El Caballero de la Armadura Oxidada – El Castillo de la Voluntad & la Osadía (6 )


El Caballero de la Armadura Oxidada

El Castillo de la Voluntad y la Osadía

Robert Fisher

6

Hacia el amanecer del día siguiente, el inverosímil trío llegó al último castillo.
Era más alto que los otros y sus muros parecían más gruesos.
Confiado de que atravesaría velozmente este castillo, el caballero cruzó el puente levadizo con los animales.
Cuando estaban a medio camino se abrió de golpe la puerta del castillo y un enorme y amenazador dragón, cubierto de relucientes escamas verdes, surgió de su interior, echando fuego por la boca.
Espantado, el caballero se paró de repente.
Había visto muchos dragones, pero éste no se parecía a ninguno.
Era enorme, y las llamas salían NO sólo de su boca, como sucedía con cualquier dragón común y corriente, sino también de sus ojos y oídos.
Y, por si eso fuera poco las llamas eran azules, lo cual quería decir que este dragón tenía un alto contenido de butano.

El caballero buscó su espada, pero su mano NO encontró NADA.
Comenzó a temblar.
Con una voz débil e irreconocible, el caballero pidió ayuda a Merlín, mas, para su desesperación, el mago NO apareció.
_¿Por qué NO viene? _preguntó ansiosamente,al tiempo que esquivaba una llamarada azul del monstruo.
_No lo sé _replicó Ardilla_. Normalmente se puede contar con él.
Rebeca, sentada sobre el hombro del caballero, ladeó la cabeza y escuchó con atención.
_Por lo que he podido captar, Merlín está en París, asistiendo a una conferencia de magos.
“No me puede ABANDONAR AHORA”, se dijo el caballero.
“Me prometió que NO habría dragones en el Sendero de la Verdad”
_Se refería a los dragones comunes y corrientes _rugió el monstruo con una voz que hizo temblar los árboles y que por poco hizo caer a Rebeca del hombro del caballero.
La situación parecía seria.
Un dragón que podía leer las mentes era definitivamente lo peor que se podía esperar pero, de alguna manera, el caballero dejó de temblar. Con la voz más fuerte y potente que pudo, gritó:
_¡Fuera de mi camino, bombona de butano gigante!

La bestia bufó, lanzando fuego en todas las direcciones.
_Caramba, ¡qué atrevido el gatito asustado!
El caballero, que NO sabía qué más hacer, intentó ganar tiempo.
_Qué haces en el Castillo de la Voluntad y la Osadía? -preguntó.
_Hay algún sitio mejor donde yo pueda vivir? Soy el Dragón del Miedo y la Duda.
El caballero reconoció que el nombre era muy acertado.
Miedo y duda era exactamente lo que sentía.
El dragón volvió a vociferar:
_Estoy aquí para acabar con todos los listillos que piensan que pueden derrotar a cualquiera simplemente porque han pasado por el Castillo del Conocimiento.
Rebeca susurró al oído del caballero:
_Merlín dijo una vez que el conocimiento de uno mismo podía matar al Dragón del Miedo y la Duda.
_¿Y tú lo crees? _susurró el caballero.
_Sí _afirmó Rebeca con firmeza.
_¡Pues, entonces, encárgate tú de ese lanzallamas verde! _El caballero dio media vuelta y cruzó el puente levadizo corriendo, en retirada.
_¡Jo, jo, jo! _rió el dragón,y con su último “Jo” por poco quema los pantalones del caballero.

_¿Os retiráis después de haber llegado tan lejos? _preguntó Ardilla, mientras el caballero se sacudía las chispas de la espalda.
_No lo sé _replicó él _.
He llegado a habituarme a ciertos lujos, como vivir.
Sam intervino.
_¿Cómo te soportas si no tienes la voluntad y la osadía de poner a prueba el conocimiento que tienes de ti mismo?
_¿Tú también crees que el conocimiento de uno mismo puede matar al Dragón del Miedo y la Duda? _preguntó el caballero.
_Por supuesto. El conocimiento de uno mismo es la verdad y ya sabes lo que dicen: “La verdad es más poderosa que la espada”
_Ya sé que eso es lo que se dice, pero ¿hay alguien que lo haya probado y haya sobrevivido?_preguntó sutilmente el caballero.
Tan pronto como acabó de pronunciar estas palabras,el caballero recordó que NO necesitaba probar NADA. Era Bueno, Generoso y Amoroso.
Por lo tanto, NO debía sentir ni miedo ni dudas.
El dragón NO era más que una ilusión.
El caballero dirigió la mirada a través del puente hacia donde se encontraba el monstruo lanzando fuego hacia unos arbustos, por lo visto para no perder la práctica. Con el pensamiento en la mente de que el dragón sólo existía si él creía que existía, el caballero inspiró profundamente y, con lentitud, volvió a atravesar el puente levadizo.
El dragón, por supuesto, fue a su encuentro, bufando y echando fuego.
Esta vez, sin embargo, el caballero siguió adelante.
Pero el coraje del caballero NO tardó en comenzar a derretirse, al igual que su barba, con el calor de las llamaradas del dragón.
Con un grito de temor y angustia, dio media vuelta y salió corriendo.
El dragón dejó escapar una poderosa carcajada y disparó un chorro de fuego contra el caballero en retirada.
Con un aullido de dolor, el caballero atravesó el puente como una bala, con Rebeca y Ardilla tras él. Al divisar un pequeño arroyo, sumergió rápidamente su chamuscado trasero en el agua fresca, sofocando las llamas en el acto.
Ardilla y Rebeca intentaban consolarlo desde la orilla.
_Habéis sido muy valiente _dijo Ardilla.
_No está mal por tratarse del primer intento _añadió Rebeca.
Sorprendido, el caballero la miró desde donde estaba.
_¿Cómo que el primer INTENTO?
Ardilla le respondió con toda naturalidad:
_Tendréis más suerte la segunda vez.
El caballero respondió enfadado:
_Tú irás la segunda vez.

