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Un Chéjov x acá ;)

Posted in C U E N T O S, LITERATURA with tags on 7 noviembre, 2013 by Sarah S

Una Broma Sin Importancia

trineo

Es un claro mediodía de invierno…El frío aprieta y a Nádienka, que va del brazo conmigo, se le cubren de plateada escarcha los ricitos de las sienes y el vello que sombrea su labio. Estamos en una alta pendiente. Desde el sitio en que nos encontramos hasta el pie de la cuesta se extiende una lisa superficie de nieve apisonada en la que el sol brilla como si fuera un espejo. Junto a nosotros hay un pequeño trineo forrado de paño de un color rojo vivo.

_Vamos a bajar, Nádienka Petrovna_ le pidio_. Solo una vez. Le aseguro que NO le pasará NADA.

Pero Nádienka tiene MIEDO.Todo el espacio que se extiende desde sus diminutos chanclos hasta el fin de la montaña de hielo se le figura ser un abismo TERRIBLE y sin fondo. Pierde el ánimo y la respiración se le corta al mirar hacia abajo, cuando la invito a montar en el trineo; ¿qué ocurrirá, pues, si se arriesga a VOLAR sobre el abismo? Morirá, perderá la razón.

_Se lo suplico_ digo yo_. No tenga miedo. Eso es propìo de gente de poco espíritu, de cobardes,
Nádienka accede, por fin, y por su cara veo que cree embarcarse en una aventura que puede costarle la vida.

La acomodo en el trineo, pálida y temblorosa, paso la mano por su talle y nos lanzamos al abismo.
El trineo vuela como una exhalación. El viento, que corta nuestros cuerpos, nos golpea en la cara, ruge, silba en nuestros oídos, nos pincha dolorosamente, quiere arrancarnos la cabeza de los hombros. Es tanta la presión que ejerce sobre nosotros, que se nos hace difícil respirar. Parece como si el propio diablo nos hubiera agarrado con sus zarpas y nos arrastrase con gran estruendo a los infiernos. Todos los objetos que nos rodean se funden en una cinta larga que cruza velozmente…Un instante más y todo habrá terminado para nosotros.

_La amo, Nádienka_ digo a media voz.

El trineo comienza a disminuir la marcha, el rugido del viento y el rechinar de los patines no parecen ya tan terribles, la respiración se normaliza y, por fin, nos vemos abajo. Nádienka está ni viva ni muerta, pálida, apenas respira…la ayudo a ponerse de pie.

_Por nada del mundo subiría otra vez _dice, mirándome con unos ojos desorbitados por el terror que la domina _. ¡Por NADA del MUNDO! ¡Por poco me MUERO!
No tarda en recobrarse y me mira interrogante a los ojos: ¿he dicho yo esas tres palabras, o ha sido una figuración suya entre el ruido del viento? Yo permanezco a su lado, fumo y miro con atención mis guantes.
Se cuelga de mi brazo y paseamos largo rato al pie de la montaña. Parece que el misterio NO la deja en paz.
¿Han sido o no han sido pronunciadas esas palabras?
¿Sí o No? ¿sí o no? Es un problema de amor propio, de honor que afecta a la vida, a la dicha, es un problema muy importante, el más importante del mundo. Nádienka me mira impaciente, triste, tratando de leer la respuesta en mi cara; responde sin saber lo que dice, espera a que yo me decida a hablar. ¡Oh, qué sucesión de expresiones en este simpático rostro! Veo que ella lucha consigo misma, que necesita decir algo, preguntar algo, pero que NO encuentra PALABRAS para hacerlo; se siente violenta, le da miedo, la alegría la domina…

_¿Sabe una cosa? _dice sin mirarme.
_¿Qué? _pregunto yo.
_Vamos a TIRARNOS…otra VEZ.

Subimos por la escalera a la montaña. De nuevo coloco a Nádienka, pálida, temblorosa, en el trineo; de nuevo volamos hacia el terrible abismo, y de nuevo el viento ruge y se escucha el chirrido de los patines, y de nuevo, aprovechando el momento en que más vertiginoso es el descenso, digo a media voz;

_La AMO, Nádienka.

Cuando el trineo se detiene, Nádienka mira la montaña por la que acabamos de bajar, luego contempla largo rato mi rostro, escucha mi voz indiferente y desapasionada, y toda ella, toda, hasta su manguito y su capuchón, su figurita entera es la representación viva de la perplejidad. En su cara se lee:”¿Qué es esto? ¿Quién ha pronunciado esas palabras? ¿Ha sido él, o es una ilusión mía?”.

La incertidumbre la inquieta e impacienta. La pobre muchacha NO responde a mis preguntas, frunce el ceño y parece que va a romper a llorar.

_¿Vamos a casa?_pregunto
_A mí …me agrada deslizarme con el trineo_dice ella enrojeciendo _. ¿Bajamos otra vez?

Le “agrada” esto pero,cuando se sienta en el trineo, lo mismo que antes palidece, tiembla, el miedo apenas si la deja respirar.
Bajamos por tercera vez y yo veo cómo se fija ella en mi rostro, sin apartar los ojos de mis labios. Pero yo me tapo la boca con el pañuelo y, cuando nos encontramos hacia la mitad de la cuesta, puedo decir:

_La AMO, NADIA.

¡Yel misterio continúa siendo MISTERIO! Nádienka calla pensativa…La acompaño hasta su casa; ella procura ir despacio, siempre con la esperanza de que yo le diga las palabras de antes. Veo cómo sufre su alma, los esfuerzos que realiza para dominarse, para NO decir :”¡Es IMPOSIBLE que las dijera el VIENTO! ¡Y yo NO quiero que sea el viento el que ha hablado!”

Al día siguiente , por la mañana , recibo una esquela: “Si va a ir hoy a la pista, pase a buscarme . N.” Y a partir de este día Nádienka y yo vamos todas las tardes a la pista; y al volar cuesta abajo en el trineo siempre pronunciio a media voz las mismas palabras:

_La Amo, Nadia.

Nádienka se habitúa pronto a esta frase, como uno se acostumbra al vino o a la morfina.No puede vivir sin ella.
Cierto que NO ha perdido el miedo que antes la dominaba, pero ahora el terror y el peligro infunden un encanto especial a las palabras de amor, a unas palabras que continúan siendo un misterio y llenan de congoja su alma. Los sospechosos seguimos siendo dos: el viento y yo…¿Quién de los dos confiesa su amor? Ella NO lo sabe, y parece ser que ya no le importa saberlo; es lo mismo que la copa en la que se ofrece el vino: lo importante es EMBRIAGARSE .
Cierta vez, al mediodía, me dirijo a la pista solo; confundido entre la gente veo cómo Nádienka se acerca a la montaña y me busca con los ojos…Luego, timidamente, sube la escalera…¡Horrible, pero qué HORRIBLE le resulta subir SOLA!
Está pálida como la nieve, tiembla como si se dirigiera a un suplicio, pero sube, sube sin mirar, con paso enérgico.
Sin duda alguna ha decidido hacer la prueba : ¿oirá esas asombrosas y dulces palabras cuando yo NO voy con ella?La veo trémula, con la boca entreabierta por el terror, cuando se acomoda en el trineo; cierra los ojos y despidiéndose para siempre del mundo, se pone en marcha…los patines rechinan. No sé si Nádienka oye esas palabras…Veo, sí, que se pone en pie exhausta, sin fuerzas. Y veo por su rostro que ella misma NO sabe si ha oído algo o NO. El miedo del descenso la ha privado de la facultad de oír , de diferenciar los sonidos, de comprender…

Pero llega el mes de marzo y se inicia la primavera …
El sol empieza a calentar. Nuestra montaña de hielo se oscurece , pierde su brillo y acaba por fundirse. Ya no vamos a la pista.La pobre Nádienka ya no tiene dónde escuchar esas palabras, y NO hay tampoco quien las pronuncie, porque NO sopla el viento y yo me dispongo a trasladarme a Petersburgo por mucho tiempo, acaso para siempre.

