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La Apuesta…

Posted in Cuentos NOVELAS with tags on 18 mayo, 2013 by Sarah S

La Apuesta…

Hace mucho tiempo ya, en un momento cualquiera, en un lugar cualquiera, dos grandes amigos se encontraron. No se puede decir con exactitud cuándo ni dónde, ya que todavía NO existían tiempos ni lugares . No había relojes que supieran limitar las horas ni planetas que pudieran establecer los sitios.
Eran sólo ellos dos y un inmenso e ilimitado universo como escenario.
Si bien es cierto que eran muy amigos (se conocían desde el principio, cualquiera que haya sido), estaban claramente diferenciados por cuestiones …digamos políticas, aunque era mucho más que eso, pero alcanzará para entender.Los hombres siempre quieren darle nombre a todo, se sienten más seguros así , piensan que eliminan la nada si le dan un nombre, piensan que pueden dominar a partir de su nombre, creen que MANEJANDO el NOMBRE MANEJAN la COSA. Es por eso que le dan NOMBRES a TODO, hasta los sentimientos tienen uno, y aunque NO pueden explicarse, el hombre está más tranquilo si puede manejar su nombre, creyendo que el sentimiento aparece y desaparece junto con el nombre.
En fin, nuestros dos amigos en cuestión tenían diferentes formas de vida y que así se entienda. Uno estaba más relacionado con el orden, la tranquilidad , el equilibrio, la armonía; mientras que el otro era más desequilibrado, más impulsivo, más arriesgado , más pasional. Ninguno era superior al otro, eran AMIGOS y entre AMIGOS NO hay SUPERIORES. A ellos NO les importaba quién era el mejor ni el primero, ya que de todas formas, aunque hubieran querido saberlo, nadie podría habérselos explicado.
Muchas veces se habían tratado de explicar cómo había comenzado todo, se juntaban y cada uno exponía la teoría que había elaborado, pero nunca era más que una simple charla de café (ese nombre le daría el HOMBRE a estas charlas).
Después de pasar mucho tiempo (que jamás podrá ser establecido, aunque a ellos NO les importaría hacerlo), se fueron cansando de tanta NADA.
Las charlas se habían vuelto más monótonas , rozando la rutina , pero sé que para muchos hablar de rutina en estos seres merecería algo menos que la hoguera. Tal vez fue esto lo que hizo que en algún momento a uno de ellos , no sé a cuál, (y en el fondo es irrelevante)se le ocurriera hacer una APUESTA, una APUESTA entre AMIGOS,sin más objetivos que la simple DIVERSIÓN.
Una apuesta NO para encontrar GANADORES , sino para que la NADA se POBLARA de ALGO que los alejara de ese montón de pensamientos que atosigaba sus mentes todo el tiempo. Para distraerse, para alejarse de la rutina, para entretenerse con algo que NO fuera ELLOS MISMOS.
La apuesta era simple: debían crear entre los dos un mundo, un lugar cualquiera que se les ocurriera y poblarlo de seres y cosas. Algo así como un laboratorio de ratas, para probar con ellas y divertirse, para ver sus reacciones y sus decisiones dependiendo de las situaciones que, a su antojo, ambos les plantearan. Ganaría el que mayor influencia causara en este mundo creado, aquel que más impusiera su forma de vida entre esas ratas de laboratorio.
No fue simple, debieron crear un espacio y un tiempo limitado, finito; deberían abstraerse de sus propias vidas e inventar nuevas reglas para sus criaturas.
Debieron darles al mundo medianamente entendible y aceptable para que sus cortas vidas no se debatieran entre sombras con preguntas que nunca encontrarían solución.
Crearon días y años,y estrellas para que los indicaran. Les dieron necesidades a sus criaturas para que pasen sus vidas tratando de satisfacerlas y les dejaron la libertad para elegir cómo. Pero a pesar de esa posibilidad de elección fueron marcando pautas para el camino a recorrer, creando paradigmas invisibles y evitando los fantasmas en las cosas más simples.Todo esto para poder evaluar cuál era la forma de vida que con el tiempo fuera a imponerse. Es evidente entonces que la libertad dada a sus ratas NO era más que ficticia, era una ilusión para que crean que comprenden. Ellos marcaron un camino inevitable, y las ratas podían recorrer el camino como quisieran, pero debían recorrer ESE CAMINO y NO OTRO. Incluso fueron dotadas de libertad de pensamiento, pero igualmente ficticio,ya que era una capacidad muy limitada, para que crean que comprenden, pero era sólo lo que ellos les dejaban comprender, las cosas simples, las cosas obvias, las cosas necesarias y NO más que eso.
Se divirtieron mucho viendo que llamaban locas a las que realmente entendían más allá de las limitaciones de los demás, a los que comprendían realmente algo del mundo. Vieron como las encerraban y les dio miedo su creación. Se preguntaban cómo era posible que marginaran a los más sabios, a los que tenían los ojos más abiertos. ¿cómo es tan ciega esa rata que encierra al que puede ver? se preguntaban el uno al otro, pero ambos negaban responsabilidades y terminaban por evitar el asunto. Vieron cómo se asesinaban unas a otras por discusiones de tierras y se sorprendieron de la malicia de sus ratas. Ellos no entendían por qué inventaban territorios si ellos crearon sólo UNO para TODAS, sin necesidad de distribuirlo, porque en él entraban toodas muy bien.Vieron como el más fuerte pisoteaba al más débil para cumplir su objetivo y sintieron asco de lo que habían creado.
Cuando notaron que la rata creaba dioses perfectos y que los amaban sintieron curiosidad y algo de vanidad al verse engrandecidos por sus pequeños seres. Pero fue el espanto lo que los conmovió cuando vieron que se hacían guerras por esos dioses , que en nombre de esos dioses (que vale decir que nunca fueron ellos) se mataban pueblos enteros. ¿En nombre de un dios perfecto y benévolo, creador de todas las cosas se destruyen? se preguntaban y trataban de entender cuál había sido el error de su simple juego.
Entendieron que con su apuesta habían creado ratas para sufrir, aunque ese NO hubiera sido el propósito.Entendieron que la rata NO sirve para ser feliz, que se siente más cómoda cuando es infeliz y puede culpar a alguien de esa infelicidad. Muchas ratas los culpaban a ellos (o mejor dicho a él, porque entendieron que uno era bueno y el otro NO, que el BIEN era causa de uno y el MAL del otro), pero ellos se sabían NO perfectos, sabían que la perfección es una idea utópica, inalcanzable hasta por ellos mismos.
Pero a pesar de NO ser enteramente benévolos como sus criaturas los imaginaban, el mal que padecían los conmovía, los hacía sufrir. Se podría decir que se habían encariñado con sus pequeños seres,un sentimiento semejante al que se tiene por una mascota. Veían su sufrimiento reflejado en su eternidad, veían el sin sentido de las cosas a las que antes ni se lo hubieran buscado. Vieron que a pesar de su papel de creadores NADA podían hacer para MEJORAR al INVENTO, nada podían hacer para que su felicidad fuera más simple, más fácil de conseguir. Y sufrían, sufrían por la impotencia de su quietud, sufrían por la insuficiencia de sus actos. Morían todos los días al ver morir ratas inocentes, y al ver hacerse poderosas a ratas miserables, que de todas maneras , ellos mismos habían creado. Sufrían cuando sus ratas pensaban que había algo más allá de sus vidas, cuando inventaban paraísos que sus dioses NO podían darles, que NO sabían cómo DARLES.¿ Cómo explicarles que son una simple apuesta, sólo un trozo de diversión en la inmensidad de la nada? se preguntaban en silencio sin compartir con el otro la pregunta que flotaba en el espacio.
Decidieron, con el dolor de sus almas, terminar el sufrimiento de sus pequeñas ratas . Prefirieron que perezcan y no que continúen con sus vidas de dolor. Pero al llegar el momento , ninguno pudo realizar la tarea final.
Su obra los superó, los hizo pequeños ante tanto espanto. No podían sacrificarlos si nunca habían pedido nacer, si ellos estaban sólo porque un capricho infantil los trajo de la nada. Fue en ese momento que entendieron que el dolor de sus ratas sería suyo para siempre, que debían existir con eso porque era su responsabilidad, eran sus mascotas, sus inventos. A partir de ese instante y para siempre, dejaron de saber lo que era la felicidad y comenzaron a ser parte de la imperfección de su obra. Sabían que su eternidad no sería jamás la de antes; que su eternidad, desde ahora, sería su condena.

Leno
(seudónimo dl cuentista)

Pd: Un Bso
Sarah

La Pista de los Dientes de Oro

Posted in C U E N T O S, Cuentos NOVELAS, Cuentos Policiales with tags on 18 septiembre, 2012 by Sarah S

La Pista de los Dientes de Oro
Roberto Arlt

Lauro Spronzini se detiene frente al espejo. Con los dedos de la mano izquierda mantiene levantado el labio superior, dejando al descubierto dos dientes de oro. Entonces ejecuta la acción extraña; introduce en la boca los dedos pulgar e índice de la mano derecha, aprieta la superficie de los dientes metálicos y retira una película de oro. Y su dentadura aparece nuevamente natural. Entre sus dedos ha quedado la auténtica envoltura de los falsos dientes de oro.

