El Caballero d …”El Castillo del Silencio” (4)


4

El Caballero de la Armadura Oxidada

El Castillo del Silencio

Robert Fisher

Abandonado a su suerte, el caballero asomó con precaución por la puerta del castillo.
Las rodillas le temblaban ligeramente, por lo que producía un ruido metálico a causa de su armadura. Como NO quería parecer una gallina frente a una paloma, en caso de que Rebeca pudiera verle, reunió fuerzas y entró valientemente, cerrando la puerta a sus espaldas.
Por un momento deseó no haber dejado atrás su espada, pero Merlín le había prometido que no tendría que matar dragones, y el caballero confiaba plenamente en el mago.
Entró en la enorme antesala del castillo y miró a su alrededor.
Sólo vio el fuego que ardía en una enorme chimenea de piedra en uno de los muros y tres alfombras en el suelo.
Se sentó en la alfombra más cercana al fuego.

El caballero pronto se dio cuenta de dos cosas: primero, parecía no haber ninguna puerta que lo condujera fuera de la habitación, hacia otras áreas del castillo. Segundo, había un extraordinario y aterrador SILENCIO. Se sobresaltó al notar que el fuego ni siquiera chasqueaba.
El caballero pensaba que su castillo era silencioso, especialmente en las épocas en que Julieta no le hablaba durante días, pero aquello no era nada comparado con esto.
El Castillo del SILENCIO hacía honor a su nombre, pensó. Jamás en su vida se había sentido tan solo.
De repente, el caballero se sobresaltó por el sonido de una voz familiar a sus espaldas.
_Hola, caballero.
El caballero se giró y se sorprendió al ver al rey aproximarse desde una esquina lejana de la habitación.
_¡Rey! _dijo con la voz entrecortada_. Ni siquiera os había visto. ¿Qué estáis haciendo aquí?
_Lo mismo que vos, caballero: buscando la puerta.
El caballero miró a su alrededor otra vez.
_No veo ninguna puerta.
_Uno NO puede ver realmente hasta que comprende _dijo el rey_. Cuando comprendáis lo que hay en esta habitación, podréis ver la puerta que conduce a la siguiente.
_Definitivamente, eso espero, rey _dijo el caballero_.

Me sorprende veros aquí. Había oído que estabais en una cruzada.
_Eso es lo que dicen siempre que viajo por el Sendero de la Verdad _explicó el rey_. Mis súbditos lo entienden mejor así. El caballero parecía perplejo.
_Todo el mundo entiende las cruzadas _dijo el rey_ pero muy pocos comprenden la VERDAD.
_Sí _asintió el caballero_. Yo mismo no estaría en este Sendero si no estuviera atrapado en esta armadura.
_LA MAYORÍA DE LA GENTE ESTÁ ATRAPADA EN SU ARMADURA _declaró el rey.
_¿Qué queréis decir? _preguntó el caballero.
_Ponemos barreras para protegernos de quienes creemos que somos. Luego un día quedamos atrapados tras las barreras y ya NO PODEMOS SALIR.
_Nunca pensé que vos estuvierais atrapado, rey. Sois tan sabio…_dijo el caballero.
El rey soltó una carcajada.
_Soy lo suficientemente sabio como para saber cuándo estoy atrapado, y también para regresar aquí para aprender más de mí mismo.
El caballero estaba entusiasmado, pensando que quizás el rey podría mostrarle el camino.
_Decidme _dijo el caballero, su rostro iluminado_, ¿podríamos atravesar el castillo juntos?
Así NO sería tan solitario…

El rey negó con la cabeza.
_Una vez lo intenté. Es verdad que mis compañeros y yo no nos sentíamos solos porque hablábamos constantemente, pero cuando uno habla es imposible ver la puerta de salida de esta habitación.
_Quizá podríamos limitarnos a caminar juntos, sin hablar _sugirió el caballero. No le apetecía mucho tener que caminar solo por el Castillo del SILENCIO.
El rey volvió a negar con la cabeza, esta vez con más fuerza.
_No, también lo intenté. Hizo que el vacío fuera menos doloroso, pero tampoco pude ver la puerta de salida.
El caballero protestó.
_Pero si no estabais hablando…
_Permanecer en silencio es algo más que NO hablar _dijo el rey_.
Descubrí que, cuando estaba con alguien, mostraba sólo mi mejor imagen.
No dejaba caer mis barreras, de manera que ni yo ni la otra persona podíamos ver lo que yo intentaba esconder.
_No capto _dijo el caballero.
_Lo comprenderéis _replicó el rey_ cuando hayáis permanecido aquí el tiempo suficiente.
UNO DEBE ESTAR SOLO PARA PODER DEJAR CAER SU ARMADURA.
El caballero estaba desesperado.

