo Pacheco.
_Pruebe de nuevo, ¿quiere?

Había un norte tan suave que apenas lamía el agua.
Mi amigo timoneaba callado, con los ojos sobre las velas.
Ahora el operador de Pacheco había caido en un frenesí de eficiencia.

Volvió a llamar tan rápido que no dió tiempo a nada.
El teléfono sonó cinco veces.

_Hola_dijo una voz de mujer.
_Hola_dijo la voz del buque.
Nosotros ni respirábamos.

_Querido…¿cómo estas?
_¿Quién atendió?_dijo la voz del buque.
_Cómo quién atendió?
_Atendió un tipo.
_¡Pero No!_dijo ella _habría sido equivocado.
_El teléfono sonó como en casa
_Vos estas loco
_Apareció uno que dijo “hola…”
_Te juro que…!
_Por favor…
_¡Ay, querido!
_Prefiero que me cuelguen el tubo a que me tomes por tarado.
_Ni siquiera sonó el teléfono!…_gimió ella.

Su voz sonaba desesperada, daban ganas de abrazarla.

_Habrá sido Pacheco_musitó.

Y entonces, como una cobra que ataca, el operador de Pacheco apareció de nuevo en el aire.

_PA-CHE-CO-NO-FUE_declaró.

Cada vez que evoco este diálogo me corre un sudor por el pelo.Ha pasado bastante tiempo, pero aún me siguen sus voces (Pacheco NO fue).
Me la imagino a ella en el cuarto, tumbada sobre la cama, completamente desnuda, bellísima y arrepentida, enamorada a pesar de todo,con los ojos llenos de lágrimas.
Lo veo al caballero del buque, devolviendo gentilmente el micrófono al operador vespertino, saliendo de nuevo afuera, con el aplomo de un hombre , tomando su turno en cubierta bajo la noche estrellada.Lo veo al otro imbécil , entre las sábanas, dejando arder el último pucho, maldiciendo por lo bajo.

Otras veces me digo que las cosas NO fueron así.
Que NO hubo tal hombre en la cama.
Que nadie colgó el teléfono.
Que todo fue una sucia maniobra del operador de Pacheco.

PERO NI YO ME LO CREO…

Eduardo Belgrano Rawson

Eduardo Belgrano Rawson nació en la provincia de San Luis ,Argentina. Hijo de un profesor de filosofía, fue –ya a los diez años y a instancias de su padre– “nada menos que presidente de la Biblioteca Infantil Sarmiento”. Escritor y periodista, vive actualmente en la Ciudad de Buenos Aires, a donde se trasladó al terminar la escuela secundaria para pasar fugazmente por la carrera de Derecho, algo que según el autor es “inevitable para quienes están decididos en el fondo a no ser abogados”. “Cuando había llegado a la mitad de la carrera me dediqué al periodismo, estudié cine y también escribí guiones de historieta para las famosas revistas de Editorial Columba -El Tony, DArtagnan, Intervalo-. Con seudónimo, claro”.

Publicó No se turbe vuestro corazón y El náufrago de las estrellas, por el cual recibió el premio a la mejor novela del Club de los Trece en 1979. Entre 1975 y 1987 realizó varios viajes a Tierra del Fuego. En uno de ellos cruzó a pie y a caballo la Península Mitre, completamente deshabitada, junto a una expedición de biólogos argentinos. En 1991 escribió Fuegia, excelente novela que cuenta la historia de una familia de nativos fueguinos, canoeros, que vivió en aquella isla a comienzos del siglo. Su última novela, Noticias secretas de América, fue publicada en 1998.

Pd: Pacheco NO fue😉
Buen find PASCUAL para TOODOS/AS.
Um Beijo
Sarah

2 comentarios to “Pacheco NO fue”

  1. “FUEGIA” DE EDUARDO BELGRANO RAWSON

    Esta novela es el “Zama” de los noventa. ¡Viva esta novela aunque yo perezca! ¿Es que alguien puede morirse después de leer una novela así?
    Este es el siglo de Kafka. Franz Kafka es un espejismo de Poe. Uno de sus delirios. Una de sus tantas borracheras. La Torre de Babel es una cucaracha, su traductor imposible es el irlandés James Joyce. Esta novela tiene tanto de Kafka que lo que tiene de Conrad es lo que le sobra de Melville. Original como una mariposa, no vuela como una mariposa sino que se derrite como el hielo. Como el hielo argentino del fin del mundo, el hielo eterno de una Argentina que se empecina en ser efímera, esta novela es el fuego que permanece como el ave fénix en las cenizas salvajes de un horizonte virgen. Hablo de la civilización del candor, del capitalismo de las cabras, del socialismo renovado por los alambrados, de la vida, de la muerte, de la metafísica encarnada en un cuerpo sucio y embellecido por los harapos de un amor directo como un cuchillo pero sin los filos del erotismo ni las pesadillas o desviaciones de la infidelidad pornográfica y occidental y cristiana y videomaníaca y falaz.
    ¿El campo, ese lugar donde los pollos se pasean crudos?

    constantino mpolás andreadis

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