_Recordad que el dragón es sólo una ilusión _dijo Rebeca.
_¿Y el fuego que sale de su boca? ¿Eso también es ILUSIÓN?
_En efecto _respondió Rebeca _. El fuego también era una ilusión.
_Entonces, ¿cómo es que estoy sentado en este arroyo con el trasero quemado? _exigió el caballero.
_Porque vos mismo hicisteis que el fuego fuera real, al creer que el dragón era real _explicó Rebeca.
Si creéis que el Dragón del Miedo y la Duda es real, le dais el poder de quemar vuestro trasero o cualquier otra cosa _dijo Ardilla.
_Tienen razón _corroboró Sam_. Debes regresar y enfrentarte al dragón de una vez por todas.
El caballero se sintió acorralado.
Eran tres contra uno. O, mejor dicho, dos y medio contra uno; la mitad Sam del caballero estaba de acuerdo con Ardilla y Rebeca, mientras que la otra mitad quería permanecer en el arroyo.

_Estoy harto de intentar comprender el significado de las cosas.Prefiero quedarme sentado en el arroyo y descansar.
_Mira _lo animó Sam _, si te enfrentas al dragón, hay una posibilidad de que lo elimines, pero si NO te enfrentas a él, es seguro que él te destruirá.
_Las decisiones son fáciles cuando sólo hay una alternativa _dijo el caballero.
Se puso de pie de mala gana, inspiró profundamente y cruzó el puente levadizo una vez más.
El dragón le miró incrédulo.
Era un tipo verdaderamente terco.
_¿Otra vez? _bufó _. Bueno, esta vez sí que te pienso quemar.
Pero esta vez el caballero que marchaba hacia el dragón era otro; uno que cantaba una y otra vez: “El miedo y la Duda son ILUSIONES”.
El dragón lanzó gigantescas llamaradas contra el caballero una y otra vez pero, por más que lo intentaba, NO lograba hacerlo arder.
A medida que el caballero se iba acercando, el dragón se iba haciendo cada vez más pequeño, hasta que alcanzó el tamaño de una rana.
Una vez extinguida su llama, el dragón comenzó a lanzar semillas.
Estas semillas _las Semillas de la Duda _tampoco lograron detener al caballero.
El dragón se iba haciendo aún más pequeño a medida que continuaba avanzando con la determinación.

_¡He vencido! _exclamó el caballero victorioso.
El dragón apenas podía hablar.
_Quizás esta vez, pero regresaré una y otra vez para bloquear tu camino.
Dicho esto, desapareció con una explosión de humo azul.
_Regresa siempre que quieras _le gritó el caballero_. Cada vez que lo hagas, yo seré más fuerte y tú más débil.
Rebeca voló y aterrizó en el hombro del caballero.
_Lo veis, yo tenía razón.
El conocimiento de uno mismo puede matar al Dragón del Miedo y la Duda.
_Sí realmente creías que era así, ¿por qué NO me acompañaste cuando me acerqué al dragón? _preguntó el caballero, que ya NO se sentía INFERIOR a su amiga emplumada.
Rebeca mullió sus plumas.
_No quería interferir. Era vuestro viaje.
Divertido, el caballero estiró el brazo para abrir la puerta del castillo,pero ¡el castillo de la Voluntad y la Osadía había DESAPARECIDO!
Sam le explicó:
_No tienes que aprender sobre la voluntad y la osadía porque acabas de demostrar que ya la posees.

El caballero echó la cabeza hacia atrás, riendo de pura alegría.
Podía ver la cima de la montaña.
El sendero parecía aún más empinado que antes, pero NO importaba.
Sabía que ya NADA LE PODÍA DETENER.

C O N T I N U A R Á…

Pd:😉
Sarah

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