_¡No quiero quedarme aquí solo! _exclamó, golpeando el suelo con el pie, y dejándolo caer involuntariamente sobre el pie del rey.
El rey gritó de dolor y comenzó a dar saltos.
¡El caballero estaba horrorizado! Primero al herrero, ahora al rey.
_Perdonad,Señor _dijo disculpándose.
El rey se acarició el pie con suavidad.
_Oh, bueno. Esa armadura os hace más daño a vos que a mí _luego, miró al caballero con expresión sabia_.
Comprendo que NO queráis quedaros solo en el castillo. Yo tampoco lo deseaba las primeras veces que estuve aquí, pero ahora me doy cuenta de lo que uno ha de hacer aquí, lo ha de hacer solo. _Dicho esto, se alejó rengueando al tiempo que decía_:Ahora debo irme.
Perplejo, el caballero preguntó:
_¿Adónde vais? La puerta está por aquí.
_Esa puerta es sólo una entrada. La puerta que lleva a la siguiente habitación está en la pared más lejana.
La vi, por fin, cuando vos entrabais _dijo el rey.
_¿Qué queréis decir con que por fin la visteis? ¿No recordabais dónde estaba, de las otras veces que estuvisteis aquí? _preguntó el caballero,sin comprender por qué el rey continuaba viniendo.
_UNO NUNCA ACABA DE VIAJAR POR EL SENDERO DE LA VERDAD.
CADA VEZ QUE VENGO, A MEDIDA QUE VOY COMPRENDIENDO CADA VEZ MÁS, ENCUENTRO NUEVAS PUERTAS.

_El rey se despidió con la mano_.Trataos bien, amigo mío.
_¡Aguardad, por favor _le suplicó el caballero.
El rey se volvió y le miró con compasión.
_¿Sí?
El caballero, que NO podía hacer que tambalease la resolución del rey, pidió:
_¿Hay algún consejo que me podáis dar antes de iros?
El rey lo pensó un momento, luego respondió:
_Esto es un nuevo tipo de cruzada para vos,querido caballero: una que requiere más coraje que todas las otras batallas que habéis conocido. Si lográis reunir las fuerzas necesarias y quedaros para hacer lo que tenéis que hacer aquí será vuestra mayor victoria.
Dicho esto, el rey se giró y, estirando el brazo como para abrir una puerta, desapareció en la pared, dejando perplejo al caballero.
El caballero corrió al sitio donde había estado el rey, esperando que, de cerca, también podría ver la puerta. Al encontrar tan sólo lo que parecía ser una pared sólida, comenzó a caminar por toda la habitación. Lo único que el caballero podía oír era el sonido de su armadura resonando por todo el castillo.

Después de un rato, se sentía más deprimido que nunca.
Para animarse, cantó un par de canciones de batalla:
” Estaré contigo para llevarte a una Cruzada, cariño y dondequiera que deje mi yelmo, ésa será mi casa”
Las cantó una y otra vez.
A medida que su voz se fue cansando, la quietud comenzó a ahogar su canto, envolviéndolo en el silencio más absoluto.
Sólo entonces pudo el caballero admitir francamente algo que ya sabía: tenía miedo de estar solo.
En ese momento, vio una puerta en la pared más lejana de la habitación. Fue hasta ella, la abrió lentamente y entró en otra habitación. Esta otra sala se parecía mucho a la anterior, sólo que era más pequeña. También ésta estaba vacía de todo sonido.
Para pasar el tiempo, el caballero comenzó a hablar consigo mismo. Decía cualquier cosa que le venía a la mente. Habló de cómo era de pequeño y de qué manera era diferente de los otros niños que conocía. Mientras cazaban codornices y jugaban a “Ponle la cola al Burro”, él se quedaba en casa y leía. Como en aquel entonces los libros eran manuscritos de los monjes, había pocos y, muy pronto, los hubo leído todos. Fue entonces cuando comenzó a hablar con todo aquel que pasaba delante de él. Cuando NO había con quien hablar, hablaba consigo mismo, igual que ahora.