Un par de días antes de mi salida, al atardecer, me encuentro en un jardincito separado de la casa en que vive Nádienka por una alta valla rematada todavía por clavos…Hace aún bastante frío, por debajo de las basuras todavía hay nieve, los árboles están muertos, pero ya huele a primavera y, disponiéndose a dormir, los grajos graznan ruidosamente. Me acerco a la valla y miro largo rato por una rendija. Veo que Nádienka sale a la puerta y mira triste y añorante al cielo…El viento primaveral sopla sobre su rostro pálido y abatido…Le recuerda el viento que zumbaba en la montaña, cuando ella oía aquellas tres palabras, y sus facciones se ven invadidas por la tristeza; por sus mejillas se desliza una lágrima…Y la pobre muchacha alarga sus brazos como rogando al viento que le traiga otra vez esas palabras. Yo espero el momento en que el viento se hace más fuerte y digo a media voz:

_La Amo, Nadia

¡Dios mío, qué transformación la de Nádienka! Lanza un grito, sonríe ampliamente y extiende las manos al viento, alegre, feliz, hermosa.

Yo me dirijo a hacer mi equipaje.

Esto ocurrió hace mucho tiempo. Nádienka es ahora madre de familia, la casaron o se casó, es lo mismo, con un secretario del Consejo de Tutela y tiene tres hijos.Mas NO ha olvidado nuestros paseos en la pista de patinar ni el viento que le llevaba las palabras “La Amo, Nádienka” ;esto es ahora para ella el recuerdo más feliz, más conmovedor y hermoso de su vida…

Y ahora, cuando los años han pasado sobre mí, NO comprendo para qué dije yo aquellas palabras, para qué le gasté aquella hermosa broma…

Antón Chéjov

Extraído de: “La Cerilla Sueca Y Otros Cuentos”
Barcelona, Bruguera, 1980
(Traducción d Augusto Vidal)

Pd: Mucho tiempo sin pasar x acá 😦
“Prometo” NO alejarme TANNNNTO!
Un Beso :*

La Pista de los Dientes de Oro

Posted in C U E N T O S, Cuentos NOVELAS, Cuentos Policiales with tags on 18 septiembre, 2012 by Sarah S

La Pista de los Dientes de Oro
Roberto Arlt

Lauro Spronzini se detiene frente al espejo. Con los dedos de la mano izquierda mantiene levantado el labio superior, dejando al descubierto dos dientes de oro. Entonces ejecuta la acción extraña; introduce en la boca los dedos pulgar e índice de la mano derecha, aprieta la superficie de los dientes metálicos y retira una película de oro. Y su dentadura aparece nuevamente natural. Entre sus dedos ha quedado la auténtica envoltura de los falsos dientes de oro.

Lauro se deja caer en un sillón situado al costado de su cama y prensa maquinalmente entre los dedos la película de oro, que utilizó para hacer que sus dientes aparecieran como de ese metal.
Esto ocurre a las once de la noche.
A las once y cuarto, en otro paraje, el Hotel Planeta, Ernesto, el botones, golpea con los nudillos de los dedos en el cuarto número 1, ocupado por Doménico Salvato.Ernesto ha visto entrar al señor Doménico en compañía de un hombre con los dientes de oro.
Ernesto abre la puerta y cae desmayado.
A las once y media, un grupo de funcionarios y de curiosos se codean en el pasillo del hotel, donde estallan los fogonazos de magnesio de los repórters policiales.Frente a la puerta del cuarto número 1 está de guardia el agente número 1539.El agente número 1539, con las manos apoyadas en el cinturón de su corregie, abre la puerta respetuosamente cada vez que llega un alto funcionario. En esta circunstancia todos los curiosos estiran el cuello; por la rendija de la puerta se ve una silla suspendida en los aires, y más abajo de los tramos de la silla cuelgan los pies de un hombre.
En el interior del cuarto un fotógrafo policial registra con su máquina esta escena: un hombre sentado en una silla, amarrado a ella por ligaduras blancas, cuelga de los aires sostenido por el cuello de una sábana arrollada. El ahorcado tiene una mordaza en torno a la boca. La cama del muerto está deshecha. El asesino ha recogido de allí las sábanas con que ha sujetado a la víctima.

Hugo Ankerman, camarero de interior; Hermán González, portero, y Ernesto Loggi, botones, coinciden en sus declaraciones.
Doménico Salvato ha llegado dos veces al hotel en compañía de un hombre con los dientes de oro y anteojos amarillos.
A las doce y media de la noche los redactores de guardia en los periódicos escriben titulares así:
El enigma del bárbaro crimen del diente de oro.
Son las diez de la mañana.
El asesino Lauro Spronzini, sentado en un sillón de mimbre de un café del boulevard, lee los periódicos frente a su vaso de cerveza.
Pero ni Hugo ni Hermán ni Ernesto, podrían reconocer en este pálido rostro pensativo, sin lentes ni dientes de oro, al verdugo que ha ejecutado a Doménico Salvato.
En el fondo de la atmósfera luminosa que se filtra bajo el toldo de rayas amarillas, Lauro Spronzini tiene la apariencia de un empleado de comercio en vacaciones.
Lauro Spronzini deja de leer los periódicos y sonríe, abstraído, mirando al vacío. Una muchacha que pasa detiene los ojos en él.
Nuestro asesino ha sonreído con dulzura. Y es que piensa en los trances dificultosos por los que pasarán numerosos ciudadanos en cuya boca hay engastados dos dientes de oro.
No se equivoca.
A esa misma hora, hombres de diferente condición social, pululaban por las intrincadas galerías del Departamento de Policía, en busca de la oficina donde testimoniar su inocencia.
Lo hacen por su propia tranquilidad.
Un barbudo de nariz de trompeta y calva brillante, sentado frente a una mesa desteñida, cubierta de papelotes y melladuras de cortaplumas, recibe las declaraciones de estos timoratos, cuyas primeras palabras son:

_Yo he venido a declarar que a pesar de tener dos dientes de oro, NO tengo NADA q ver con el CRIMEN.

El calvo recibe las declaraciones con indiferencia. Sabe que ninguno de los que se presentan son los posibles autores del retorcido delito.Sigue la rutina de las indagaciones elementales, pregunta y anota:

_Entre nueve y once de la noche , ¿dónde se encontraba usted?¿quiénes son las personas que le han visto en el lugar?