Lauro se deja caer en un sillón situado al costado de su cama y prensa maquinalmente entre los dedos la película de oro, que utilizó para hacer que sus dientes aparecieran como de ese metal.
Esto ocurre a las once de la noche.
A las once y cuarto, en otro paraje, el Hotel Planeta, Ernesto, el botones, golpea con los nudillos de los dedos en el cuarto número 1, ocupado por Doménico Salvato.Ernesto ha visto entrar al señor Doménico en compañía de un hombre con los dientes de oro.
Ernesto abre la puerta y cae desmayado.
A las once y media, un grupo de funcionarios y de curiosos se codean en el pasillo del hotel, donde estallan los fogonazos de magnesio de los repórters policiales.Frente a la puerta del cuarto número 1 está de guardia el agente número 1539.El agente número 1539, con las manos apoyadas en el cinturón de su corregie, abre la puerta respetuosamente cada vez que llega un alto funcionario. En esta circunstancia todos los curiosos estiran el cuello; por la rendija de la puerta se ve una silla suspendida en los aires, y más abajo de los tramos de la silla cuelgan los pies de un hombre.
En el interior del cuarto un fotógrafo policial registra con su máquina esta escena: un hombre sentado en una silla, amarrado a ella por ligaduras blancas, cuelga de los aires sostenido por el cuello de una sábana arrollada. El ahorcado tiene una mordaza en torno a la boca. La cama del muerto está deshecha. El asesino ha recogido de allí las sábanas con que ha sujetado a la víctima.

Hugo Ankerman, camarero de interior; Hermán González, portero, y Ernesto Loggi, botones, coinciden en sus declaraciones.
Doménico Salvato ha llegado dos veces al hotel en compañía de un hombre con los dientes de oro y anteojos amarillos.
A las doce y media de la noche los redactores de guardia en los periódicos escriben titulares así:
El enigma del bárbaro crimen del diente de oro.
Son las diez de la mañana.
El asesino Lauro Spronzini, sentado en un sillón de mimbre de un café del boulevard, lee los periódicos frente a su vaso de cerveza.
Pero ni Hugo ni Hermán ni Ernesto, podrían reconocer en este pálido rostro pensativo, sin lentes ni dientes de oro, al verdugo que ha ejecutado a Doménico Salvato.
En el fondo de la atmósfera luminosa que se filtra bajo el toldo de rayas amarillas, Lauro Spronzini tiene la apariencia de un empleado de comercio en vacaciones.
Lauro Spronzini deja de leer los periódicos y sonríe, abstraído, mirando al vacío. Una muchacha que pasa detiene los ojos en él.
Nuestro asesino ha sonreído con dulzura. Y es que piensa en los trances dificultosos por los que pasarán numerosos ciudadanos en cuya boca hay engastados dos dientes de oro.
No se equivoca.
A esa misma hora, hombres de diferente condición social, pululaban por las intrincadas galerías del Departamento de Policía, en busca de la oficina donde testimoniar su inocencia.
Lo hacen por su propia tranquilidad.
Un barbudo de nariz de trompeta y calva brillante, sentado frente a una mesa desteñida, cubierta de papelotes y melladuras de cortaplumas, recibe las declaraciones de estos timoratos, cuyas primeras palabras son:

_Yo he venido a declarar que a pesar de tener dos dientes de oro, NO tengo NADA q ver con el CRIMEN.

El calvo recibe las declaraciones con indiferencia. Sabe que ninguno de los que se presentan son los posibles autores del retorcido delito.Sigue la rutina de las indagaciones elementales, pregunta y anota:

_Entre nueve y once de la noche , ¿dónde se encontraba usted?¿quiénes son las personas que le han visto en el lugar?

Algunos se averguenzan de tener que declarar que a esas horas hacían acto de presencia en lugares poco recomendables para personas de aspecto tan distinguido como el que ellas presentaban.
En las declaraciones se descubrían singularidades. Un ciudadano confirmó haber frecuentado a esas horas un garito cuya existencia había escapado al control de la policía. Demetrio Rubati de “profesión” LADRÓN, con dos dientes de oro en el maxilar izquierdo, después de arduas cavilaciones, se presenta a declarar que aquella noche ha cometido un robo en un establecimiento de telas. Efectivamente tal robo fue registrado. Rubati inteligentemente comprende que es preferible ser apresado como ladrón a caer bajo la acción de la ley por sospechoso de un crimen que NO ha COMETIDO. QUEDA DETENIDO.
También se presenta una señora inmensamente gorda, con dos dientes de oro, para declarar que ella NO es autora del crimen.
El barbudo interrogador se queda mirándola, sorprendido. Nunca imaginó que la estupidez humana pudiera alcanzar proporciones inusitadas.

Los ciudadanos que tienen dientes de oro se sienten molestos en los lugares públicos. Durante las primeras horas que siguen al día del crimen, todo aquél que en un café, en una oficina, en el tranvía o en la calle, muestre al conversar dientes de oro, es observado con atenta curiosidad por todas las personas que le rodean.Los hombres que tienen dientes de oro se sienten sospechosos del crimen; les tranquiliza la soterrada {…}* de los que los tratan. Son raros en esos días aquellos que por tener dos dientes de oro engarzados en la boca, no se sientan culpables de algo.

En tanto la policía trabaja. Se pide a todos los dentistas de la capital las direcciones de las personas que han asistido de enfermedades de la dentadura que exigían la completa ubicación de dos o más dientes en el orificio superior izquierdo.
Los diarios solicitan, también, la presentación a la policía de aquellas personas que pudieran aclarar algo respecto a este crimen de características tan singulares.
Las hipótesis del crimen pueden reducirse en pocas palabras y son semejantes en todos los periódicos.
Doménico Salvato ha entrado en su cuarto en compañía del asesino. Ha conversado en éste, no ha reñido, al menos en tono suficientemente alto como que para no se le pudiera escuchar.
Después el desconocido ha descargado un puñetazo en la mandíbula de Salvato, y éste ha caído desmayado, circunstancia que el asesino aprovechó para sujetarlo a la silla con las cuerdas hechas desgarrando las sábanas. Luego amordaza a su víctima. Cuando recobra el sentido, se ve obligado a escuchar a su agresor, quien después de reprocharle NO se sabe qué, ha procedido a ahorcarlo.
El móvil, no queda ninguna duda, ha sido satisfacer un exacerbado sentimiento de odio y venganza. El muerto es de nacionalidad italiana.

La primera plana de los diarios reproduce el cuarto del hotel en el espantoso desorden que lo ha encontrado la policía. El respaldar de la silla apoyado sobre la tabla de una puerta; el ahorcado colgado en el aire por el cuello, y la sábana anudada en dos partes, amarrada al picaporte de la puerta. Es el crimen bárbaro que ansía la mentalidad de los sectores de dramones espeluznantes.
La policía tiende sus redes; se aguardan los informes de los dentistas, se confirman los prontuarios recientes de todos los inmigrantes, para descubrir quiénes son los ciudadanos de nacionalidad italiana que tienen dos dientes de oro en el maxilar superior izquierdo.Durante quince días todos los periódicos consignan la marcha de la investigación. Al mes, el recuerdo de este suceso se OLVIDA; al cabo de nueve semanas son raros aquellos que detienen su atención en el recuerdo del crimen; un año después, el asunto pasa a los archivos de la policía…El asesino NO es DESCUBIERTO NUNCA.
Sin embargo, una persona pudo haber hecho encarcelar a Lauro Spronzini.
Era Diana Lucerna. Pero ella NO lo hizo.
A las tres de la tarde del día que todos los diarios comentan su crimen, Lauro Spronzini experimenta una ligera comezón ardorosa en la muela. Una hora después, como si algún demonio accionara el mecanismo nervioso del diente, la comezón ardorosa acrecienta su temperatura. Se transforma en un clavo de fuego que atraviesa la mandíbula del hombre, eyaculando en su tuétano borbotones de fuego.Lauro experimenta la sensación de que le aproximan a la mejilla una plancha de hierro candente. Tiene que morderse los labios para no gritar; lentamente, en su mandíbula el clavo de fuego se enfría, le permite suspirar con alivio, pero súbitamente la sensación quemante se convierte en una espiga de hielo que le solidifica las encías y los nervios injertados en la pulpa del diente, al endurecerse bajo la acción del frío tremendo,aumentan de volumen. Parece como si bajo la presión de su crecimiento el hueso del maxilar pudiera estallar como un shrapnell. Son dos dolores fulgurantes, por momentos relámpagos de fosforescencias pasan por sus ojos.

Lauro comprende que ya no puede continuar soportando este martilleo de hielo y fuego que alterna los tremendos mazazos en la mínima superficie de un diente escondido allá en el fondo de su boca. Es necesario visitar a un odontólogo.
Instintivamente, no sabe por qué razón, resuelve consultar a una mujer, a una dentista, en lugar de un profesional del sexo masculino.Busca en la guía del teléfono.
Una hora después Diana Lucerna se inclina sobre la boca abierta del enfermo y observa con el espejuelo la dentadura.Indudablemente, al paciente debe aquejarle una neuralgia, porque no descubre en los molares ninguna picadura. Sin embargo, de pronto, algo en el fondo de la boca le llama la atención. Allí, en la parte interna de la corona de un diente, ve reflejada en el espejo una veta de papel de oro, semejante al que usan los doradores. Con la pinza extrae el cuerpo extraño. La veta de oro cubría la grieta de una caries profunda. Diana Lucerna, inclinándose sobre la boca del enfermo, aprieta con la punta de la pinza en la grieta,y Lauro Spronzini se revuelve dolorido en el sillón. Diana Lucerna, mientras examina el diente del enfermo, piensa en qué extraño lugar estaba fijada esa veta de papel de oro.
Diana Lucerna, como otros dentistas, ha recibido ya una circular policial pidiéndole la dirección de aquellos enfermos a quienes hubiera orificado las partes superiores de la dentadura izquierda.
Diana se retira del enfermo con las manos en los bolsillos de su guardapolvo blanco, observa el pálido rostro de Lauro, y le dice:

_Hay un diente picado. Habrá que hacerle una orificación.
Lauro tiembla imperceptiblemente, pero tratando de fingir indiferencia, pregunta:

_¿Cuesta mucho platinarlo?
_NO; la diferencia es muy poca.

Mientras Diana prepara el torno, habla:

_A causa del crimen del hombre del diente de oro, nadie querrá, durante unos cuantos meses, arreglarse con oro las dentaduras.
Lauro esfuerza una sonrisa. Diana lo espía por el espejo y observa que la frente del hombre está perlada de sudor. La dentista prosigue, mientras escoge unas mechas:

_Yo creo que ese crimen es una venganza…¿Y usted?…
_Yo también. ¿Quién sino aquel que tuviera que cumplir con el deber de una venganza, podría amarrar a un hombre a una silla, amordazarlo, reprocharle, como dicen los diarios, vaya a saber qué tremendos agravios y matarlo?… .Un hombre NO mata a otro por una bagatela ni mucho menos.
Media hora después Lauro Spronzini abandona el consultorio de la dentista.
Ha dejado anotado en el libro de consultas su nombre y dirección, Diana Lucerna le dice:

_Véngase pasado mañana.

Lauro sale, Diana se queda sola en su consultorio, frío de cristales y niqueles, mirando abstraída por los visillos de una ventana las techumbres de las casas de los alrededores.Luego, bruscamente inspirada, va y busca los diarios de la mañana. Los elementales datos de filiación externa coinciden con ciertos aspectos físicos de su cliente. Los comentarios del crimen son análogos. Se trata de una venganza. Y el autor de aquella venganza debe ser él. Aquella veta de papel de oro, fijada en la grieta del diente, revela que el asesino se cubrió los dientes con una película de oro para lanzar a la policía sobre una pista falsa. Si en este mismo momento se revisara la dentadura de todos los habitantes de la ciudad, no se encontraría en los dientes de ninguno de ellos ese sospechosísimo trozo de película. No le queda duda: él es el asesino; él es el asesino y ella debe denunciarlo. Debe…

Una congoja dulce se desenrosca sobre el corazón de Diana, con tal frenesí, hambriento de protección y curiosidad, que derrota toda la fuerza estacionada en su voluntad moral.
Debe denunciar al asesino…Pero el asesino es un hombre que le gusta. Le gusta ahora con un deseo tan violentamente dirigido, que su corazón palpita con más violencia que si él tratara de asesinarla. Y se aprieta el pecho con las manos.
Diana se dirige rápidamente al libro de consultas y busca la dirección de Lauro. ¿Es o no falsa esa dirección? ¡Quiera Dios que NO!… Diana se quita precipitadamente el guardapolvo, le indica a la criada que si llegan pacientes les diga que la aguarden, y sube a su automóvil. Esto ocurre como a través de la cenicienta neblina de un sueño, y sin embargo, la ciudad está cubierta de sol hasta la altura de las cornisas.
Una impaciencia extraordinaria empuja a Diana a través de la vida diferenciada de los otros seres humanos. Sabe que va al encuentro de lo desconocido monstruoso; el automóvil entra en el sol de las bocacalles,y en la sombra de las fachadas; súbitamente se encuentra detenida frente a la entrada obscura de una casa de departamentos, sube a la garita iluminada de un ascensor de acero, una criada asoma la cabeza por una puerta gris entreabierta, y de pronto se encuentra…Está allí, de pie, frente al asesino que, en mangas de camisa, se ha puesto de pie tan bruscamente, que no ha tenido tiempo de borrar de la colcha azulenca de la cama la huella que ha dejado su cuerpo tendido.
La criada cierra la puerta tras ellos. El hombre,despeinado, mira a la fina muchacha frente a él.
Diana le examina el rostro con dureza, Lauro Spronzini comprende que ha sido descubierto; pero se siente infinitamente tranquilizado. Señala a la joven el mismo sillón en que él, la noche después de ahorcar a Doménico Salvato, se ha dejado caer, y Diana, respirando agitada, obedece.
Lauro la mira, y después , con voz dulce, le pregunta:

_¿Qué le pasa, señorita?

Ella se siente dominada por esta voz; se pone de pie para marcharse; pero no se atreve a decir lo que piensa. Lauro comprende que todo puede perderse: los desencajados ojos de la dentista revelan que al disolverse su excitación sobreviene la repulsión, y entonces dice:

_Yo soy quien mató a Doménico Salvato.Es un acto de justicia, señorita. Era el desalmado más extraordinario de quien he oído hablar. En brindis -yo soy italiano-, hace siete años, se llevó de la casa de mis padres a mi hermana mayor. Un año después la abandonó. Mi hermana vino a morir a casa completamente tuberculosa. Su agonía duró treinta días con sus noches. Y el único culpable de aquel tremendo desastre era él. Hay crimenes que NO se deben dejar sin castigo. Yo lo desmayé de un golpe, lo amarré a la silla, lo amordacé para que no pudiera pedir auxilio, y luego le relaté durante una hora la agonía que soportó mi hermana por su culpa. Quise que supiera que era castigado porque la ley no castiga ciertos crimenes.
Diana lo escucha y responde:

_Supe que era usted por las partículas de oro que quedaron adheridas en la hendidura de la caries.

Lauro prosigue:

_Supe que él había huido a la Argentina, y vine a buscarlo.
_¿No lo encontrarán a usted?
_No; si usted no me denuncia.

Diana lo mira:

_Es espantoso lo que usted ha hecho.
Lauro la irrumpió, frío:

_La agonía de él ha durado una hora. La agonía de mi hermana se prolongó las veinticuatro horas de treinta días y treinta noches. La agonía de él ha sido incomparablemente dulce comparada con la que le hizo sufrir a una pobre muchacha, cuyo único crimen fue creer en sus promesas.

Diana Lucerna comprende que el hombre tiene razón:

_¿No lo encontrarán a usted?
_Yo creo q NO…
_¿Vendrá usted a curarse mañana?
_Sí, señorita; mañana iré.

Y cuando ella sale, Lauro sabe que NO lo DENUNCIARÁ.

Roberto Arlt

Roberto Godofredo Christophersen Arlt
Hijo de un inmigrante prusiano y una italiana, nació en Buenos Aires el 2 de abril de 1900, aunque esta fecha es discutida.
Novelista, Dramaturgo, Cuentista, Periodista e Inventor. Su primera novela “El Juguete Rabioso”(1926) apareció fragmentada en la revista “Proa” fundada por el grupo literario encabezado por Jorge Luis Borges.
En esa misma época comenzó a escribir para los diarios Crítica y El Mundo, donde diariamente publicó sus célebres columnas Aguas Fuertes Porteñas. En 1935 viajó a España y África enviado por El Mundo, y desde allí compuso la serie de artículos titulada Aguas Fuertes Españolas.
Además de su creatividad como escritor, Arlt buscó constantemente hacerse rico como inventor, aunque NO tuvo éxito. Llegó a formar una sociedad con el actor Pascual Naccaratti, instalar un pequeño laboratorio químico e incluso patentar unas medidas reforzadas con caucho, aunque nunca llegaron a venderse.
Murió de un ataque al corazón, en Buenos Aires el 26 de julio de 1942

Entre sus obras memorables se llevaron al teatro: Trescientos Millones, Saverio el Cruel, El Fabricante de Fantasmas, La Isla Desierta, África, La Fiesta de Hierro.
Luego de su muerte se estrenaron adaptaciones de sus cuentos o novelas, como El Desierto Entra En La Ciudad, Prueba De Amor, El Amor Brujo, Los Siete Locos, Saverio El Cruel, La Fiesta Del Hierro, y El Jorobadito. También en cine se rodaron adaptaciones de sus obras, como Noche Horrible, El Juguete Rabioso y Pequeños Propietarios.

Beijos
Sarah 😉

Un Extraño Reloj (o El Reloj Transparente)

Posted in C U E N T O S, Cuentos NOVELAS, Libros, LITERATURA with tags on 2 junio, 2012 by Sarah S

Un Extraño Reloj
(o El Reloj Transparente)
Libro: “Cuentos para Espacionautas”

Emilio Breda

Cuando era niño solía jugar en la Plaza Vicente López.Era la que quedaba más cerca de mi casa. En ella había un inmenso y añoso gomero que nos acogía en nuestros juegos imaginarios de la guerra como una muy segura fortaleza.Y había también en esa plaza una suave elevación de tierra rodeada de arbustos, árboles y palmeras. La llamábamos “La Montañita”. Desde allí divisábamos toda la plaza. Era como una torre de observación, como el mangrullo de un fortín fantástico.

A mí me encantaba estar en “La Montañita”, hallé en el césped, oculto entre las pequeñas malezas (el guardián hacía días que no cortaba el césped),un reloj redondo a cuerda. Enseguida me hizo recordar al que tenía mi abuelo.
Aunque no era como éste, de plata.Era sí, redondo, de bolsillo, pero parecía de cristal. Se veía de lado a lado todo su mecanismo. Sus agujas desprendían una luz azulada. No decía “tic toc”, como los demás relojes, sino “tilin tilin”, como las campanitas. Los engranajes, en lugar de ser redondos, tenían forma de estrella.

Lo primero que pensé fue qué hacer con él. No tenía ningún nombre grabado. No tenía marca. En fin, no contaba con ningún indicio acerca de quién podría ser su dueño.

Entonces, se me ocurrió dirigirme al vigilante de la esquina para mostrarle mi hallazgo. Enseguida me dijo:
_¡Cuidado!, que puede ser una bomba.
Y yo le pregunté:

_¿Cómo puede ser una bomba si irradia una luz azulada y dice “tilin tilin” y NO “tic toc”?
_A veces nos tienden trampas _replicó el vigilante.
_¿Qué debo hacer entonces?
_Tienes que ir a la División de Explosivos para averiguar si es o NO una bomba.

Cumplí con lo que me indicó el vigilante y en ese lugar, en una oficina llena de extraños aparatos, luego de examinar minuciosamente el reloj, me dijeron:

_No te preocupes, niño, NO es una BOMBA. Es sólo un reloj inmoral. Un reloj que muestra su desnudez sin pudor y sin avergonzarse. Deberías llevarlo a un relojero para que le haga un traje de metal. No se puede andar así por la vida, mostrando impunemente el esqueleto.

Siguiendo el consejo que me dieron allí,lo llevé al relojero, y éste luego de observar detenidamente el reloj, me dijo:

_Muchacho, no te conviene arreglar este reloj,te va a salir más caro que comprar uno nuevo.¿No ves que no tiene marca? No vale nada.Tíralo y junta dinero para comprar uno de marca como el “Super Prexix”, al que no sólo no es necesario darle cuerda, sino que tiene incluidos despertador, calculadora, aspiradora, ventilador, ducha y paraguas. Y hay un modelo especial, el último, el “Ultra Super Prexix” que tiene un hornito microondas para cocinar hamburguesas y un aparato de aire acondicionado a las circunstancias.

Confieso que no me gustó nada lo que me dijo el relojero. Me dí cuenta de que él no amaba a los relojes.Amaba el prestigio de ciertos relojes. Y me recordó al farmacéutico de mi barrio, que según me contaba mi papá, había dejado de ser aquel boticario que, como un mago alquimista, preparaba la rica “Limonada Roger”,para pasar a ser un mero expendedor de laxantes y de medicamentos con nombres indescifrables aun para los mismos médicos : “NOXCOXMEX” o “TRIMTUSTINTOTAL”. Había abandonado el laboratorio de las fórmulas magistrales que le daba un cierto aire de sabio investigador de la química.

Así fue como decidí quedarme con el reloj y para no escandalizar a nadie lo guardé en una bolsita de paño que, con mucha dedicación, me había confeccionado mi mamá.

Cuando estaba por finalizar el verano noté algo extraño.
El reloj comenzó a atrasar.
Cada día atrasaba más y más.
Hasta que al fin se detuvo y la luz de sus agujas se apagó. Miré el almanaque. Era el 21 de marzo. El día en que comenzaba el otoño. Pasó todo el otoño sin funcionar y practicamente todo el invierno. Porque sólo cuando ya estaba por concluir el invierno y faltaban pocos días para llegar la primavera noté que las agujas comenzaban a encenderse lentamente. Y luego, ya encendidas en plenitud, el reloj comenzó a funcionar.
De nuevo había algo extraño.
El reloj esta vez adelantaba.
Y por varias horas .
Hasta que, por fin,llegó el 21 de septiembre y el reloj se estabilizó: marcaba puntualmente las horas, los minutos y los segundos.

Pasaron algunos veranos,otoños, inviernos y primaveras, y comprobé siempre lo mismo. El reloj, cuando estaba por acabarse el verano, retrasaba y cuando estaba por llegar la primavera adelantaba. Pero en otoño y en invierno no funcionaba. En cambio, durante la primavera y el verano funcionaba a la perfección.

Esas extrañas circunstancias me llevaron a consultar con alguien sobre CUÁLES SERÍAN LOS MOTIVOS.

Me acerqué a unos ancianos jubilados que siempre estaban sentados en un banco de la plaza y le pregunté a uno de ellos, al que tenía el rostro más dulce, al que se parecía más a mi abuelito:

_Dígame, señor,¿por qué este reloj atrasa cuando está terminando el verano y adelanta cuando está por llegar la primavera, y NO funciona ni en el otoño ni en el invierno?

El anciano me respondió:

_Hijito, no te das cuenta de que este reloj es un bohemio, un romántico, un soñador. No quiere saber de otras cosas que no sean el sol y las mariposas del verano, y las flores y las aves de la primavera. Ha perdido la memoria del otoño y del invierno. Quisiera yo poder hacer lo mismo, pero NO puedo. Soy un reloj perfecto. Tan perfecto que marca todas las horas y todos los minutos y todos los segundos de las cuatro estaciones. En cuanto a tu reloj NO lo TIRES, guárdalo como un juguete más, como un hermoso juguete, porque como reloj NO te SERVIRÁ.

Al decir esto, de inmediato tomó la palabra otro jubilado,con cara de gruñón, y un tanto molesto dijo:

_¿Guardarlo? ¡Eso sí que NO! ¡Debe destruirlo, aniquilarlo! Es un elemento de confusión. Así anda el mundo. Ese reloj sólo sirve para confundir a los niños.De ese modo NO aprenden a vivir la vida con todas sus horas, las lindas y las que no lo son. Que aprendan a sentir el amarillo del otoño y el gris del invierno. Que conozcan la lluvia y el frío.Que oigan soplar el viento. Que vean los árboles desnudos y los pájaros tiritando. Y es más, te diré, niño, si es un reloj que adelanta es un reloj revolucionario, quizás sea un reloj anarquista o un reloj subversivo. Debes deshacerte de ese reloj y no dejar rastro de él.

Al pronunciar estas palabras, el tercer jubilado, exaltado, con el rostro enardecido, y elevando su bastón con gesto amenazante, expresó:

_Sí, niño, lo tienes que ejecutar a ese reloj, pero ¿sabes por qué?
No por lo que te dice ese señor…sino porque es un reloj reaccionario, un retrógrado. ¿No te das cuenta de que atrasa?¿Para qué sirve un reloj que no marca la hora de los tiempos nuevos?

Sin decir una palabra, me alejé y quedé por unos instantes confundido. “¿Cuál de ellos tendría razón?” _me dije.

Y después pensé: “El único que debe entender y amar a este reloj es su dueño. Lo mejor será dejarlo donde lo encontré, quizás así pueda hallarlo y hacerle cumplir con su destino”.

Esperé que los niños, los globos, los perros y los jubilados se retiraran de la plaza. El sol ya se estaba alejando hacia su refugio nocturno, y entonces aprovechando la penumbra, puse el reloj en un lugar que creía era aquel donde lo había encontrado.
Luego me alejé con paso acelerado, pues se me hacía ya tarde y mamá se enojaría conmigo. Nunca había regresado a esas horas a casa.

De pronto vi una especie de bola luminosa en el cielo de la plaza, como una pequeña estrella, o más exactamente, como un pequeño cometa, porque tenía una cola que desprendía destellos azules. Se detuvo sobre “La Montañita” y un haz de luz descendió sobre ella. Enseguida vi a un niño que vestía ropas largas y blancas. Cuando se agachó para asir el reloj, me pareció verle dos alas.

Después el haz de luz ascendió con él hasta la bola luminosa y de inmediato ella se puso en movimiento y en pocos instantes se perdió en el cielo.
Todo ocurrió muy rápidamente. Pero también muy rápidamente comprendí que ese reloj NO era de un hombre. Era de un ángel. Ese reloj NO marcaba el Tiempo de la Tierra.
Venía de una región del cosmos que los adultos habían olvidado, una región del cosmos donde sólo existen la primavera y el verano.

En ese momento comprendí también que lo primero que envejece en los hombres son los ojos.

Fin

Un Extraño Reloj
(o El Reloj Transparente)
Libro: “Cuentos para Espacionautas”
Emilio Breda

Emilio Breda. Poeta, cuentista e historiador, nacido en Buenos Aires en 1945
Publicó once libros de poemas.

“En este universo en que vivimos, para lograr existir en plenitud, es necesaria la CREATIVIDAD”
Emilio Breda

Pd:Buen Fin d Semana com Beijos :*
Sarah

I L U S I O N E S

Posted in Cuentos NOVELAS, Fragmentos, FRASES, LITERATURA, Textos with tags on 8 abril, 2012 by Sarah S

Ilusiones
Richard Bach

4

Dónde has aprendido todas esas cosas, Don? Sabes tanto…o a lo mejor creo que lo sabes. No. Sabes mucho. ¿Es fruto de la experiencia? ¿ No recibiste ningún adiestramiento formal para llegar a ser maestro?
_Te dan un libro para que lo leas.
Colgué de los cables un pañuelo recién lavado y miré a Don.
_¿Un libro?
_El Manual del Salvador. Una especie de biblia para maestros.
Por ahí tengo un ejemplar, si te interesa.
_¡Sí! ¿Dices que se trata de un libro corriente que te enseña…?
Hurgó un poco en el compartimiento de equipajes del Travel Air y sacó un volumen de pequeño formato, forrado con un material que parecía gamuza.

Manual del Mesías,
impreso en letra gótica antigua.
Recordatorios para el Alma
Evolucionada.

_¿Qué cuento es ése del Manual del Salvador? Aquí dice Manual del Mesías.
_Bueno, eso.
Empezó a recoger los cachorros dispersos alrededor de su avión, como si pensase que era hora de proseguir su viaje.
Hojeé el libro,que consistía en una colección de máximas y párrafos breves.

Perspectiva:
Utilízala u Olvídala.
Si has abierto esta página,
olvidas que lo que sucede
a tu alrededor NO es REAL.
Piensa en esto.
Recuerda de dónde has venido,
a dónde vas, y por qué provocaste
el desbarajuste en el que te has metido, para empezar.
Recuerda que tendrás una muerte horrible.
Todo depende del buen entrenamiento,
y la disfrutarás más si no pierdes de vista
todos estos detalles.
Sin embargo, debes tomarla con un poco de seriedad.

Las formas de vida menos avanzadas
no entenderán generalmente que marches riendo
al patíbulo, y te menospreciarán
por loco.

_¿Has leído esto acerca de la perspectiva, Don?
_No.
_Dice que tendrás una muerte horrible.
_No es inevitable. Todo depende de las circunstancias y de la forma en que resuelvas apañarte.
_¿Tú tendrás una muerte horrible?
_Lo ignoro. ¿No te parece que sería un poco absurdo, ahora que he dejado el oficio? Bastará una discreta y modesta ascensión.Lo decidiré dentro de unas pocas semanas, cuando termine lo que he venido a hacer.
Le reproché que bromeaba, como acostumbraba a hacerlo alguna que otra vez, y NO imaginé entonces que lo de “las pocas semanas” fuera enserio.
Volví a la lectura del libro y comprobé que se trataba realmente de los conocimientos que necesitaría un maestro.

Aprender
es Descubrir
lo que ya sabes.
Actuar es Demostrar que
lo sabes.

Enseñar es recordarles a los demás
que saben tanto como tú.
Sois todos aprendices,
ejecutores, maestros.

Tu única obligación
en cualquier período vital
consiste en ser fiel a ti mismo.
Ser fiel a otro ser o a otra cosa
no sólo es imposible,
sino que también es el
estigma del falso
mesías.

Los
interrogantes más sencillos
son los más profundos.
¿Dónde has nacido? ¿Dónde está tu hogar?
¿A dónde vas?

¿Qué haces?
Plantéatelos
de tiempo en tiempo,
y observa cómo cambian
tus respuestas.

Enseñas mejor
lo que más necesitas
aprender.

_Te veo muy callado, Richard _comentó Shimoda, como deseoso de entablar conversación.
_Sí _respondí, y continué leyendo. Si este era un libro escrito exclusivamente para maestros, no quería soltarlo.

Vive
de tal manera
que nunca te averguences
si se divulga por todo el mundo
lo que haces o dices…
aunque lo que se divulgue
NO sea cierto.

Tus amigos
te conocerán mejor
en el primer minuto del encuentro
que
tus relaciones ocasionales
en mil
años.

La
mejor forma
de retribuir la responsabilidad
consiste en decir: “Tengo
Responsabilidades”.

Noté algo extraño en el libro.
_Las páginas no están numeradas, Don.
_No _respondió_. Basta con abrirlo y encuentras lo que estés buscando.
_¡Un libro MÁGICO!
_NO. Puedes hacerlo con cualquier libro. Incluso con un periódico viejo, si lo lees con suficiente atención. ¿No has fijado nunca un problema en tu mente y has abierto luego cualquier libro que tengas a mano para observar lo que te dice?
_No.

_Bien, inténtalo alguna vez.
Lo intenté. Cerré los ojos y me pregunté qué me sucedería si seguía junto a aquel extraño individuo.Era divertido estar con él,pero no podía librarme de la sensación de que, dentro de no mucho tiempo, le ocurriría algo nada regocijante, y no quería estar cerca cuando pasara.
Pensando en eso, abrí el libro con los ojos cerrados; volví a abrirlos y leí.

La criatura estudiosa
que llevas adentro,
el travieso ser espiritual
que encarna tu auténtica personalidad,
te guía por la vida.
No vuelvas la espalda
a los futuros posibles
antes de estar seguro de que no tienes
nada que aprender de ellos.
Siempre gozarás de libertad
para cambiar de idea
y elegir otro futuro,
u otro pasado.

¿Elegir otro pasado? ¿Literal o figuradamente, o qué quería decir…?
_Creo que estoy un poco mareado, Don.No sé cómo podría asimilar estas lecciones.
_Con práctica. Un poco de teoría y mucha práctica _respondió_. Necesitarás aproximadamente una semana y media.
_Una semana y media.
_Sí.Convéncete de que conoces todas las respuestas, y las conocerás. Convéncete de que eres un maestro y lo serás.
_Nunca he dicho que quisiera ser un maestro.
_Es cierto _asintió_. No lo has dicho.
Pero conservé el manual, y no me pidió que se lo devolviera.

C O T I N U A R Á …

Pd: 😉 Pascuas…
Pd: Com Beijos
Sarah

Una Noche en Egipto…

Posted in Cartas de..., Cuentos NOVELAS, Libros with tags on 4 enero, 2012 by Sarah S

Una Noche en Egipto
de el libro “Afrodita”
Isabel Allende

Mi amiga Tabra, quien inspiró el personaje de Tamar en mi novela El plan infinito, es en la vida real una viajera incansable y valiente.
A veces se pierde por semanas y, cuando empiezo a temer que se la tragó la selva amazónica o se desbarrancó en el Himalaya, me llega por correo una manoseada fotografía de una aldea en Iran Jaía, Tabra, vestida de gitana, cubierta de pulseras y collares, aparece rodeada de mujeres desnudas y hombres pintarrajeados enarbolando lanzas, que como única vestimenta llevan calabazas cubriéndoles el pene. Cuando regresa trae grandes bultos marineros repletos de tesoros: telas de los Andes, máscaras de África, flechas de Borneo, cráneos humanos labrados del Tíbet. Trae, sobre todo, inspiración para su trabajo.
Los diseños de sus joyas son una verdadera celebración de la fuerza, belleza y valor de las mujeres en remotos rincones de la Tierra: mujeres del desierto de Rajastán en India, de la jungla en Nueva Guinea, de las aldeas indígenas en Sudamérica, todas unidas por la aspiración común de ser bellas y adornarse.
Ésta es una carta que me envió en uno de sus viajes en 1990:

Estoy en alguna parte del bajo Egipto, necesitaría un mapa para saber exactamente dónde …Llegué aquí desde El Cairo porque alguien me dijo que era interesante, pero olvidé por qué; no se qué esperaba encontrar en este lugar, tal vez una pequeña aventura. Ya sabes que no viajo de manera científica, prefiero guiarme por la intuición. Se me olvidan fechas, nombres y lugares, apenas me queda una vaga impresión general, formas y colores que después aparecen en mis diseños.
En el aeropuerto se me acercó un hombre joven y se ofreció para guiarme. Moreno, guapo, con una sonrisa luminosa y enormes ojos negros, el tipo de hombre que me atrae a primera vista. En Egipto una mujer no puede andar sola sin un guía, no la dejan en paz; acepté porque ese joven me inspiró confianza. Le expliqué mi oficio y le pedí que me llevara a ver artesanía, piedras preciosas, cuentas para mis joyas. Mahmoud decidió conducirme al único hotel del pueblo para dejar mis maletas y luego llevarme a una pequeña aldea nubia en el límite del desierto. Así lo hicimos y pronto me encontré en un destartalado automóvil rodeada por cuatro parientes de mi guía, que se sumaron a la expedición.
Estoy segura que tú no lo habrías aprobado, Isabel…
Me pasó por la mente que no era muy buena idea pero ya era tarde para retroceder y esos hombres eran tan amables y parecían tan contentos de practicar su inglés conmigo, que descarté mis temores.
Fue un viaje agotador. Al cabo de unas dos horas vislumbramos una pequeña aldea blanca brillando contra la arena infinita.
Mahmoud anunció que habíamos llegado a la casa de su abuelo y condujo el coche a un recinto amurallado que se extendía por más de un kilómetro, según me explicó. Dentro de los muros de barro seco pintado de azul y blanco había diversas habitaciones, era evidente que allí vivía una familia numerosa. Una pequeña muchedumbre salió a recibirnos y observarme con curiosidad: primos, tíos, hermanas, sobrinos, muchos niños…¡Qué confusión!
_Bienvenida a nuestra casa. Usted es la primera persona extranjera que pisa esta propiedad _dijo Mahmoud.
Pensé que con un poco de suerte, ésa podía ser la aventura que yo deseaba.

Las mujeres, vestidas de negro y algo tímidas al principio, me trajeron dátiles y otras frutas en grandes bandejas y me invitaron a sus casas.
Una joven me llevó hasta un arcón para mostrarme su ajuar de novia, todo bordado con un diseño de hojas y flores entrelazadas, que había demorado años en hacer.
Otra quiso que viera su máquina de coser y una tercera la gran nevera blanca instalada al centro de la sala, el más preciado objeto. Afuera el sol pegaba despiadado, pero entre las paredes de barro el ambiente estaba fresco; una música dulce y melancólica venía de alguna parte y podía oír los cánticos musulmanes de una mezquita cercana.
Las mujeres no se cansaban de estudiar mis pulseras y acariciar mis brazos, maravilladas de mi piel blanca y el color de mi cabello,ellas no hablaban inglés ni yo árabe. También yo estudiaba sus tatuajes y sus adornos de plata, mientras desde cierta distancia los hombres me miraban insistentes, cuchicheando y riendo sin disimulo. Todos los ojos se clavaron en mí cuando abrí la cartera, saqué un espejo y me pinté los labios. Me instalaron en una sala con rígidos muebles alineados contra la pared y fotografías de casamientos y de antepasados coloreados a mano; las mujeres sirvieron té y limonada a los hombres y a mí, pero no se sentaron con nosotros.
Mi guía me dijo que él tenía amigos poderosos en Egipto: cualquier cosa que yo necesitara él podía conseguirla, mi felicidad era lo único que importaba, deseaba que estuviera contenta en su país y tuviera muchas aventuras ¿no era eso lo que yo buscaba?.
Se rió y los otros hombres rieron también.Sentí que sus ojos me quemaban; el calor y el cansancio del viaje se hacían sentir, necesitaba un baño; quise volver al pueblo y a mi hotel, pero tampoco podía ofender a mis anfitriones.
Me puse de pie con la intención de despedirme. Noté que los hombres intercambiaban señas, pero no supe interpretarlas, y me di cuenta que las mujeres se habían retirado una a una, discretamente, dejándome sola. Me dirigí a la puerta, afuera había caído la tarde y empezaba a refrescar, calculé que antes de media hora sería de noche y que el camino de vuelta al pueblo era largo.
Salí con paso decidido, apartando a los hombres que se ponían por delante. Entonces Mahmoud y los demás me siguieron al automóvil y, después de discutir un rato, subieron dos delante y me pusieron atrás, apretada entre los otros dos.
Sentía sus alientos en mis mejillas, sus piernas contra las mías, sus manos tocándome los hombros, los codos, la blusa. Crucé los brazos sobre el pecho.
_Es hora de volver a mi hotel _insistí.
_Sí, claro que sí _replicó Mahmoud siempre sonriendo_, pero antes queremos mostrarle las dunas.
La noche se dejó caer de súbito. El perfil del desierto iluminado por la duna era extraordinario. El camino estaba oscuro y conducíamos sin luces; el chofer las encendía cuando sospechaba que venía otro vehículo en dirección contraria, encandilándolo. Tampoco mantenía su canal, íbamos zigzagueando de un lado a otro, pero lo mismo hacían los escasos coches que se nos cruzaron.
Tuve la impresión que viajamos por un rato muy largo y dábamos vueltas en círculos pasando varias veces por el mismo grupo de palmeras y las mismas dunas, pero ya no estaba segura de nada, es fácil perder el rumbo en el desierto.
_Estoy muy cansada, Mahmoud, quiero regresar a mi hotel _dije con toda la firmeza posible.
_¡Pero si no ha comido nada aún! ¿Qué pensará de nuestra hospitalidad? Antes debemos ofrecerle de cenar en mi casa, como es la costumbre.
_No, muchas gracias.
_Insisto. mi madre ha pasado la tarde preparando comida para usted.
Entonces comprendí que estábamos de nuevo ante el mismo muro de barro pintado de azul y blanco, cruzando el mismo portón, ahora iluminado por dos faroles de aceite.
El resto estaba completamente oscuro: se había cortado la electricidad en la aldea, me explicaron.
A lo lejos titilaba la luz trémula de otros faroles o pequeñas fogatas.
Nos detuvimos ante una de las casas, bajamos y pude por fin estirar las piernas, estaba mojada de transpiración a pesar del aire fresco de la noche.
Los cuatro hombres empezaron a hablar al mismo tiempo, discutiendo y gesticulando como si estuvieran enojados, pero no entendí ni una palabra de lo que decían.
Por último, tres de ellos desaparecieron y Mahmoud me tomó por un brazo, disculpándose por la falta de luz, y me guió por la casa en sombras.
Pasamos de un cuarto a otro, recorrimos pasillos que me parecieron interminables, se cerraban puertas a mi espalda, oía pasos y murmullos, pero no vi a nadie.
A veces tropezaba con los dinteles y los muebles, pero mi anfitrión me sostenía con firmeza, aunque también con cierta gracia. Llegamos a una habitación apenas alumbrada por dos velas pequeñas casi consumidas, donde había una mesa y dos sillas, una junto a la otra. En el aire flotaba un aroma sutil de incienso mezclado con el de la comida y las especias.
_¿Dónde está el resto de la familia? _pregunté.
_Ya comieron, estamos solos _replicó Mahmoud retirando la silla para mí. Me senté, oprimida por la angustia.
Sobre la mesa había varias fuentes cuyo contenido era imposible distinguir en la débil luz de las velas, Mahmoud tomó un plato y me sirvió.
_¿Qué es?
_Carne.
_¿Qué clase de carne?
_Hervida.
_¿Qué clase de carne hervida?
Se tocó el estómago y las costillas en un gesto vago.
Necesito ver lo que como, especialmente cuando se trata de carne; me gusta examinar todo cuidadosamente antes de metérmelo en la boca, pero estaba muy oscuro.
Mahmoud sacó porciones de las otras fuentes y las describía al ponerlas en mi plato: pescado del Nilo, queso de cabra, aceitunas negras, higos maduros, huevos, berenjenas fritas, una pasta de garbanzo, yogurth.
Me lavé las manos en un tazón de agua con limón y Mahmoud me las secó con un paño, sus gestos eran lentos como caricias. Las retiré con demasiada brusquedad, tal vez lo ofendí.
Probé un bocado y me gustó, la carne era de cordero, bien sazonada, tan blanda que se deshacía antes de mascarla. El hombre, sentado tan cerca que su rostro casi tocaba el mío, me observaba comer y comentaba mi gran belleza.
Una vez más me aseguró que él era mi amigo en su país, que debía considerarlo mi novio egipcio. Yo nada decía, pero me corría el sudor por la espalda y me temblaban las rodillas.
La comida, sin embargo, estaba exquisita y el té __tibio y muy dulce, con un dejo de menta o de jazmín__era refrescante. Mahmoud tomó una aceituna y me la dio en la boca, era un poco amarga , pero deliciosa.
Luego puso queso y pasta de garbanzos en un trozo de pan árabe, comió un poco él y luego me lo pasó, sonriendo encantado cuando lo recibí. El olor del pan recién horneado, aún tibio, mezclado con la fragancia de los guisos , las velas de cera y el incienso era tan intenso que cerré los ojos. Me sentía agobiada, con todos los sentidos exaltados. En voz baja, casi en susurros, él recitaba una letanía comparándome con la luna y las estrellas del desierto; mi piel, dijo, era como marfil, nunca había visto una piel tan suave y blanca.
_Debo regresar a la ciudad…
_¿Tiene novio en América? Un marido tal vez?
_Sí, tengo un novio muy celoso.
_¿Cómo no serlo? Yo no dejaría que ningún hombre posara sus ojos en usted, viviría para amarla y complacerla. ¿Por qué ese novio la deja viajar sola?
_Ya es muy tarde, Mahmoud, por favor lléveme de vuelta a mi hotel.
_Pruebe estos vegetales, son de la huerta de mi madre, cocinados por su propia mano…
Era un guisado de berenjena, distinguí el aroma de nuez moscada y canela, una mezcla exótica.
Me serví otra cucharada y algo más de cordero, midiendo por primera vez el tamaño de mi imprudencia.
Nadie sabía mi paradero, nadie me había visto salir con esos hombres rumbo al desierto, yo podía desaparecer sin dejar huellas. Mahmoud me escanció más té. El sonido del líquido al caer en el vaso era nítido como notas de un instrumento de cuerda en el inmenso silencio de la casa oscura. Una de las velas terminó de consumirse en un charco de cera derretida.
_¿Ha sido éste un buen día?, ¿un día memorable?, ¿lo ha pasado bien?__quiso saber mi anfitrión, siempre en mi oído.
_Sí, gracias, pero ahora me voy.
Intenté ponerme de pie, pero me retuvo, casi abrazándome.
Una vez más me envolvió con su voz melodiosa describiendo mi belleza, comparándome con las huríes del paraíso de Alá y con las estrellas del cine, y asegurándome que no se cansaría nunca de mirarme, que podría pasar su vida entera extasiado ante una mujer como yo.
Me estaba tomando el pelo, supongo, pero quise creerle, sus palabras eran balsámicas, nadie me ha dicho nunca esas cosas. Y seguía hablando y hablando, siempre en el mismo tono.
¿Acaso yo no deseaba que él también lo pasara bien?, ¿que éste fuera también para él un día memorable? Su mano se posó en mi cuello y un largo escalofrío me estremeció.
Mahmoud insistió que la cena no había terminado, aún faltaban los dulces.
Con gran delicadeza deslizó un pastelito de pistacho y miel en mi boca, sin dejar de acariciarme el cuello, jugueteando con mis collares y aretes, murmurando halagos en su inglés forzado. Pruebe esta delicia turca, suplicó. Era suave, dulce, perfumada a rosas. ¿No le apetece fumar?, ¿un poco de hachís, tal vez?
La llama de la última vela vaciló unos instantes y luego se apagó del todo. Por la ventana vi la luna alumbrando la noche egipcia.
Tomé otro dulce y lo mordí, voluptuosamente…

Isabel Allende

Pd: Y…comenzó nomás!, ya está con nosotros el 2012!
Pd2: Muy buenos DESEOS para TOOODOS/AS d mi parte.
Pd3: Com muitos beijos y abrazos 😉
Sarah

“Los Terrenos” un cuento d Marcelo Birmajer

Posted in Cuentos NOVELAS, Libros, LITERATURA with tags on 11 diciembre, 2011 by Sarah S

“Los Terrenos”
Un cuento de Marcelo Birmajer

El rey Sarandalio le había regalado a Romo, para su cumpleaños número trece, unos terrenos en un pequeño reino lejano, llamado el Fiordo, un territorio agreste junto al mar.
Diez años más tarde, Romo le pidió a Merlín que lo acompañara a conocerlos.
El viaje tardó dos días y dos noches; y Romo se entretenía pensando en el uso que daría a sus tierras: las haría trabajar y lograría que los campesinos vivieran con holgura y en paz, invitaría a los mejores pescadores a poblar sus costas y los recompensaría como nunca antes.
Pensaba, en la modesta escala de sus posibilidades, en un mundo distinto y mejor.

Al llegar al Fiordo, Merlín y Romo se dirigieron a las tierras del príncipe, perfectamente señalizadas en el mapa, y se encontraron con una desagradable sorpresa.
Romo sabía que su padre había mandado arar los campos y sembrado una buena cantidad de árboles: pero ahora se encontraba con una tierra yerma, vallada y sin árboles.
Un hombre de sesenta años,seguido por un grupo de catorce mercenarios,les salió al paso al príncipe y al mago.

_¿Qué buscan aquí? Esto es propiedad privada _dijo el desconocido.

_Por supuesto que es propiedad privada _respondió Romo con calma _. Mi propiedad privada,precisamente.Y me extraña mucho verla en estas condiciones.

_Y quién eres tú, mocoso insolente, que llamas de tu propiedad a estas tierras de las que mi familia ha sido dueña por más de cien años?

_Pues ocurre que soy el príncipe Romo, el hijo del difunto rey Sarandalio, y mi padre compró a muy buen precio estas tierras para mí.
Sé que las pagó diez veces más de lo que valían, y que tu familia las vendió de muy buen grado. No fueron obligados a vender, y festejaron con vino y antorchas el negocio.
El hombre soltó una sórdida carcajada y mostró un diente de oro.
Tenía el largo pelo negro atado en una cola de caballo.

_Todo lo que dices es cierto, menos que esta tierra es tuya.
Es cierto que tu padre la compró.
Yo mismo se la vendí.
Pero en cuanto supe que había muerto, descubrí que para mí el dinero no significa nada.
¿Cómo puedo vender esta tierra por unos miserables doblones?
_No fueron miserables doblones _lo interrumpió Romo_. Precisamente debido a que ustedes hablaron tanto del valor sentimental de este terruño, mi padre, con vuestro consentimiento, la pagó diez veces más de lo que valía.
_Y cien veces más lo pudo haber pagado _replicó el hombre_. Pero el dinero NO me importa. Yo quiero mi tierra.
Somos dos culturas distintas: para ustedes el dinero es fundamental, mientras que en el Fiordo la tierra vale más que el dinero.

Romo llevó imperceptiblemente la mano a la empuñadura de la espada, y la mirada hacia Merlín.
Fue el mago quien contestó al hombre:_Eres un hombre muy curioso_dijo Merlín.
Cuando pides dinero, te resulta fundamental y pides mucho.
Eres capaz de cotizar tu tierra y pedir por ella diez veces más de lo que vale.
Y luego de que te lo gastas, consideras que el dinero NO tiene IMPORTANCIA.
Es realmente un pensamiento muy curioso. Permíteme decirte que eso NO es otra cultura, sino mera villanía.
No es que NO te importe el dinero, lo que NO te importa es cómo lo consigues.

El hombre del diente de oro también llevaba barba de días. Pese a su aspecto descuidado-sus ropas, aunque de buena confección, estaban sucias-,a medida que hablaba demostraba un perfecto manejo del idioma. No dejaba de echar miradas furtivas a sus catorce mercenarios, como para mantenerlos advertidos frente a cualquier emergencia.

_Te equivocas_ le dijo el hombre a Merlín_.
Este rey Sarandalio del que me hablas nunca me entendió. Aunque habláramos el mismo idioma, decíamos cosas distintas.
Nuestros conceptos y modos de ver la vida son tan distintos que nunca podremos entendernos.

_Nuevamente tu razonamiento es de lo más curioso _dijo Merlín_.
Cuando firmaste el contrato, lo leíste y releíste veinte veces, y NO pusiste tu firma hasta que se te pagó el dinero doblón por doblón.
¿Cómo puede ser que comprendas todo igual que el rey Sarandalio antes de que te pague, y dejes de comprenderlo cuando ya has embolsado el dinero y debes cumplir con tus obligaciones?
A ti te conviene desconocer tus obligaciones, y eso es todo.
Si en lugar de venir a reclamarte lo que es nuestro, viniéramos con nuestro contrato a explicarte que por cualquier motivo aún te adeudamos doblones, verías las cosas idénticas a como las vemos nosotros.
Cuando pides, perteneces a nuestra misma cultura; pero cuando debes cumplir, perteneces a otra.

Merlín hizo una pausa.
_Y si mandas a tus mercenarios contra nosotros, como veo que estás pensando_continuó_, puedo asegurarte que la sangre que saldrá de uno u otro cuerpo será humana, igual,y que de la muerte nadie vuelve, sea de una u otra cultura.

_Ya lo comprobaremos_dijo el hombre haciendo una seña de ataque a sus mercenarios.
Pero antes de que pudieran siquiera rozar con los dedos las empuñaduras de sus espadas, Merlín alzó su mano al cielo y el cielo pareció darle la razón.Un tumulto de nubes grises encapotaron el firmamento y un remolino celestial se formó en las alturas: de su centro, emergió un rayo poderoso, cayó sobre los mercenarios y los convirtió en árboles.
_Cuando realmente ocurren cosas que NO entendemos_ le dijo Merlín al lívido hombre del pelo atado en cola de caballo_, puedo asegurarte que están más allá de los conocimientos humanos.
Y permitieron al hombre salir corriendo, y nunca volvieron a saber de él.

Un mes más tarde, los mercenarios convertidos en árboles volvieron a recobrar su apariencia humana y su alma, y debieron plantar catorce árboles en su reemplazo.
Romo inició con entusiasmo el arrendamiento de su tierra.
Contrató a los mejores campesinos y a los más eximios pescadores.
Les dio libertad e igualdad en el uso y distribución de su trabajo y sus ganancias.
Pero hete aquí que Romo vino a descubrir que por muy eficientes que sean los hombres en el usufructo de la naturaleza, NO necesariamente lo son en el arte de la convivencia.
Y los campesinos se pelearon con los pescadores, y se armaron dos grupos de pescadores: los que proponían amigarse con los campesinos y los que proponían separarse del todo de ellos.
Y entre los campesinos surgieron aquellos que proponían subdividir la tierra en parcelas para cada uno,y los que aconsejaban ahorrar entre todos para comprar tierras propias en lugar de trabajar las de Romo.
Lo que ocurrió finalmente fue que tooodos se pelearon con TODOS,y cada cual marchó por un rumbo diferente, y todo lo que quedó del sueño de Romo fueron los catorce árboles que habían plantado los mercenarios.

F I N!

“Los Terrenos”
del Libro: “Los Caballeros de la Rama” de Marcelo Birmajer

Pd: Quiero un MERLÍN! 😛
Pd2: Um Beijo
Sarah

El Caballero de la Armadura Oxidada – La Cima de la Verdad (7) *Última parte*

Posted in C U E N T O S, Cuentos NOVELAS, Libros, LITERATURA with tags , , on 15 noviembre, 2011 by Sarah S

El Caballero de la Armadura Oxidada

La Cima de la Verdad

Robert Fisher

7

Centímetro a centímetro, palmo a palmo, el caballero escaló, con los dedos ensangrentados por tener que aferrarse a las afiladas rocas.
Cuando ya casi había llegado a la cima, se encontró con un canto rodado que bloqueaba su camino.
Como siempre, había una inscripción sobre él :

AUNQUE ESTE UNIVERSO POSEO, NADA POSEO, PUES NO PUEDO CONOCER LO DESCONOCIDO SI ME AFERRO A LO CONOCIDO.

El caballero se sentía demasiado exhausto para superar el último obstáculo.
Parecía imposible descifrar la inscripción y estar colgado de la pared de la montaña al mismo tiempo, pero sabía que debía intentarlo.

Ardilla y Rebeca se sintieron tentadas de ayudarle, pero se contuvieron, pues sabían que a veces la ayuda puede debilitar a un ser humano.
El caballero inspiró profundamente, lo que le aclaró un poco la mente.
Leyó la última parte de la inscripción en voz alta: “Pues NO puedo conocer lo desconocido si me aferro a lo conocido”
El caballero reflexionó sobre algunas de las cosas “conocidas” a las que se había aferrado durante toda su vida.
Estaba su identidad _quién creía que era y que NO era_. Estaban sus creencias _aquello que él pensaba que era verdad y lo que consideraba falso_. Y estaban sus juicios_ las cosas que tenía por buenas y aquellas que consideraba malas.
El caballero observó la roca y un pensamiento terrible cruzó por su mente: también conocía la roca a la cual se aferraba para seguir con vida.
¿Quería decir la inscripción que debía soltarse y dejarse caer al abismo de lo desconocido?
_Lo has tomado, caballero _dijo Sam_tienes que soltarte.
¿Qué intentas hacer, matarnos a los dos? _gritó el caballero.
_De hecho, ya estamos muriendo ahora mismo _dijo Sam_.
Mírate.
Estás tan delgado que podrías deslizarte por debajo de una puerta, y estás lleno de estrés y miedo.

_No estoy tan asustado como antes _dijo el caballero.
_En ese caso, déjate ir y confía _dijo Sam.
¿Que confie en quién? _replicó el caballero enfadado.Estaba harto de la filosofía de Sam.
_No es un quién sino un qué!
_¿Un qué? preguntó el caballero.
_Sí _dijo Sam_. La vida, la fuerza, el universo, como quieras llamarlo.
El caballero miró por encima de su hombro y vio el abismo aparentemente infinito que había debajo de él.
_Déjate ir _le susurró Sam con urgencia.
El caballero no parecía tener alternativa.
Perdía fuerza con cada segundo que pasaba y la sangre brotaba de sus dedos allí donde se aferraban a la roca.
Pensando que moriría, se dejó ir y se precipitó al abismo, a la profundidad infinita de sus recuerdos.
Recordó todas las cosas de su vida de las que había culpado a su madre, a su padre, a sus profesores, a su mujer, a su hijo, a sus amigos y a todos los demás.
A medida que caía en el vacío, fue desprendiéndose de todos los juicios que había hecho contra ellos.
Fue cayendo cada vez más rápidamente, vertiginosamente, mientras su mente descendía hacia su corazón.

Luego, por primera vez en su vida, contempló su vida con claridad, sin juzgar y sin excusarse.
En ese instante, aceptó toda la responsabilidad por su vida, por la influencia que la gente tenía sobre ella, y por los acontecimientos que le habían dado forma.
A partir de ese momento, fuera de sí mismo,nunca más culparía a nada ni a nadie de todos los errores y desgracias.
El reconocimiento de que él era la causa, NO el efecto, le dio una nueva sensación de poder. Ya NO tenía MIEDO.
Le sobrevino una desconocida sensación de calma y algo muy extraño le sucedió: ¡empezó a caer hacia arriba! ¡Sí, parecía IMPOSIBLE, pero caía hacia arriba, surgiendo del abismo!
Al mismo tiempo, se seguía sintiendo conectado con lo más profundo de él, con el centro de la tierra.
Continuó cayendo hacia arriba, sabiendo que estaba unido al cielo y a la tierra.
Repentinamente, dejó de caer y se encontró de pie en la cima de la montaña y comprendió el significado de la inscripción de la roca.
Había soltado todo aquello que había temido y todo aquello que había sabido y poseído.
Su voluntad de abarcar lo desconocido le había liberado.
Ahora el UNIVERSO era SUYO, para ser experimentado y disfrutado.

El caballero permaneció en la cima, respirando profundamente y le sobrevino una grata sensación de bienestar.
Se sintió mareado por el encantamiento de ver, oír y sentir el universo que le rodeaba.
Antes, el temor a lo desconocido había entumecido sus sentidos, pero ahora podía experimentar todo con una claridad sorprendente.
La calidez del sol del atardecer, la melodía de la suave brisa de la montaña y la belleza de las formas y colores de la naturaleza que pintaban el paisaje, causaron un placer indescriptible al caballero.
Su corazón rebozaba de amor: por sí mismo, por Julieta y Cristóbal, por Merlín, por Ardilla y por Rebeca, por la vida y por todo el maravilloso mundo.
Rebeca y Ardilla observaron al caballero ponerse de rodillas, con lágrimas de gratitud surgiendo de sus ojos.
“Casi muero por todas las lágrimas que NO derramé”, pensó.
Las lágrimas resbalaban por sus mejillas, por su barba y por su peto.
Como provenían de su corazón, estaban extraordinariamente calientes, de manera que NO tardaron en derretir lo que le quedaba de su ARMADURA.
El caballero lloraba de alegría.
No volvería a ponerse la armadura y cabalgar en todas las direcciones NUNCA MÁS.
Nunca más vería la gente el brillante reflejo del acero, pensando que el sol estaba saliendo por el norte o poniéndose por el este.

Sonrió a través de sus lágrimas, ajeno a que una nueva y radiante luz irradiaba de él; una luz mucho más brillante y hermosa que la de su pulida armadura, una luz destellante como un arroyo, resplandeciente como la Luna, deslumbrante como el Sol.
Porque ahora el Caballero era el Arroyo.
Era la Luna.
Era el Sol.
Podía ser todas estas cosas a la vez, y más, porque era UNO con el UNIVERSO.
Era AMOR.

1_________El Dilema del Caballero
2_________En los Bosques de Merlín
3_________El Sendero de la Verdad
4_________El Castillo del Silencio
5_________El Castillo del Conocimiento
6_________El Castillo de la Voluntad y la Osadía
7_________La Cima de la Verdad

“La vida es básicamente buena y también lo son los humanos.
Si necesitás que te recuerden esto, lee “El Caballero de la Armadura Oxidada”
Si necesitás que te recuerden la importancia de amarte a ti mismo, POR FAVOR lee El Caballero de la Armadura Oxidada.
Cuando hayas llegado a la última página sabrás que la vida es buena, que eres AMOR, que eres MARAVILLOSO; y que TODO está BIEN”
Terry Linn Taylor
(Autora de Los Angeles como Mensajeros)

Pd: Elegí este libro porque fue uno de los primeros que me regaló mi papá y amé totalmente el contenido d sus páginas… 😉
Pd2: Ojalá lo hayan disfrutado tanto como yop 🙂
Muitos Beijinhos
Sarah