Se encontró diciendo que había hablado tanto durante toda su vida para evitar sentirse solo.
El caballero pensó profundamente sobre esto hasta que el sonido de su propia voz rompió el aterrador silencio.
_Supongo que SIEMPRE he tenido miedo de estar solo.
Mientras pronunciaba estas palabras, otra puerta se hizo visible. El caballero la abrió y entró en la siguiente habitación. Era más pequeña aún que la anterior.
Se sentó en el suelo y continuó pensando. Al poco rato, le vino el pensamiento de que durante toda su vida había perdido el tiempo hablando de lo que había hecho y de lo que iba a hacer. Nunca había disfrutado de lo que pasaba en el momento. Y entonces apareció otra puerta. Llevaba a una habitación aún más pequeña que las anteriores.
Animado por su progreso, el caballero hizo algo que nunca antes había hecho. Se quedó quieto y escuchó el silencio. Se dio cuenta de que, durante la mayor parte de su vida, NO había escuchado realmente a NADIE ni a NADA. El sonido del viento, de la lluvia, el sonido del agua que corre por los arroyos, habían estado siempre ahí, pero en realidad NUNCA los había oído.Tampoco había oído a Julieta, cuando ella intentaba decirle cómo se sentía; especialmente cuando estaba triste. Le hacía recordar que él también estaba triste.
De hecho, una de las razones por las que había decidido dejarse la armadura puesta todo el tiempo era porque así ahogaba la triste voz de Julieta.Todo lo que tenía que hacer era bajar la visera y ya NO LA OÍA.

Julieta debía de haberse sentido muy sola hablando con un hombre envuelto en acero; tan sola como él se había sentido en esta lúgubre habitación.
Su propio dolor y su soledad afloraron.
Comenzó a sentir el dolor y la soledad de Julieta también.
Durante años, la había obligado a vivir en un castillo de silencio.
Se puso a llorar.
El caballero lloró tanto que las lágrimas se derramaron por los agujeros de la visera y empaparon la alfombra que había debajo de él.Las lágrimas fluyeron hacia la chimenea y apagaron el fuego.
En realidad, toda la habitación había empezado a inundarse,y el caballero se hubiera ahogado si no fuera porque en ese preciso instante apareció otra puerta.
Aunque estaba exhausto por el diluvio, se arrastró hasta la puerta, la abrió y entró en una habitación que NO era mucho mayor que el establo de su caballo.
_Me pregunto por qué las habitaciones son cada vez más pequeñas _dijo en voz alta.
Una voz replicó:
_Porque os estáis acercando a vos mismo.

Sobresaltado, el caballero miró a su alrededor.
Estaba solo, o eso había creido. ¿Quién había hablado?
_Tú has hablado _dijo una voz como respuesta a su pensamiento.
La voz parecía venir de dentro de sí mismo.
¿Eso es posible?
_Sí, es posible _respondió la voz_. Soy tu yo verdadero.
_Pero si yo soy mi yo verdadero _protestó el caballero.
_Mírate _pronunció la voz con ligera aversión_, ahí sentado medio muerto, dentro de ese montón de lata, con la visera oxidada y la barba hecha una sopa. Si tú eres tu verdadero yo, los dos estamos en problemas!
_Ahora óyeme tú a mí _dijo el caballero_. He vivido durante todos estos años sin oír ni una sola palabra sobre ti. Ahora que oigo, lo primero que me dices es que tú eres mi verdadero yo. ¿ Por qué NO me habías hablado antes?
_He estado aquí durante años _replicó la voz_, pero ésta es la primera vez que estás lo suficientemente silencioso como para oírme.
El caballero dudó.
_Si tú eres mi verdadero yo, entonces, por favor, dime ¿quién soy yo?
La voz replicó amablemente:
_No puedes pretender aprender todo de golpe.
¿Por qué NO te vas a dormir?

_Está bien _dijo el caballero_, pero antes, quiero saber cómo debo llamarte.
_¿Llamarme? _preguntó la voz, perpleja _
Pero si yo soy tú!
_No puedo llamarte yo. Me confunde.
_Está bien. Llámame Sam.
_¿Por qué Sam?
_¿Y por qué NO? _fue la respuesta.
_Tienes que conocer a Merlín _dijo el caballero, empezando a cabecear de cansancio. Luego se le cerraron los ojos mientras se sumergía en un profundo y dulce sueño.
Cuando se despertó, NO sabía dónde estaba. Tan sólo era consciente de sí mismo.
El resto del mundo parecía haberse desvanecido. A medida que se fue despertando, el caballero se fue dando cuenta de que Ardilla y Rebeca estaban sentadas sobre su pecho.
_¿Cómo habéis entrado aquí? _preguntó.
Ardilla rió.
_No estamos ahí
_Vos estáis aquí _arrulló Rebeca.
El caballero abrió más los ojos y se sentó.
Miró a su alrededor sorprendido.
Sin lugar a dudas, se encontraba sentado sobre el Sendero de la Verdad, al otro lado del Castillo del Silencio.