Algunos se averguenzan de tener que declarar que a esas horas hacían acto de presencia en lugares poco recomendables para personas de aspecto tan distinguido como el que ellas presentaban.
En las declaraciones se descubrían singularidades. Un ciudadano confirmó haber frecuentado a esas horas un garito cuya existencia había escapado al control de la policía. Demetrio Rubati de “profesión” LADRÓN, con dos dientes de oro en el maxilar izquierdo, después de arduas cavilaciones, se presenta a declarar que aquella noche ha cometido un robo en un establecimiento de telas. Efectivamente tal robo fue registrado. Rubati inteligentemente comprende que es preferible ser apresado como ladrón a caer bajo la acción de la ley por sospechoso de un crimen que NO ha COMETIDO. QUEDA DETENIDO.
También se presenta una señora inmensamente gorda, con dos dientes de oro, para declarar que ella NO es autora del crimen.
El barbudo interrogador se queda mirándola, sorprendido. Nunca imaginó que la estupidez humana pudiera alcanzar proporciones inusitadas.

Los ciudadanos que tienen dientes de oro se sienten molestos en los lugares públicos. Durante las primeras horas que siguen al día del crimen, todo aquél que en un café, en una oficina, en el tranvía o en la calle, muestre al conversar dientes de oro, es observado con atenta curiosidad por todas las personas que le rodean.Los hombres que tienen dientes de oro se sienten sospechosos del crimen; les tranquiliza la soterrada {…}* de los que los tratan. Son raros en esos días aquellos que por tener dos dientes de oro engarzados en la boca, no se sientan culpables de algo.

En tanto la policía trabaja. Se pide a todos los dentistas de la capital las direcciones de las personas que han asistido de enfermedades de la dentadura que exigían la completa ubicación de dos o más dientes en el orificio superior izquierdo.
Los diarios solicitan, también, la presentación a la policía de aquellas personas que pudieran aclarar algo respecto a este crimen de características tan singulares.
Las hipótesis del crimen pueden reducirse en pocas palabras y son semejantes en todos los periódicos.
Doménico Salvato ha entrado en su cuarto en compañía del asesino. Ha conversado en éste, no ha reñido, al menos en tono suficientemente alto como que para no se le pudiera escuchar.
Después el desconocido ha descargado un puñetazo en la mandíbula de Salvato, y éste ha caído desmayado, circunstancia que el asesino aprovechó para sujetarlo a la silla con las cuerdas hechas desgarrando las sábanas. Luego amordaza a su víctima. Cuando recobra el sentido, se ve obligado a escuchar a su agresor, quien después de reprocharle NO se sabe qué, ha procedido a ahorcarlo.
El móvil, no queda ninguna duda, ha sido satisfacer un exacerbado sentimiento de odio y venganza. El muerto es de nacionalidad italiana.

La primera plana de los diarios reproduce el cuarto del hotel en el espantoso desorden que lo ha encontrado la policía. El respaldar de la silla apoyado sobre la tabla de una puerta; el ahorcado colgado en el aire por el cuello, y la sábana anudada en dos partes, amarrada al picaporte de la puerta. Es el crimen bárbaro que ansía la mentalidad de los sectores de dramones espeluznantes.
La policía tiende sus redes; se aguardan los informes de los dentistas, se confirman los prontuarios recientes de todos los inmigrantes, para descubrir quiénes son los ciudadanos de nacionalidad italiana que tienen dos dientes de oro en el maxilar superior izquierdo.Durante quince días todos los periódicos consignan la marcha de la investigación. Al mes, el recuerdo de este suceso se OLVIDA; al cabo de nueve semanas son raros aquellos que detienen su atención en el recuerdo del crimen; un año después, el asunto pasa a los archivos de la policía…El asesino NO es DESCUBIERTO NUNCA.
Sin embargo, una persona pudo haber hecho encarcelar a Lauro Spronzini.
Era Diana Lucerna. Pero ella NO lo hizo.
A las tres de la tarde del día que todos los diarios comentan su crimen, Lauro Spronzini experimenta una ligera comezón ardorosa en la muela. Una hora después, como si algún demonio accionara el mecanismo nervioso del diente, la comezón ardorosa acrecienta su temperatura. Se transforma en un clavo de fuego que atraviesa la mandíbula del hombre, eyaculando en su tuétano borbotones de fuego.Lauro experimenta la sensación de que le aproximan a la mejilla una plancha de hierro candente. Tiene que morderse los labios para no gritar; lentamente, en su mandíbula el clavo de fuego se enfría, le permite suspirar con alivio, pero súbitamente la sensación quemante se convierte en una espiga de hielo que le solidifica las encías y los nervios injertados en la pulpa del diente, al endurecerse bajo la acción del frío tremendo,aumentan de volumen. Parece como si bajo la presión de su crecimiento el hueso del maxilar pudiera estallar como un shrapnell. Son dos dolores fulgurantes, por momentos relámpagos de fosforescencias pasan por sus ojos.

Lauro comprende que ya no puede continuar soportando este martilleo de hielo y fuego que alterna los tremendos mazazos en la mínima superficie de un diente escondido allá en el fondo de su boca. Es necesario visitar a un odontólogo.
Instintivamente, no sabe por qué razón, resuelve consultar a una mujer, a una dentista, en lugar de un profesional del sexo masculino.Busca en la guía del teléfono.
Una hora después Diana Lucerna se inclina sobre la boca abierta del enfermo y observa con el espejuelo la dentadura.Indudablemente, al paciente debe aquejarle una neuralgia, porque no descubre en los molares ninguna picadura. Sin embargo, de pronto, algo en el fondo de la boca le llama la atención. Allí, en la parte interna de la corona de un diente, ve reflejada en el espejo una veta de papel de oro, semejante al que usan los doradores. Con la pinza extrae el cuerpo extraño. La veta de oro cubría la grieta de una caries profunda. Diana Lucerna, inclinándose sobre la boca del enfermo, aprieta con la punta de la pinza en la grieta,y Lauro Spronzini se revuelve dolorido en el sillón. Diana Lucerna, mientras examina el diente del enfermo, piensa en qué extraño lugar estaba fijada esa veta de papel de oro.
Diana Lucerna, como otros dentistas, ha recibido ya una circular policial pidiéndole la dirección de aquellos enfermos a quienes hubiera orificado las partes superiores de la dentadura izquierda.
Diana se retira del enfermo con las manos en los bolsillos de su guardapolvo blanco, observa el pálido rostro de Lauro, y le dice:

_Hay un diente picado. Habrá que hacerle una orificación.
Lauro tiembla imperceptiblemente, pero tratando de fingir indiferencia, pregunta:

_¿Cuesta mucho platinarlo?
_NO; la diferencia es muy poca.

Mientras Diana prepara el torno, habla:

_A causa del crimen del hombre del diente de oro, nadie querrá, durante unos cuantos meses, arreglarse con oro las dentaduras.
Lauro esfuerza una sonrisa. Diana lo espía por el espejo y observa que la frente del hombre está perlada de sudor. La dentista prosigue, mientras escoge unas mechas:

_Yo creo que ese crimen es una venganza…¿Y usted?…
_Yo también. ¿Quién sino aquel que tuviera que cumplir con el deber de una venganza, podría amarrar a un hombre a una silla, amordazarlo, reprocharle, como dicen los diarios, vaya a saber qué tremendos agravios y matarlo?… .Un hombre NO mata a otro por una bagatela ni mucho menos.
Media hora después Lauro Spronzini abandona el consultorio de la dentista.
Ha dejado anotado en el libro de consultas su nombre y dirección, Diana Lucerna le dice:

_Véngase pasado mañana.

Lauro sale, Diana se queda sola en su consultorio, frío de cristales y niqueles, mirando abstraída por los visillos de una ventana las techumbres de las casas de los alrededores.Luego, bruscamente inspirada, va y busca los diarios de la mañana. Los elementales datos de filiación externa coinciden con ciertos aspectos físicos de su cliente. Los comentarios del crimen son análogos. Se trata de una venganza. Y el autor de aquella venganza debe ser él. Aquella veta de papel de oro, fijada en la grieta del diente, revela que el asesino se cubrió los dientes con una película de oro para lanzar a la policía sobre una pista falsa. Si en este mismo momento se revisara la dentadura de todos los habitantes de la ciudad, no se encontraría en los dientes de ninguno de ellos ese sospechosísimo trozo de película. No le queda duda: él es el asesino; él es el asesino y ella debe denunciarlo. Debe…

Una congoja dulce se desenrosca sobre el corazón de Diana, con tal frenesí, hambriento de protección y curiosidad, que derrota toda la fuerza estacionada en su voluntad moral.
Debe denunciar al asesino…Pero el asesino es un hombre que le gusta. Le gusta ahora con un deseo tan violentamente dirigido, que su corazón palpita con más violencia que si él tratara de asesinarla. Y se aprieta el pecho con las manos.
Diana se dirige rápidamente al libro de consultas y busca la dirección de Lauro. ¿Es o no falsa esa dirección? ¡Quiera Dios que NO!… Diana se quita precipitadamente el guardapolvo, le indica a la criada que si llegan pacientes les diga que la aguarden, y sube a su automóvil. Esto ocurre como a través de la cenicienta neblina de un sueño, y sin embargo, la ciudad está cubierta de sol hasta la altura de las cornisas.
Una impaciencia extraordinaria empuja a Diana a través de la vida diferenciada de los otros seres humanos. Sabe que va al encuentro de lo desconocido monstruoso; el automóvil entra en el sol de las bocacalles,y en la sombra de las fachadas; súbitamente se encuentra detenida frente a la entrada obscura de una casa de departamentos, sube a la garita iluminada de un ascensor de acero, una criada asoma la cabeza por una puerta gris entreabierta, y de pronto se encuentra…Está allí, de pie, frente al asesino que, en mangas de camisa, se ha puesto de pie tan bruscamente, que no ha tenido tiempo de borrar de la colcha azulenca de la cama la huella que ha dejado su cuerpo tendido.
La criada cierra la puerta tras ellos. El hombre,despeinado, mira a la fina muchacha frente a él.
Diana le examina el rostro con dureza, Lauro Spronzini comprende que ha sido descubierto; pero se siente infinitamente tranquilizado. Señala a la joven el mismo sillón en que él, la noche después de ahorcar a Doménico Salvato, se ha dejado caer, y Diana, respirando agitada, obedece.
Lauro la mira, y después , con voz dulce, le pregunta:

_¿Qué le pasa, señorita?

Ella se siente dominada por esta voz; se pone de pie para marcharse; pero no se atreve a decir lo que piensa. Lauro comprende que todo puede perderse: los desencajados ojos de la dentista revelan que al disolverse su excitación sobreviene la repulsión, y entonces dice:

_Yo soy quien mató a Doménico Salvato.Es un acto de justicia, señorita. Era el desalmado más extraordinario de quien he oído hablar. En brindis -yo soy italiano-, hace siete años, se llevó de la casa de mis padres a mi hermana mayor. Un año después la abandonó. Mi hermana vino a morir a casa completamente tuberculosa. Su agonía duró treinta días con sus noches. Y el único culpable de aquel tremendo desastre era él. Hay crimenes que NO se deben dejar sin castigo. Yo lo desmayé de un golpe, lo amarré a la silla, lo amordacé para que no pudiera pedir auxilio, y luego le relaté durante una hora la agonía que soportó mi hermana por su culpa. Quise que supiera que era castigado porque la ley no castiga ciertos crimenes.
Diana lo escucha y responde:

_Supe que era usted por las partículas de oro que quedaron adheridas en la hendidura de la caries.

Lauro prosigue:

_Supe que él había huido a la Argentina, y vine a buscarlo.
_¿No lo encontrarán a usted?
_No; si usted no me denuncia.

Diana lo mira:

_Es espantoso lo que usted ha hecho.
Lauro la irrumpió, frío:

_La agonía de él ha durado una hora. La agonía de mi hermana se prolongó las veinticuatro horas de treinta días y treinta noches. La agonía de él ha sido incomparablemente dulce comparada con la que le hizo sufrir a una pobre muchacha, cuyo único crimen fue creer en sus promesas.

Diana Lucerna comprende que el hombre tiene razón:

_¿No lo encontrarán a usted?
_Yo creo q NO…
_¿Vendrá usted a curarse mañana?
_Sí, señorita; mañana iré.

Y cuando ella sale, Lauro sabe que NO lo DENUNCIARÁ.

Roberto Arlt

Roberto Godofredo Christophersen Arlt
Hijo de un inmigrante prusiano y una italiana, nació en Buenos Aires el 2 de abril de 1900, aunque esta fecha es discutida.
Novelista, Dramaturgo, Cuentista, Periodista e Inventor. Su primera novela “El Juguete Rabioso”(1926) apareció fragmentada en la revista “Proa” fundada por el grupo literario encabezado por Jorge Luis Borges.
En esa misma época comenzó a escribir para los diarios Crítica y El Mundo, donde diariamente publicó sus célebres columnas Aguas Fuertes Porteñas. En 1935 viajó a España y África enviado por El Mundo, y desde allí compuso la serie de artículos titulada Aguas Fuertes Españolas.
Además de su creatividad como escritor, Arlt buscó constantemente hacerse rico como inventor, aunque NO tuvo éxito. Llegó a formar una sociedad con el actor Pascual Naccaratti, instalar un pequeño laboratorio químico e incluso patentar unas medidas reforzadas con caucho, aunque nunca llegaron a venderse.
Murió de un ataque al corazón, en Buenos Aires el 26 de julio de 1942

Entre sus obras memorables se llevaron al teatro: Trescientos Millones, Saverio el Cruel, El Fabricante de Fantasmas, La Isla Desierta, África, La Fiesta de Hierro.
Luego de su muerte se estrenaron adaptaciones de sus cuentos o novelas, como El Desierto Entra En La Ciudad, Prueba De Amor, El Amor Brujo, Los Siete Locos, Saverio El Cruel, La Fiesta Del Hierro, y El Jorobadito. También en cine se rodaron adaptaciones de sus obras, como Noche Horrible, El Juguete Rabioso y Pequeños Propietarios.

Beijos
Sarah 😉

I S L A S

Posted in C U E N T O S with tags on 18 julio, 2012 by Sarah S

I S L A S

_Qué maravilla Porfirio! Desde que estoy aquí, no puedo dejar de mirar esas islas. ¡Me dan vuelta, le juro que me dan vuelta la cabeza!
¡Son INCREIBLES! Vistas así, de lejos, con ese poco de bruma, parecen tortugas gigantes. ¿Lo notó?
_Bueno, no sabría decirle, nunca las vi de esa manera.
_No se preocupe, es un comentario poético. Tómelo como eso, nada más, como un comentario poÉTICO.Es algo que me sale a veces. Me nace, le juro que me nace, así, de golpe, no puedo reprimirlo. Yo debo conservar todavía mis asombros de niña. Bien dicen que los poetas son hombres que han conservado los ojos de niño/a.
¿Usted NUNCA HACE COMENTARIOS POÉTICOS? Confiese…
_Algunas veces sí, creo,no han de ser muchas.
_¡Anímese hombre! ¡La humanidad entera sueña a través de sus poetas! Anímese con la poesía, que es para todos.
No hay un alma, por simple que sea,que NO esté preparada para la poesía. Piense en el cartero de Neruda. ¿Se acuerda de aquella película?¡Tan linda! Con ese muchacho bruto que,sin haber ido a la escuela, era capaz de entender la belleza que emanaba de esos versos. Ponga un poco de imaginación, entonces, y va a ver las islas como galápagos fantásticos.Es muy triste que usted viva acá, como vive desde que nació, frente al mar , y no sea capaz de observarlas de una manera más…¿Cómo le diría? No sé si me entiende.

_Puede ser. La verdad,eso que usted dice me confunde.Desde que yo recuerdo…
_Está bien, está bien, déjelo así, no voy a INSISTIR CON EL TEMA. Me doy cuenta de que a veces hay que tener ojos de forastero para descubrir las cosas. Para el que las ve todos los días son de lo más comunes, no tienen NADA de MARAVILLOSAS. ¿Conoce el proverbio chino?: “Quien mira el cielo en el agua ve peces en los árboles”. Me parece que un poco tiene que ver con esto que le estoy diciendo. Es como una magia, ¿me comprende?. La magia no es algo que esté en las cosas, sino que uno la lleva adentro y a veces…, a veces sale para afuera.
_Por supuesto.
_Ahora ayúdeme a levantarme, Porfirio, y vamos para la casa,que nos están esperando. Además refrescó y ya tengo hambre.Me parece que lo dejé pensando. ¿O me equivoco?
_No se equivoca,no. Sí que me dejó pensando. La ayudo.
Ella acomoda las piezas de su esqueleto y completa el difícil trámite de colocarse en posición erguida. Él la asiste en la maniobra con delicadeza. Después la toma del brazo y la guía por el empinado camino de la playa hacia el edificio de tejas.
Antes de entrar vuelve la vista y alcanza a distinguir los caparazones inmensos levantándose en medio del agua. Se abren paso a través de la superficie rasgándola con dolor. Los pescuezos arrugados como rocas paleolíticas se estiran y obligan a las patas a avanzar pesadamente mar adentro, una vez más, a la caída del sol, como desde el principio de los tiempos. Al amanecer,volverán de su monstruoso paseo.
Recuerda que su madre siempre le decía que aquellas tortugas, vistas desde la playa, parecían islas. Averiguará si ESO es POESÍA.

Ema Wolf

Ema Wolf ,nació en la Provincia de Buenos Aires.
Licenciada en letras, trabajó en medios periodísticos y publicó libros de narrativa 😉

Pd: Los extraño MuuuUUUCHOOOO!
Beijos :*
Sarah

El sabio Galeno…

Posted in ARTE, C U E N T O S, Cuento SUFÍ with tags on 23 junio, 2012 by Sarah S

El sabio Galeno, viendo que un mentecato se comportaba irrespetuosamente con un erudito, comentó: —Si el erudito hubiera sido verdaderamente sabio, el asunto con el necio no habría llegado hasta este punto.

La enemistad y las peleas no surgen entre los instruidos.

Un sabio no provoca un necio.

Si un idiota, por serlo, profiere insultos.

El sabio conquistará su corazón con amabilidad.

Dos sabios custodiarán cuidadosamente un cabello, como lo haría un hombre iracundo.

Pero si en cada extremo hubiera un necio se rompería, aunque fuera una cadena.

Un hombre de mal carácter insultó a otro que lo soportó con paciencia y dijo: 

“¡Oh, ser feliz!  Soy mucho peor de lo que dices, pues, puedo ver que no conoces mis defectos tan bien como yo.”

 

Saadi Shiraz

(1184-1291), 

* De “El jardín de las rosas”, editorial Sufí, pp.163-171. Traducción de Omar Alî Sha y Carmen Liaño

Saadi Shiraz-Nacido en Shiraz, fue, desde su juventud, amante del placer y muy religioso. Estudió en Bagdad y fue iniciado en la escuela Nagshbandi de sufismo. Visitó países como China, India, Abisinia, Marruecos y Turquía. Sus principales obras son el Bustán y el Gulistán.

Como poeta  escribió una serie de relatos y poemas .

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C O N T I N U A R Á …

Buen Fin d Semana com beijos 😉

Sarah

 

 

 

 

Un Extraño Reloj (o El Reloj Transparente)

Posted in C U E N T O S, Cuentos NOVELAS, Libros, LITERATURA with tags on 2 junio, 2012 by Sarah S

Un Extraño Reloj
(o El Reloj Transparente)
Libro: “Cuentos para Espacionautas”

Emilio Breda

Cuando era niño solía jugar en la Plaza Vicente López.Era la que quedaba más cerca de mi casa. En ella había un inmenso y añoso gomero que nos acogía en nuestros juegos imaginarios de la guerra como una muy segura fortaleza.Y había también en esa plaza una suave elevación de tierra rodeada de arbustos, árboles y palmeras. La llamábamos “La Montañita”. Desde allí divisábamos toda la plaza. Era como una torre de observación, como el mangrullo de un fortín fantástico.

A mí me encantaba estar en “La Montañita”, hallé en el césped, oculto entre las pequeñas malezas (el guardián hacía días que no cortaba el césped),un reloj redondo a cuerda. Enseguida me hizo recordar al que tenía mi abuelo.
Aunque no era como éste, de plata.Era sí, redondo, de bolsillo, pero parecía de cristal. Se veía de lado a lado todo su mecanismo. Sus agujas desprendían una luz azulada. No decía “tic toc”, como los demás relojes, sino “tilin tilin”, como las campanitas. Los engranajes, en lugar de ser redondos, tenían forma de estrella.

Lo primero que pensé fue qué hacer con él. No tenía ningún nombre grabado. No tenía marca. En fin, no contaba con ningún indicio acerca de quién podría ser su dueño.

Entonces, se me ocurrió dirigirme al vigilante de la esquina para mostrarle mi hallazgo. Enseguida me dijo:
_¡Cuidado!, que puede ser una bomba.
Y yo le pregunté:

_¿Cómo puede ser una bomba si irradia una luz azulada y dice “tilin tilin” y NO “tic toc”?
_A veces nos tienden trampas _replicó el vigilante.
_¿Qué debo hacer entonces?
_Tienes que ir a la División de Explosivos para averiguar si es o NO una bomba.

Cumplí con lo que me indicó el vigilante y en ese lugar, en una oficina llena de extraños aparatos, luego de examinar minuciosamente el reloj, me dijeron:

_No te preocupes, niño, NO es una BOMBA. Es sólo un reloj inmoral. Un reloj que muestra su desnudez sin pudor y sin avergonzarse. Deberías llevarlo a un relojero para que le haga un traje de metal. No se puede andar así por la vida, mostrando impunemente el esqueleto.

Siguiendo el consejo que me dieron allí,lo llevé al relojero, y éste luego de observar detenidamente el reloj, me dijo:

_Muchacho, no te conviene arreglar este reloj,te va a salir más caro que comprar uno nuevo.¿No ves que no tiene marca? No vale nada.Tíralo y junta dinero para comprar uno de marca como el “Super Prexix”, al que no sólo no es necesario darle cuerda, sino que tiene incluidos despertador, calculadora, aspiradora, ventilador, ducha y paraguas. Y hay un modelo especial, el último, el “Ultra Super Prexix” que tiene un hornito microondas para cocinar hamburguesas y un aparato de aire acondicionado a las circunstancias.

Confieso que no me gustó nada lo que me dijo el relojero. Me dí cuenta de que él no amaba a los relojes.Amaba el prestigio de ciertos relojes. Y me recordó al farmacéutico de mi barrio, que según me contaba mi papá, había dejado de ser aquel boticario que, como un mago alquimista, preparaba la rica “Limonada Roger”,para pasar a ser un mero expendedor de laxantes y de medicamentos con nombres indescifrables aun para los mismos médicos : “NOXCOXMEX” o “TRIMTUSTINTOTAL”. Había abandonado el laboratorio de las fórmulas magistrales que le daba un cierto aire de sabio investigador de la química.

Así fue como decidí quedarme con el reloj y para no escandalizar a nadie lo guardé en una bolsita de paño que, con mucha dedicación, me había confeccionado mi mamá.

Cuando estaba por finalizar el verano noté algo extraño.
El reloj comenzó a atrasar.
Cada día atrasaba más y más.
Hasta que al fin se detuvo y la luz de sus agujas se apagó. Miré el almanaque. Era el 21 de marzo. El día en que comenzaba el otoño. Pasó todo el otoño sin funcionar y practicamente todo el invierno. Porque sólo cuando ya estaba por concluir el invierno y faltaban pocos días para llegar la primavera noté que las agujas comenzaban a encenderse lentamente. Y luego, ya encendidas en plenitud, el reloj comenzó a funcionar.
De nuevo había algo extraño.
El reloj esta vez adelantaba.
Y por varias horas .
Hasta que, por fin,llegó el 21 de septiembre y el reloj se estabilizó: marcaba puntualmente las horas, los minutos y los segundos.

Pasaron algunos veranos,otoños, inviernos y primaveras, y comprobé siempre lo mismo. El reloj, cuando estaba por acabarse el verano, retrasaba y cuando estaba por llegar la primavera adelantaba. Pero en otoño y en invierno no funcionaba. En cambio, durante la primavera y el verano funcionaba a la perfección.

Esas extrañas circunstancias me llevaron a consultar con alguien sobre CUÁLES SERÍAN LOS MOTIVOS.

Me acerqué a unos ancianos jubilados que siempre estaban sentados en un banco de la plaza y le pregunté a uno de ellos, al que tenía el rostro más dulce, al que se parecía más a mi abuelito:

_Dígame, señor,¿por qué este reloj atrasa cuando está terminando el verano y adelanta cuando está por llegar la primavera, y NO funciona ni en el otoño ni en el invierno?

El anciano me respondió:

_Hijito, no te das cuenta de que este reloj es un bohemio, un romántico, un soñador. No quiere saber de otras cosas que no sean el sol y las mariposas del verano, y las flores y las aves de la primavera. Ha perdido la memoria del otoño y del invierno. Quisiera yo poder hacer lo mismo, pero NO puedo. Soy un reloj perfecto. Tan perfecto que marca todas las horas y todos los minutos y todos los segundos de las cuatro estaciones. En cuanto a tu reloj NO lo TIRES, guárdalo como un juguete más, como un hermoso juguete, porque como reloj NO te SERVIRÁ.

Al decir esto, de inmediato tomó la palabra otro jubilado,con cara de gruñón, y un tanto molesto dijo:

_¿Guardarlo? ¡Eso sí que NO! ¡Debe destruirlo, aniquilarlo! Es un elemento de confusión. Así anda el mundo. Ese reloj sólo sirve para confundir a los niños.De ese modo NO aprenden a vivir la vida con todas sus horas, las lindas y las que no lo son. Que aprendan a sentir el amarillo del otoño y el gris del invierno. Que conozcan la lluvia y el frío.Que oigan soplar el viento. Que vean los árboles desnudos y los pájaros tiritando. Y es más, te diré, niño, si es un reloj que adelanta es un reloj revolucionario, quizás sea un reloj anarquista o un reloj subversivo. Debes deshacerte de ese reloj y no dejar rastro de él.

Al pronunciar estas palabras, el tercer jubilado, exaltado, con el rostro enardecido, y elevando su bastón con gesto amenazante, expresó:

_Sí, niño, lo tienes que ejecutar a ese reloj, pero ¿sabes por qué?
No por lo que te dice ese señor…sino porque es un reloj reaccionario, un retrógrado. ¿No te das cuenta de que atrasa?¿Para qué sirve un reloj que no marca la hora de los tiempos nuevos?

Sin decir una palabra, me alejé y quedé por unos instantes confundido. “¿Cuál de ellos tendría razón?” _me dije.

Y después pensé: “El único que debe entender y amar a este reloj es su dueño. Lo mejor será dejarlo donde lo encontré, quizás así pueda hallarlo y hacerle cumplir con su destino”.

Esperé que los niños, los globos, los perros y los jubilados se retiraran de la plaza. El sol ya se estaba alejando hacia su refugio nocturno, y entonces aprovechando la penumbra, puse el reloj en un lugar que creía era aquel donde lo había encontrado.
Luego me alejé con paso acelerado, pues se me hacía ya tarde y mamá se enojaría conmigo. Nunca había regresado a esas horas a casa.

De pronto vi una especie de bola luminosa en el cielo de la plaza, como una pequeña estrella, o más exactamente, como un pequeño cometa, porque tenía una cola que desprendía destellos azules. Se detuvo sobre “La Montañita” y un haz de luz descendió sobre ella. Enseguida vi a un niño que vestía ropas largas y blancas. Cuando se agachó para asir el reloj, me pareció verle dos alas.

Después el haz de luz ascendió con él hasta la bola luminosa y de inmediato ella se puso en movimiento y en pocos instantes se perdió en el cielo.
Todo ocurrió muy rápidamente. Pero también muy rápidamente comprendí que ese reloj NO era de un hombre. Era de un ángel. Ese reloj NO marcaba el Tiempo de la Tierra.
Venía de una región del cosmos que los adultos habían olvidado, una región del cosmos donde sólo existen la primavera y el verano.

En ese momento comprendí también que lo primero que envejece en los hombres son los ojos.

Fin

Un Extraño Reloj
(o El Reloj Transparente)
Libro: “Cuentos para Espacionautas”
Emilio Breda

Emilio Breda. Poeta, cuentista e historiador, nacido en Buenos Aires en 1945
Publicó once libros de poemas.

“En este universo en que vivimos, para lograr existir en plenitud, es necesaria la CREATIVIDAD”
Emilio Breda

Pd:Buen Fin d Semana com Beijos :*
Sarah

Ephraim Kishon

Posted in C U E N T O S, Fragmentos, FRASES, LITERATURA, Literatura Israelí with tags on 27 abril, 2012 by Sarah S

Arca de Noe
Clase Turista
Ephraim Kishon
Editorial RAICES

El Arca de Noé – Clase Turista

Ervinke NO tiene motivos para preocuparse.

No Desarmaran

EE.UU. _ ¿Y?
U.R.S.S. _ De acuerdo.
EE.UU. _ Naturalmente.
U.R.S.S. _ La dirección colectiva decretó: debemos vivir en paz los unos con los otros. De lo contrario la guerra atómica nos aniquilará a todos.
EE.UU. _ Muy acertado.
U.R.S.S. _ Entonces, desarmémonos.
EE.UU. _ DESARMÉMONOS.

/Silencio/

U.R.S.S. _¿Cuántas bombas atómicas tienen?
EE.UU. _¿Cuántas tienen ustedes?
U.R.S.S. _ Yo pregunté primero.
EE.UU. _ Hace dos años teníamos cierta cantidad.
U.R.S.S. _ ¿Y ahora?
EE.UU. _ El DOBLE.
U.R.S.S. _ ¿En cifras?
EE.UU. _ No, en PILAS.
U.R.S.S. _ Tendrán que destruirlas.
EE.UU. _ De acuerdo.

/Silencio/

EE.UU. _¿Cuántas tienen ustedes?
U.R.S.S. _ Aproximadamente tantas como ustedes.
EE.UU. _ Pero yo no dije cuántas teníamos.
U.R.S.S. _ Yo tampoco.
EE.UU. _ ¿Están dispuestos a destruirlas?
U.R.S.S. _ ¿Por qué no? Si están dispuestos ustedes.
EE.UU. _ De modo que estamos de acuerdo.
U.R.S.S. _ Naturalmente.
EE.UU. _ Perfecto.
U.R.S.S. _ Sí.
EE.UU. _ ¿Pero cómo daremos forma al acuerdo?
U.R.S.S. _ Como siempre. Firmaremos un pacto oficial comprometiéndonos a destruir nuestras bombas atómicas…
y después las destruiremos. Es sencillísimo.
EE.UU. _ ¿Todas?
U.R.S.S. _ Hasta la última migaja.
EE.UU. _¿Cuándo?
U.R.S.S. _ Cuando ustedes quieran.
EE.UU. _ ¿Los dos al mismo tiempo?
U.R.S.S. _ Aproximadamente. Ustedes nos enviarán un cable que dirá DESTRUIDAS TODAS NUESTRAS ARMAS ATÓMICAS …y
entonces destruiremos las nuestras.
EE.UU. _ ¿Y si NO las DESTRUYERAN?
U.R.S.S. _ ¿Está bromeando?

/Silencio/

EE.UU. _Está bien, digamos que ustedes también las destruyen, pero NO en su TOTALIDAD.
U.R.S.S. _¿Por qué NO en su TOTALIDAD?
EE.UU. _ No sé. Digamos que NO LAS ENCUENTRAN TODAS.
U.R.S.S. _¿Por qué?
EE.UU. _ Una podría haber rodado fuera de su lugar.
U.R.S.S. _ Eso está fuera de discusión. Están todas numeradas. No podríamos extraviar ni siquiera una.
EE.UU. _ De todos modos, supongamos que quedara una.
U.R.S.S. _ ¿Dónde está el problema? También destruiríamos ésa.
EE.UU. _ ¿Cómo sabremos que NO les queda NINGUNA?
U.R.S.S. _ Recibirán un certificado oficial firmado por el presidente.
EE.UU. _ No nos basta.
U.R.S.S. _ Si insisten, también firmará Gagarin.
EE.UU. _ No me refería a eso. Lo que quería decir es que quizá…quede una…y que a pesar de eso ustedes digan…
que…NINGUNA…
U.R.S.S. _ Disculpe, NO lo ENTIENDO.
EE.UU. _ En otras palabras, que ustedes digan…que NO queda ninguna…pero que queden algunas…
U.R.S.S. _ ¿Dónde?
EE.UU. _¿Cómo podría saberlo yo? En alguna parte. Quedarían algunas.

/Silencio/

U.R.S.S. _ Estoy empezando a entender. Usted insinúa que, eventualmente, por así decir, podríamos NO destruir todas nuestras …
EE.UU. _ Personalmente no dudo de su palabra, querido colega, pero tengo mis instrucciones. Usted debe comprender.
U.R.S.S. _ Como usted prefiera. Si no nos creen, pueden buscarlas ustedes mismos.
EE.UU. _ ¿Dónde?
U.R.S.S. _ Por todas partes.
EE.UU. _ ¿Por toodo el PAÍS?
U.R.S.S. _ Naturalmente. Usted, o algún otro, recibirá un documento que lo autorizará a registrar la Unión Soviética en busca de armas atómicas.
EE.UU. _ ¿También podremos mirar adentro de los cajones?
U.R.S.S. _ ¿Yo dije algo acerca de los cajones?

/Silencio/

EE.UU. _ ¿Y si yo -supongamos- quisiera revisar los armarios de las oficinas?
U.R.S.S. _ No guardamos esas cosas allí.
EE.UU. _ Sin embargo, podrían guardarlas en ellos.
U.R.S.S _ De acuerdo, lo dejaremos revisar también las oficinas. Pero no ponga todo patas para arriba.
EE.UU. _ Ni siquiera tocaré las carpetas. Me limitaré a meter la mano.
U.R.S.S. _Se le llenará con polvo.
EE.UU. _ Me la lavaré.
U.R.S.S. _¡Está bien! ¡Haga lo que se le dé la gana!
EE.UU. _¿Está enojado?
U.R.S.S. _No estoy enojado. Pero le repito: NO GUARDAMOS BOMBAS EN LOS ARMARIOS DE NUESTRAS OFICINAS.

/Silencio/

EE.UU. _Por favor, compréndame; yo tengo mis instrucciones. Usted también puede buscar bombas en nuestro territorio.
U.R.S.S. _¿En todas partes?
EE.UU. _ En todas partes.
U.R.S.S. _¿Incluso en la residencia presidencial?
EE.UU. _¿Por qué en la residencia presidencial?
U.R.S.S. _ ¿Por qué no?
EE.UU. _ Está resfriado.
U.R.S.S. _ Ese NO es motivo para que NO podamos registrar su casa.
EE.UU. _ Harán mucho ruido
U.R.S.S. _ Caminaremos en puntillas.
EE.UU. _ Aún así. Podrían dejar caer algo, o, Dios no lo permita, desplomarse de una escalera o algo por el estilo.
U.R.S.S. _ Alguien lo sostendrá desde abajo.
EE.UU. _ Aún así. La escalera podría romper una ventana.
U.R.S.S. _Pagaremos los daños.
EE.UU. _ ¿Quién los pagará?
U.R.S.S. _ NOSOTROS.
EE.UU. _ ¿Ustedes? Vaya, si ni siquiera pagan sus deudas de guerra.
U.R.S.S. _ Esto es distinto. Ahora pagaremos.
EE.UU. _ Cuénteselo a su abuela.
U.R.S.S. _ Oiga, si no confían para nada en nosotros, tiremos esta idea al pozo.
EE.UU. _TIRÉMOSLA.

/La tiran/

b u M M M …!

Ephraim Kishon
Efraim Kishon (en hebreo: אפרים קישון)
Nacido como Ferenc Hoffmann en Budapest, Hungría el 23 de agosto de 1924 – fallecido en Appenzell, Suiza, el 29 de enero del 2005
Escritor, Humorista Satírico, Dramaturgo y Cineasta Israelí.

“Cualquiera que sea capaz de leer mis cuentos, los cuentos que yo he escrito, con semblante tan lúgubre…¡NO es judío! ¡Te has disfrazado muy bien, muchacho, pero NO PODRÁS ENGAÑAR MI INSTINTO!
Debo presentar la denuncia a la policía: Un sujeto sospechoso está rondando por la estación y NO se divierte con mis cuentos; por favor, envíen enseguida un patrullero…”

Pd: Enjoy…
Sarah

El Caballero de la Armadura Oxidada – La Cima de la Verdad (7) *Última parte*

Posted in C U E N T O S, Cuentos NOVELAS, Libros, LITERATURA with tags , , on 15 noviembre, 2011 by Sarah S

El Caballero de la Armadura Oxidada

La Cima de la Verdad

Robert Fisher

7

Centímetro a centímetro, palmo a palmo, el caballero escaló, con los dedos ensangrentados por tener que aferrarse a las afiladas rocas.
Cuando ya casi había llegado a la cima, se encontró con un canto rodado que bloqueaba su camino.
Como siempre, había una inscripción sobre él :

AUNQUE ESTE UNIVERSO POSEO, NADA POSEO, PUES NO PUEDO CONOCER LO DESCONOCIDO SI ME AFERRO A LO CONOCIDO.

El caballero se sentía demasiado exhausto para superar el último obstáculo.
Parecía imposible descifrar la inscripción y estar colgado de la pared de la montaña al mismo tiempo, pero sabía que debía intentarlo.

Ardilla y Rebeca se sintieron tentadas de ayudarle, pero se contuvieron, pues sabían que a veces la ayuda puede debilitar a un ser humano.
El caballero inspiró profundamente, lo que le aclaró un poco la mente.
Leyó la última parte de la inscripción en voz alta: “Pues NO puedo conocer lo desconocido si me aferro a lo conocido”
El caballero reflexionó sobre algunas de las cosas “conocidas” a las que se había aferrado durante toda su vida.
Estaba su identidad _quién creía que era y que NO era_. Estaban sus creencias _aquello que él pensaba que era verdad y lo que consideraba falso_. Y estaban sus juicios_ las cosas que tenía por buenas y aquellas que consideraba malas.
El caballero observó la roca y un pensamiento terrible cruzó por su mente: también conocía la roca a la cual se aferraba para seguir con vida.
¿Quería decir la inscripción que debía soltarse y dejarse caer al abismo de lo desconocido?
_Lo has tomado, caballero _dijo Sam_tienes que soltarte.
¿Qué intentas hacer, matarnos a los dos? _gritó el caballero.
_De hecho, ya estamos muriendo ahora mismo _dijo Sam_.
Mírate.
Estás tan delgado que podrías deslizarte por debajo de una puerta, y estás lleno de estrés y miedo.

_No estoy tan asustado como antes _dijo el caballero.
_En ese caso, déjate ir y confía _dijo Sam.
¿Que confie en quién? _replicó el caballero enfadado.Estaba harto de la filosofía de Sam.
_No es un quién sino un qué!
_¿Un qué? preguntó el caballero.
_Sí _dijo Sam_. La vida, la fuerza, el universo, como quieras llamarlo.
El caballero miró por encima de su hombro y vio el abismo aparentemente infinito que había debajo de él.
_Déjate ir _le susurró Sam con urgencia.
El caballero no parecía tener alternativa.
Perdía fuerza con cada segundo que pasaba y la sangre brotaba de sus dedos allí donde se aferraban a la roca.
Pensando que moriría, se dejó ir y se precipitó al abismo, a la profundidad infinita de sus recuerdos.
Recordó todas las cosas de su vida de las que había culpado a su madre, a su padre, a sus profesores, a su mujer, a su hijo, a sus amigos y a todos los demás.
A medida que caía en el vacío, fue desprendiéndose de todos los juicios que había hecho contra ellos.
Fue cayendo cada vez más rápidamente, vertiginosamente, mientras su mente descendía hacia su corazón.

Luego, por primera vez en su vida, contempló su vida con claridad, sin juzgar y sin excusarse.
En ese instante, aceptó toda la responsabilidad por su vida, por la influencia que la gente tenía sobre ella, y por los acontecimientos que le habían dado forma.
A partir de ese momento, fuera de sí mismo,nunca más culparía a nada ni a nadie de todos los errores y desgracias.
El reconocimiento de que él era la causa, NO el efecto, le dio una nueva sensación de poder. Ya NO tenía MIEDO.
Le sobrevino una desconocida sensación de calma y algo muy extraño le sucedió: ¡empezó a caer hacia arriba! ¡Sí, parecía IMPOSIBLE, pero caía hacia arriba, surgiendo del abismo!
Al mismo tiempo, se seguía sintiendo conectado con lo más profundo de él, con el centro de la tierra.
Continuó cayendo hacia arriba, sabiendo que estaba unido al cielo y a la tierra.
Repentinamente, dejó de caer y se encontró de pie en la cima de la montaña y comprendió el significado de la inscripción de la roca.
Había soltado todo aquello que había temido y todo aquello que había sabido y poseído.
Su voluntad de abarcar lo desconocido le había liberado.
Ahora el UNIVERSO era SUYO, para ser experimentado y disfrutado.

El caballero permaneció en la cima, respirando profundamente y le sobrevino una grata sensación de bienestar.
Se sintió mareado por el encantamiento de ver, oír y sentir el universo que le rodeaba.
Antes, el temor a lo desconocido había entumecido sus sentidos, pero ahora podía experimentar todo con una claridad sorprendente.
La calidez del sol del atardecer, la melodía de la suave brisa de la montaña y la belleza de las formas y colores de la naturaleza que pintaban el paisaje, causaron un placer indescriptible al caballero.
Su corazón rebozaba de amor: por sí mismo, por Julieta y Cristóbal, por Merlín, por Ardilla y por Rebeca, por la vida y por todo el maravilloso mundo.
Rebeca y Ardilla observaron al caballero ponerse de rodillas, con lágrimas de gratitud surgiendo de sus ojos.
“Casi muero por todas las lágrimas que NO derramé”, pensó.
Las lágrimas resbalaban por sus mejillas, por su barba y por su peto.
Como provenían de su corazón, estaban extraordinariamente calientes, de manera que NO tardaron en derretir lo que le quedaba de su ARMADURA.
El caballero lloraba de alegría.
No volvería a ponerse la armadura y cabalgar en todas las direcciones NUNCA MÁS.
Nunca más vería la gente el brillante reflejo del acero, pensando que el sol estaba saliendo por el norte o poniéndose por el este.

Sonrió a través de sus lágrimas, ajeno a que una nueva y radiante luz irradiaba de él; una luz mucho más brillante y hermosa que la de su pulida armadura, una luz destellante como un arroyo, resplandeciente como la Luna, deslumbrante como el Sol.
Porque ahora el Caballero era el Arroyo.
Era la Luna.
Era el Sol.
Podía ser todas estas cosas a la vez, y más, porque era UNO con el UNIVERSO.
Era AMOR.

1_________El Dilema del Caballero
2_________En los Bosques de Merlín
3_________El Sendero de la Verdad
4_________El Castillo del Silencio
5_________El Castillo del Conocimiento
6_________El Castillo de la Voluntad y la Osadía
7_________La Cima de la Verdad

“La vida es básicamente buena y también lo son los humanos.
Si necesitás que te recuerden esto, lee “El Caballero de la Armadura Oxidada”
Si necesitás que te recuerden la importancia de amarte a ti mismo, POR FAVOR lee El Caballero de la Armadura Oxidada.
Cuando hayas llegado a la última página sabrás que la vida es buena, que eres AMOR, que eres MARAVILLOSO; y que TODO está BIEN”
Terry Linn Taylor
(Autora de Los Angeles como Mensajeros)

Pd: Elegí este libro porque fue uno de los primeros que me regaló mi papá y amé totalmente el contenido d sus páginas… 😉
Pd2: Ojalá lo hayan disfrutado tanto como yop 🙂
Muitos Beijinhos
Sarah