_¿Cómo salí de allí? _preguntó.
Rebeca le respondió:
_De la única manera posible. Pensando.
_Lo último que recuerdo _dijo el caballero _ es que estaba hablando con…_Aquí se detuvo.
Quería contarles a Rebeca y Ardilla acerca de Sam, pero NO era fácil de explicar.Además podía habérselo imaginado todo. Tenía mucho que pensar. El caballero se rascó la cabeza, pero tardó un momento en darse cuenta de que en realidad estaba rascando su propia piel.Se llevó las dos manos envueltas en acero a la cabeza. ¡Su yelmo había desaparecido! Se tocó la cara y la larga barba_. ¡Ardilla! ¡Rebeca! _gritó.
_Ya lo sabemos _dijeron en un alegre unísono _.Habéis debido llorar otra vez en el Castillo del Silencio.
_Lo hice _replicó el caballero_. Pero,¿cómo puede haberse oxidado todo un yelmo en una noche?
Los animales rieron con estrépito. Rebeca yacía sin aliento, dando aletazos contra el suelo. Al caballero le pareció que estaba fuera de sus pajarillos. Exigió que le hicieran saber qué era tan gracioso.
Ardilla fue la primera en recuperar el aliento.
_No estuvisteis sólo una noche en el castillo.
_Entonces, ¿durante cuánto tiempo?
_Y si os dijera que mientras estabais ahí dentro pude haber recogido fácilmente más de cinco mil nueces?
_Diría que estáis loca! _exclamó el caballero.
_Pues permanecisteis en el castillo durante mucho, muchísimo tiempo _afirmó Rebeca.

El caballero dejó caer la mandíbula incrédulo.
Miró hacia el cielo y, con una resonante voz, dijo:
_Merlín, debo hablar con vos.
Como había prometido, el mago apareció inmediatamente.
Iba desnudo, a excepción de su larga barba, y estaba completamente mojado. Parecía que el caballero le había llamado mientras tomaba un baño.
_Lamento la intrusión _dijo el caballero_, pero era una urgencia. Yo…
_No hay problema _dijo Merlín, interrumpiéndolo_. Los magos somos molestados a menudo. _Sacudió el agua de la barba_. Respondiendo a vuestra pregunta, he de deciros que es verdad. Permanecisteis en el Castillo del Silencio por un largo tiempo.
Merlín NO dejaba de sorprender al caballero.
_¿Cómo sabíais lo que quería preguntaros?
_Como me conozco, puedo conoceros. Somos todos parte el uno del otro.
El caballero pensó un momento.
_Estoy empezando a entender.
¿He podido comprender el dolor de Julieta porque soy parte de ella?
_Sí _respondió Merlín_.
Por eso pudisteis llorar por ella y por vos mismo.
Fue la primera vez que derramasteis lágrimas por otra persona.El mago sonrió indulgente.
_Uno NO debe sentirse orgulloso por ser humano. Tiene tan poco sentido como que Rebeca se sintiera orgullosa por poder volar. Rebeca nació con alas. Vos nacisteis con un corazón, y ahora lo estáis utilizando, como es natural.
_Realmente sabéis cómo desanimar a un amigo, Merlín.
_No era mi intención ser duro con vos.
Lo estáis haciendo bien, de NO ser así, NO hubierais conocido a Sam.
El caballero se sintió aliviado.
_Entonces, ¿lo oí realmente? ¿NO fue sólo mi imaginación?
Merlín soltó una risita ahogada.
_No, Sam es real. De hecho, es un YO más real que el que habéis estado llamando YO durante todos estos años.
No os estáis volviendo loco.
Simplemente, estáis empezando a oír a vuestro YO VERDADERO.
Por esta razón el tiempo transcurrió sin que os dierais cuenta.
_No lo comprendo _dijo el caballero.
_Comprenderéis cuando hayáis pasado por el Castllo del Conocimiento.
Antes de que el caballero pudiera hacer más preguntas, Merlín desapareció.

C O N T I N U A R Á…

Pd: Falta muy poco para terminarlo d leer😉
Pd2: Beijos
Sarah

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: