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El Caballero de la Armadura Oxidada – El Castillo de la Voluntad & la Osadía (6 )

Posted in C U E N T O S, Cuentos NOVELAS, Libros, LITERATURA with tags , on 15 noviembre, 2011 by Sarah S

El Caballero de la Armadura Oxidada

El Castillo de la Voluntad y la Osadía

Robert Fisher

6

Hacia el amanecer del día siguiente, el inverosímil trío llegó al último castillo.
Era más alto que los otros y sus muros parecían más gruesos.
Confiado de que atravesaría velozmente este castillo, el caballero cruzó el puente levadizo con los animales.
Cuando estaban a medio camino se abrió de golpe la puerta del castillo y un enorme y amenazador dragón, cubierto de relucientes escamas verdes, surgió de su interior, echando fuego por la boca.
Espantado, el caballero se paró de repente.
Había visto muchos dragones, pero éste no se parecía a ninguno.
Era enorme, y las llamas salían NO sólo de su boca, como sucedía con cualquier dragón común y corriente, sino también de sus ojos y oídos.
Y, por si eso fuera poco las llamas eran azules, lo cual quería decir que este dragón tenía un alto contenido de butano.

El caballero buscó su espada, pero su mano NO encontró NADA.
Comenzó a temblar.
Con una voz débil e irreconocible, el caballero pidió ayuda a Merlín, mas, para su desesperación, el mago NO apareció.
_¿Por qué NO viene? _preguntó ansiosamente,al tiempo que esquivaba una llamarada azul del monstruo.
_No lo sé _replicó Ardilla_. Normalmente se puede contar con él.
Rebeca, sentada sobre el hombro del caballero, ladeó la cabeza y escuchó con atención.
_Por lo que he podido captar, Merlín está en París, asistiendo a una conferencia de magos.
“No me puede ABANDONAR AHORA”, se dijo el caballero.
“Me prometió que NO habría dragones en el Sendero de la Verdad”
_Se refería a los dragones comunes y corrientes _rugió el monstruo con una voz que hizo temblar los árboles y que por poco hizo caer a Rebeca del hombro del caballero.
La situación parecía seria.
Un dragón que podía leer las mentes era definitivamente lo peor que se podía esperar pero, de alguna manera, el caballero dejó de temblar. Con la voz más fuerte y potente que pudo, gritó:
_¡Fuera de mi camino, bombona de butano gigante!

La bestia bufó, lanzando fuego en todas las direcciones.
_Caramba, ¡qué atrevido el gatito asustado!
El caballero, que NO sabía qué más hacer, intentó ganar tiempo.
_Qué haces en el Castillo de la Voluntad y la Osadía? -preguntó.
_Hay algún sitio mejor donde yo pueda vivir? Soy el Dragón del Miedo y la Duda.
El caballero reconoció que el nombre era muy acertado.
Miedo y duda era exactamente lo que sentía.
El dragón volvió a vociferar:
_Estoy aquí para acabar con todos los listillos que piensan que pueden derrotar a cualquiera simplemente porque han pasado por el Castillo del Conocimiento.
Rebeca susurró al oído del caballero:
_Merlín dijo una vez que el conocimiento de uno mismo podía matar al Dragón del Miedo y la Duda.
_¿Y tú lo crees? _susurró el caballero.
_Sí _afirmó Rebeca con firmeza.
_¡Pues, entonces, encárgate tú de ese lanzallamas verde! _El caballero dio media vuelta y cruzó el puente levadizo corriendo, en retirada.
_¡Jo, jo, jo! _rió el dragón,y con su último “Jo” por poco quema los pantalones del caballero.

_¿Os retiráis después de haber llegado tan lejos? _preguntó Ardilla, mientras el caballero se sacudía las chispas de la espalda.
_No lo sé _replicó él _.
He llegado a habituarme a ciertos lujos, como vivir.
Sam intervino.
_¿Cómo te soportas si no tienes la voluntad y la osadía de poner a prueba el conocimiento que tienes de ti mismo?
_¿Tú también crees que el conocimiento de uno mismo puede matar al Dragón del Miedo y la Duda? _preguntó el caballero.
_Por supuesto. El conocimiento de uno mismo es la verdad y ya sabes lo que dicen: “La verdad es más poderosa que la espada”
_Ya sé que eso es lo que se dice, pero ¿hay alguien que lo haya probado y haya sobrevivido?_preguntó sutilmente el caballero.
Tan pronto como acabó de pronunciar estas palabras,el caballero recordó que NO necesitaba probar NADA. Era Bueno, Generoso y Amoroso.
Por lo tanto, NO debía sentir ni miedo ni dudas.
El dragón NO era más que una ilusión.
El caballero dirigió la mirada a través del puente hacia donde se encontraba el monstruo lanzando fuego hacia unos arbustos, por lo visto para no perder la práctica. Con el pensamiento en la mente de que el dragón sólo existía si él creía que existía, el caballero inspiró profundamente y, con lentitud, volvió a atravesar el puente levadizo.
El dragón, por supuesto, fue a su encuentro, bufando y echando fuego.
Esta vez, sin embargo, el caballero siguió adelante.
Pero el coraje del caballero NO tardó en comenzar a derretirse, al igual que su barba, con el calor de las llamaradas del dragón.
Con un grito de temor y angustia, dio media vuelta y salió corriendo.
El dragón dejó escapar una poderosa carcajada y disparó un chorro de fuego contra el caballero en retirada.
Con un aullido de dolor, el caballero atravesó el puente como una bala, con Rebeca y Ardilla tras él. Al divisar un pequeño arroyo, sumergió rápidamente su chamuscado trasero en el agua fresca, sofocando las llamas en el acto.
Ardilla y Rebeca intentaban consolarlo desde la orilla.
_Habéis sido muy valiente _dijo Ardilla.
_No está mal por tratarse del primer intento _añadió Rebeca.
Sorprendido, el caballero la miró desde donde estaba.
_¿Cómo que el primer INTENTO?
Ardilla le respondió con toda naturalidad:
_Tendréis más suerte la segunda vez.
El caballero respondió enfadado:
_Tú irás la segunda vez.

_Recordad que el dragón es sólo una ilusión _dijo Rebeca.
_¿Y el fuego que sale de su boca? ¿Eso también es ILUSIÓN?
_En efecto _respondió Rebeca _. El fuego también era una ilusión.
_Entonces, ¿cómo es que estoy sentado en este arroyo con el trasero quemado? _exigió el caballero.
_Porque vos mismo hicisteis que el fuego fuera real, al creer que el dragón era real _explicó Rebeca.
Si creéis que el Dragón del Miedo y la Duda es real, le dais el poder de quemar vuestro trasero o cualquier otra cosa _dijo Ardilla.
_Tienen razón _corroboró Sam_. Debes regresar y enfrentarte al dragón de una vez por todas.
El caballero se sintió acorralado.
Eran tres contra uno. O, mejor dicho, dos y medio contra uno; la mitad Sam del caballero estaba de acuerdo con Ardilla y Rebeca, mientras que la otra mitad quería permanecer en el arroyo.

_Estoy harto de intentar comprender el significado de las cosas.Prefiero quedarme sentado en el arroyo y descansar.
_Mira _lo animó Sam _, si te enfrentas al dragón, hay una posibilidad de que lo elimines, pero si NO te enfrentas a él, es seguro que él te destruirá.
_Las decisiones son fáciles cuando sólo hay una alternativa _dijo el caballero.
Se puso de pie de mala gana, inspiró profundamente y cruzó el puente levadizo una vez más.
El dragón le miró incrédulo.
Era un tipo verdaderamente terco.
_¿Otra vez? _bufó _. Bueno, esta vez sí que te pienso quemar.
Pero esta vez el caballero que marchaba hacia el dragón era otro; uno que cantaba una y otra vez: “El miedo y la Duda son ILUSIONES”.
El dragón lanzó gigantescas llamaradas contra el caballero una y otra vez pero, por más que lo intentaba, NO lograba hacerlo arder.
A medida que el caballero se iba acercando, el dragón se iba haciendo cada vez más pequeño, hasta que alcanzó el tamaño de una rana.
Una vez extinguida su llama, el dragón comenzó a lanzar semillas.
Estas semillas _las Semillas de la Duda _tampoco lograron detener al caballero.
El dragón se iba haciendo aún más pequeño a medida que continuaba avanzando con la determinación.

_¡He vencido! _exclamó el caballero victorioso.
El dragón apenas podía hablar.
_Quizás esta vez, pero regresaré una y otra vez para bloquear tu camino.
Dicho esto, desapareció con una explosión de humo azul.
_Regresa siempre que quieras _le gritó el caballero_. Cada vez que lo hagas, yo seré más fuerte y tú más débil.
Rebeca voló y aterrizó en el hombro del caballero.
_Lo veis, yo tenía razón.
El conocimiento de uno mismo puede matar al Dragón del Miedo y la Duda.
_Sí realmente creías que era así, ¿por qué NO me acompañaste cuando me acerqué al dragón? _preguntó el caballero, que ya NO se sentía INFERIOR a su amiga emplumada.
Rebeca mullió sus plumas.
_No quería interferir. Era vuestro viaje.
Divertido, el caballero estiró el brazo para abrir la puerta del castillo,pero ¡el castillo de la Voluntad y la Osadía había DESAPARECIDO!
Sam le explicó:
_No tienes que aprender sobre la voluntad y la osadía porque acabas de demostrar que ya la posees.

El caballero echó la cabeza hacia atrás, riendo de pura alegría.
Podía ver la cima de la montaña.
El sendero parecía aún más empinado que antes, pero NO importaba.
Sabía que ya NADA LE PODÍA DETENER.

C O N T I N U A R Á…

Pd: 😉
Sarah

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El Caballero d …”El Castillo del Silencio” (4)

Posted in C U E N T O S, Cuentos NOVELAS, Libros, LITERATURA, Textos with tags on 6 noviembre, 2011 by Sarah S

4

El Caballero de la Armadura Oxidada

El Castillo del Silencio

Robert Fisher

Abandonado a su suerte, el caballero asomó con precaución por la puerta del castillo.
Las rodillas le temblaban ligeramente, por lo que producía un ruido metálico a causa de su armadura. Como NO quería parecer una gallina frente a una paloma, en caso de que Rebeca pudiera verle, reunió fuerzas y entró valientemente, cerrando la puerta a sus espaldas.
Por un momento deseó no haber dejado atrás su espada, pero Merlín le había prometido que no tendría que matar dragones, y el caballero confiaba plenamente en el mago.
Entró en la enorme antesala del castillo y miró a su alrededor.
Sólo vio el fuego que ardía en una enorme chimenea de piedra en uno de los muros y tres alfombras en el suelo.
Se sentó en la alfombra más cercana al fuego.

El caballero pronto se dio cuenta de dos cosas: primero, parecía no haber ninguna puerta que lo condujera fuera de la habitación, hacia otras áreas del castillo. Segundo, había un extraordinario y aterrador SILENCIO. Se sobresaltó al notar que el fuego ni siquiera chasqueaba.
El caballero pensaba que su castillo era silencioso, especialmente en las épocas en que Julieta no le hablaba durante días, pero aquello no era nada comparado con esto.
El Castillo del SILENCIO hacía honor a su nombre, pensó. Jamás en su vida se había sentido tan solo.
De repente, el caballero se sobresaltó por el sonido de una voz familiar a sus espaldas.
_Hola, caballero.
El caballero se giró y se sorprendió al ver al rey aproximarse desde una esquina lejana de la habitación.
_¡Rey! _dijo con la voz entrecortada_. Ni siquiera os había visto. ¿Qué estáis haciendo aquí?
_Lo mismo que vos, caballero: buscando la puerta.
El caballero miró a su alrededor otra vez.
_No veo ninguna puerta.
_Uno NO puede ver realmente hasta que comprende _dijo el rey_. Cuando comprendáis lo que hay en esta habitación, podréis ver la puerta que conduce a la siguiente.
_Definitivamente, eso espero, rey _dijo el caballero_.

Me sorprende veros aquí. Había oído que estabais en una cruzada.
_Eso es lo que dicen siempre que viajo por el Sendero de la Verdad _explicó el rey_. Mis súbditos lo entienden mejor así. El caballero parecía perplejo.
_Todo el mundo entiende las cruzadas _dijo el rey_ pero muy pocos comprenden la VERDAD.
_Sí _asintió el caballero_. Yo mismo no estaría en este Sendero si no estuviera atrapado en esta armadura.
_LA MAYORÍA DE LA GENTE ESTÁ ATRAPADA EN SU ARMADURA _declaró el rey.
_¿Qué queréis decir? _preguntó el caballero.
_Ponemos barreras para protegernos de quienes creemos que somos. Luego un día quedamos atrapados tras las barreras y ya NO PODEMOS SALIR.
_Nunca pensé que vos estuvierais atrapado, rey. Sois tan sabio…_dijo el caballero.
El rey soltó una carcajada.
_Soy lo suficientemente sabio como para saber cuándo estoy atrapado, y también para regresar aquí para aprender más de mí mismo.
El caballero estaba entusiasmado, pensando que quizás el rey podría mostrarle el camino.
_Decidme _dijo el caballero, su rostro iluminado_, ¿podríamos atravesar el castillo juntos?
Así NO sería tan solitario…

El rey negó con la cabeza.
_Una vez lo intenté. Es verdad que mis compañeros y yo no nos sentíamos solos porque hablábamos constantemente, pero cuando uno habla es imposible ver la puerta de salida de esta habitación.
_Quizá podríamos limitarnos a caminar juntos, sin hablar _sugirió el caballero. No le apetecía mucho tener que caminar solo por el Castillo del SILENCIO.
El rey volvió a negar con la cabeza, esta vez con más fuerza.
_No, también lo intenté. Hizo que el vacío fuera menos doloroso, pero tampoco pude ver la puerta de salida.
El caballero protestó.
_Pero si no estabais hablando…
_Permanecer en silencio es algo más que NO hablar _dijo el rey_.
Descubrí que, cuando estaba con alguien, mostraba sólo mi mejor imagen.
No dejaba caer mis barreras, de manera que ni yo ni la otra persona podíamos ver lo que yo intentaba esconder.
_No capto _dijo el caballero.
_Lo comprenderéis _replicó el rey_ cuando hayáis permanecido aquí el tiempo suficiente.
UNO DEBE ESTAR SOLO PARA PODER DEJAR CAER SU ARMADURA.
El caballero estaba desesperado.

_¡No quiero quedarme aquí solo! _exclamó, golpeando el suelo con el pie, y dejándolo caer involuntariamente sobre el pie del rey.
El rey gritó de dolor y comenzó a dar saltos.
¡El caballero estaba horrorizado! Primero al herrero, ahora al rey.
_Perdonad,Señor _dijo disculpándose.
El rey se acarició el pie con suavidad.
_Oh, bueno. Esa armadura os hace más daño a vos que a mí _luego, miró al caballero con expresión sabia_.
Comprendo que NO queráis quedaros solo en el castillo. Yo tampoco lo deseaba las primeras veces que estuve aquí, pero ahora me doy cuenta de lo que uno ha de hacer aquí, lo ha de hacer solo. _Dicho esto, se alejó rengueando al tiempo que decía_:Ahora debo irme.
Perplejo, el caballero preguntó:
_¿Adónde vais? La puerta está por aquí.
_Esa puerta es sólo una entrada. La puerta que lleva a la siguiente habitación está en la pared más lejana.
La vi, por fin, cuando vos entrabais _dijo el rey.
_¿Qué queréis decir con que por fin la visteis? ¿No recordabais dónde estaba, de las otras veces que estuvisteis aquí? _preguntó el caballero,sin comprender por qué el rey continuaba viniendo.
_UNO NUNCA ACABA DE VIAJAR POR EL SENDERO DE LA VERDAD.
CADA VEZ QUE VENGO, A MEDIDA QUE VOY COMPRENDIENDO CADA VEZ MÁS, ENCUENTRO NUEVAS PUERTAS.

_El rey se despidió con la mano_.Trataos bien, amigo mío.
_¡Aguardad, por favor _le suplicó el caballero.
El rey se volvió y le miró con compasión.
_¿Sí?
El caballero, que NO podía hacer que tambalease la resolución del rey, pidió:
_¿Hay algún consejo que me podáis dar antes de iros?
El rey lo pensó un momento, luego respondió:
_Esto es un nuevo tipo de cruzada para vos,querido caballero: una que requiere más coraje que todas las otras batallas que habéis conocido. Si lográis reunir las fuerzas necesarias y quedaros para hacer lo que tenéis que hacer aquí será vuestra mayor victoria.
Dicho esto, el rey se giró y, estirando el brazo como para abrir una puerta, desapareció en la pared, dejando perplejo al caballero.
El caballero corrió al sitio donde había estado el rey, esperando que, de cerca, también podría ver la puerta. Al encontrar tan sólo lo que parecía ser una pared sólida, comenzó a caminar por toda la habitación. Lo único que el caballero podía oír era el sonido de su armadura resonando por todo el castillo.

Después de un rato, se sentía más deprimido que nunca.
Para animarse, cantó un par de canciones de batalla:
” Estaré contigo para llevarte a una Cruzada, cariño y dondequiera que deje mi yelmo, ésa será mi casa”
Las cantó una y otra vez.
A medida que su voz se fue cansando, la quietud comenzó a ahogar su canto, envolviéndolo en el silencio más absoluto.
Sólo entonces pudo el caballero admitir francamente algo que ya sabía: tenía miedo de estar solo.
En ese momento, vio una puerta en la pared más lejana de la habitación. Fue hasta ella, la abrió lentamente y entró en otra habitación. Esta otra sala se parecía mucho a la anterior, sólo que era más pequeña. También ésta estaba vacía de todo sonido.
Para pasar el tiempo, el caballero comenzó a hablar consigo mismo. Decía cualquier cosa que le venía a la mente. Habló de cómo era de pequeño y de qué manera era diferente de los otros niños que conocía. Mientras cazaban codornices y jugaban a “Ponle la cola al Burro”, él se quedaba en casa y leía. Como en aquel entonces los libros eran manuscritos de los monjes, había pocos y, muy pronto, los hubo leído todos. Fue entonces cuando comenzó a hablar con todo aquel que pasaba delante de él. Cuando NO había con quien hablar, hablaba consigo mismo, igual que ahora.

Se encontró diciendo que había hablado tanto durante toda su vida para evitar sentirse solo.
El caballero pensó profundamente sobre esto hasta que el sonido de su propia voz rompió el aterrador silencio.
_Supongo que SIEMPRE he tenido miedo de estar solo.
Mientras pronunciaba estas palabras, otra puerta se hizo visible. El caballero la abrió y entró en la siguiente habitación. Era más pequeña aún que la anterior.
Se sentó en el suelo y continuó pensando. Al poco rato, le vino el pensamiento de que durante toda su vida había perdido el tiempo hablando de lo que había hecho y de lo que iba a hacer. Nunca había disfrutado de lo que pasaba en el momento. Y entonces apareció otra puerta. Llevaba a una habitación aún más pequeña que las anteriores.
Animado por su progreso, el caballero hizo algo que nunca antes había hecho. Se quedó quieto y escuchó el silencio. Se dio cuenta de que, durante la mayor parte de su vida, NO había escuchado realmente a NADIE ni a NADA. El sonido del viento, de la lluvia, el sonido del agua que corre por los arroyos, habían estado siempre ahí, pero en realidad NUNCA los había oído.Tampoco había oído a Julieta, cuando ella intentaba decirle cómo se sentía; especialmente cuando estaba triste. Le hacía recordar que él también estaba triste.
De hecho, una de las razones por las que había decidido dejarse la armadura puesta todo el tiempo era porque así ahogaba la triste voz de Julieta.Todo lo que tenía que hacer era bajar la visera y ya NO LA OÍA.

Julieta debía de haberse sentido muy sola hablando con un hombre envuelto en acero; tan sola como él se había sentido en esta lúgubre habitación.
Su propio dolor y su soledad afloraron.
Comenzó a sentir el dolor y la soledad de Julieta también.
Durante años, la había obligado a vivir en un castillo de silencio.
Se puso a llorar.
El caballero lloró tanto que las lágrimas se derramaron por los agujeros de la visera y empaparon la alfombra que había debajo de él.Las lágrimas fluyeron hacia la chimenea y apagaron el fuego.
En realidad, toda la habitación había empezado a inundarse,y el caballero se hubiera ahogado si no fuera porque en ese preciso instante apareció otra puerta.
Aunque estaba exhausto por el diluvio, se arrastró hasta la puerta, la abrió y entró en una habitación que NO era mucho mayor que el establo de su caballo.
_Me pregunto por qué las habitaciones son cada vez más pequeñas _dijo en voz alta.
Una voz replicó:
_Porque os estáis acercando a vos mismo.

Sobresaltado, el caballero miró a su alrededor.
Estaba solo, o eso había creido. ¿Quién había hablado?
_Tú has hablado _dijo una voz como respuesta a su pensamiento.
La voz parecía venir de dentro de sí mismo.
¿Eso es posible?
_Sí, es posible _respondió la voz_. Soy tu yo verdadero.
_Pero si yo soy mi yo verdadero _protestó el caballero.
_Mírate _pronunció la voz con ligera aversión_, ahí sentado medio muerto, dentro de ese montón de lata, con la visera oxidada y la barba hecha una sopa. Si tú eres tu verdadero yo, los dos estamos en problemas!
_Ahora óyeme tú a mí _dijo el caballero_. He vivido durante todos estos años sin oír ni una sola palabra sobre ti. Ahora que oigo, lo primero que me dices es que tú eres mi verdadero yo. ¿ Por qué NO me habías hablado antes?
_He estado aquí durante años _replicó la voz_, pero ésta es la primera vez que estás lo suficientemente silencioso como para oírme.
El caballero dudó.
_Si tú eres mi verdadero yo, entonces, por favor, dime ¿quién soy yo?
La voz replicó amablemente:
_No puedes pretender aprender todo de golpe.
¿Por qué NO te vas a dormir?

_Está bien _dijo el caballero_, pero antes, quiero saber cómo debo llamarte.
_¿Llamarme? _preguntó la voz, perpleja _
Pero si yo soy tú!
_No puedo llamarte yo. Me confunde.
_Está bien. Llámame Sam.
_¿Por qué Sam?
_¿Y por qué NO? _fue la respuesta.
_Tienes que conocer a Merlín _dijo el caballero, empezando a cabecear de cansancio. Luego se le cerraron los ojos mientras se sumergía en un profundo y dulce sueño.
Cuando se despertó, NO sabía dónde estaba. Tan sólo era consciente de sí mismo.
El resto del mundo parecía haberse desvanecido. A medida que se fue despertando, el caballero se fue dando cuenta de que Ardilla y Rebeca estaban sentadas sobre su pecho.
_¿Cómo habéis entrado aquí? _preguntó.
Ardilla rió.
_No estamos ahí
_Vos estáis aquí _arrulló Rebeca.
El caballero abrió más los ojos y se sentó.
Miró a su alrededor sorprendido.
Sin lugar a dudas, se encontraba sentado sobre el Sendero de la Verdad, al otro lado del Castillo del Silencio.

_¿Cómo salí de allí? _preguntó.
Rebeca le respondió:
_De la única manera posible. Pensando.
_Lo último que recuerdo _dijo el caballero _ es que estaba hablando con…_Aquí se detuvo.
Quería contarles a Rebeca y Ardilla acerca de Sam, pero NO era fácil de explicar.Además podía habérselo imaginado todo. Tenía mucho que pensar. El caballero se rascó la cabeza, pero tardó un momento en darse cuenta de que en realidad estaba rascando su propia piel.Se llevó las dos manos envueltas en acero a la cabeza. ¡Su yelmo había desaparecido! Se tocó la cara y la larga barba_. ¡Ardilla! ¡Rebeca! _gritó.
_Ya lo sabemos _dijeron en un alegre unísono _.Habéis debido llorar otra vez en el Castillo del Silencio.
_Lo hice _replicó el caballero_. Pero,¿cómo puede haberse oxidado todo un yelmo en una noche?
Los animales rieron con estrépito. Rebeca yacía sin aliento, dando aletazos contra el suelo. Al caballero le pareció que estaba fuera de sus pajarillos. Exigió que le hicieran saber qué era tan gracioso.
Ardilla fue la primera en recuperar el aliento.
_No estuvisteis sólo una noche en el castillo.
_Entonces, ¿durante cuánto tiempo?
_Y si os dijera que mientras estabais ahí dentro pude haber recogido fácilmente más de cinco mil nueces?
_Diría que estáis loca! _exclamó el caballero.
_Pues permanecisteis en el castillo durante mucho, muchísimo tiempo _afirmó Rebeca.

El caballero dejó caer la mandíbula incrédulo.
Miró hacia el cielo y, con una resonante voz, dijo:
_Merlín, debo hablar con vos.
Como había prometido, el mago apareció inmediatamente.
Iba desnudo, a excepción de su larga barba, y estaba completamente mojado. Parecía que el caballero le había llamado mientras tomaba un baño.
_Lamento la intrusión _dijo el caballero_, pero era una urgencia. Yo…
_No hay problema _dijo Merlín, interrumpiéndolo_. Los magos somos molestados a menudo. _Sacudió el agua de la barba_. Respondiendo a vuestra pregunta, he de deciros que es verdad. Permanecisteis en el Castillo del Silencio por un largo tiempo.
Merlín NO dejaba de sorprender al caballero.
_¿Cómo sabíais lo que quería preguntaros?
_Como me conozco, puedo conoceros. Somos todos parte el uno del otro.
El caballero pensó un momento.
_Estoy empezando a entender.
¿He podido comprender el dolor de Julieta porque soy parte de ella?
_Sí _respondió Merlín_.
Por eso pudisteis llorar por ella y por vos mismo.
Fue la primera vez que derramasteis lágrimas por otra persona.El mago sonrió indulgente.
_Uno NO debe sentirse orgulloso por ser humano. Tiene tan poco sentido como que Rebeca se sintiera orgullosa por poder volar. Rebeca nació con alas. Vos nacisteis con un corazón, y ahora lo estáis utilizando, como es natural.
_Realmente sabéis cómo desanimar a un amigo, Merlín.
_No era mi intención ser duro con vos.
Lo estáis haciendo bien, de NO ser así, NO hubierais conocido a Sam.
El caballero se sintió aliviado.
_Entonces, ¿lo oí realmente? ¿NO fue sólo mi imaginación?
Merlín soltó una risita ahogada.
_No, Sam es real. De hecho, es un YO más real que el que habéis estado llamando YO durante todos estos años.
No os estáis volviendo loco.
Simplemente, estáis empezando a oír a vuestro YO VERDADERO.
Por esta razón el tiempo transcurrió sin que os dierais cuenta.
_No lo comprendo _dijo el caballero.
_Comprenderéis cuando hayáis pasado por el Castllo del Conocimiento.
Antes de que el caballero pudiera hacer más preguntas, Merlín desapareció.

C O N T I N U A R Á…

Pd: Falta muy poco para terminarlo d leer 😉
Pd2: Beijos
Sarah

Axolotl

Posted in C U E N T O S, Cuentos NOVELAS, LITERATURA with tags on 24 mayo, 2011 by Sarah S

Axolotl
Un Cuento de Julio Cortázar

Hubo un tiempo en que yo pensaba mucho en los axolotl.
Iba a verlos al acuario del Jardin des Plantes y me quedaba horas mirándolos, observando su inmovilidad,sus oscuros movimientos.Ahora soy un axolotl.
El azar me llevó hasta ellos una mañana de primavera en que París abría su cola de pavo real después de la lenta invernada.
Bajé por el Boulevar de Port-Royal, tomé St.-Marcel y L´Hopital, vi los verdes entre tanto gris, y me acordé de los leones.Era amigo de los leones y las panteras,pero nunca había entrado en el húmedo y oscuro edificio de los acuarios.
Dejé mi bicicleta contra las rejas y fui a ver los tulipanes.Los leones estaban feos y tristes y mi pantera dormía.
Opté por los acuarios, soslayé peces vulgares hasta dar inesperadamente con los axolotl. Me quedé una hora mirándolos y salí, incapaz de otra cosa.

En la biblioteca Sainte-Geneviève consulté un diccionario y supe que los axolotl son formas larvales, provistas de branquias, de una especie de batracios del género amblistoma.Leí que se han encontrado ejemplares en África capaces de vivir en tierra durante durante los períodos de sequía , y que continúan su vida en el agua al llegar la estación de las lluvias.Encontré su nombre español, ajolote, la mención de que son comestibles y que su aceite se usaba (se diría que no se usa más)como el aceite de bacalao.
No quise consultar obras especializadas,pero volví al día siguiente al Jardin des Plantes.Empecé a ir todas las mañanas,a veces de mañana y de tarde.El guardían de los acuarios sonreía perplejo al recibir el billete. Me apoyaba en la barra de hierro que bordea los acuarios y me ponía a mirarlos.No hay nada de extraño en esto, porque desde el primer momento comprendí que estábamos vinculados, que algo infinitamente perdido y distante seguía sin embargo uniéndonos.
Me había bastado detenerme aquella mañana ante el cristal donde unas burbujas corrían en el agua.Los axolotl se amontonaban en el mezquino y angosto (sólo yo puedo saber cuán angosto y mezquino) piso de piedra y musgo del acuario.Había nueve ejemplares, y la mayoría apoyaba la cabeza contra el cristal,mirando con sus ojos de oro a los que se acercaban.Turbado, casi avergonzado,sentí como una impudicia asomarme a esas figuras silenciosas e inmóviles aglomeradas en el fondo del acuario.
Aislé mentalmente una, situada a la derecha y algo separada de las otras,para estudiarla mejor. Vi un cuerpecito rosado y como traslúcido(pensé en las estatuillas chinas de cristal lechoso), semejante a un pequeño lagarto de quince centímetros, terminado en cola de pezde una delicadeza extraordinaria, la parte más sensible de nuestro cuerpo.Por el lomo le corría una aleta transparente que se fusionaba con la cola, pero lo que me obsesionó fueron las patas, de una finura sutilísima, acabadas en menudos dedos,en uñas minuciosamente humanas.
Y entonces descubrí sus ojos, su cara.Un rostro inexpresivo, sin otro rasgo que los ojos, dos orificios como cabeza de alfiler, enteramente de un oro transparente, carentes de toda vida pero mirando, dejándose penetrar por mi mirada que parecía pasar a través del punto áureo y perderse en un diáfano misterio interior.
Un delgadísimo halo negro rodeaba el ojo y lo inscribía en la carne rosa, en la piedra rosa de la cabeza vagamente triangular pero con lados curvos e irregulares, que le daban una total semejanza con una estatuilla corroída por el tiempo.La boca estaba disimulada por el plano triangular de la cara, sólo de perfil se adivinaba su tamaño considerable;de frente una fina hendedura rasgaba apenas la piedra sin vida. A ambos lados de la cabeza, donde hubieran debido estar las orejas, le crecían tres ramitas rojas como de coral, una excrecencia vegetal, las branqueas, supongo.

Y era lo único vivo en él,cada diez o quince segundos las ramitas se enderezaban rígidamente y volvían a bajarse.
A veces una pata se movía apenas, yo veía los diminutos dedos posándose con suavidad en el musgo.Es que no nos gusta movernos mucho, y el acuario es tan mezquino,apenas avanzamos un poco nos damos con la cola o la cabeza de otro de nosotros;surgen dificultades,peleas, fatiga.El tiempo se siente menos si nos estamos quietos.
Fue su quietud la que me hizo inclinarme fascinado la primera vez que vi a los axolotl.
Oscuramente me pareció comprender su voluntad secreta, abolir el espacio y el tiempo con una inmovilidad indiferente.Después supe mejor, la contracción de las branquias, el tanteo de las finas patas en las piedras, la repentina natación (algunos de ellos nadan con la simple ondulación del cuerpo) me probó que eran capaces de evadirse de ese sopor mineral en que pasaban horas enteras. Sus ojos, sobre todo, me obsesionaban.
Al lado de ellos, en los restantes acuarios, diversos peces me mostraban la simple estupidez de sus hermosos ojos semejantes a los nuestros. Los ojos de los axolotl me decían de la presencia de una vida diferente, de otra manera de mirar. Pegando mi cara al vidrio (a veces el guardián tosía inquieto) buscaba ver mejor los diminutos puntos áureos,esa entrada al mundo infinitamente lento y remoto de las criaturas rosadas. Era inútil golpear con el dedo en el cristal, delante de sus caras; jamás se advertía la menor reacción. Los ojos de oro seguían ardiendo con su dulce, terrible luz; seguían mirándome desde una profundidad insondable que me daba vértigo.

Y sin embargo estaban cerca.Lo supe antes de esto, antes de ser un axolotl. Lo supe el día en que me acerqué a ellos por primera vez. Los rasgos antropomórficos de un mono revelan, al revés de lo que cree la mayoría, la distancia que va de ellos a nosotros. La absoluta falta de semejanza de los axolotl con el ser humano me probó que mi reconocimiento era válido,que no me apoyaba en analogías fáciles. Sólo las manecitas…Pero una lagartija tiene también manos así,y en nada se nos parece.Yo creo que era la cabeza de los axolotl, esa forma triangular rosada con los ojillos de oro. Eso miraba y sabía. Eso reclamaba. No eran animales.

Parecía fácil, casi obvio, caer en la mitología.
Empecé viendo en los axolotl una metamorfosis que no conseguía anular una misteriosa humanidad.Los imaginé conscientes, esclavos de su cuerpo, infinitamente condenados a un silencio abisal, a una reflexión desesperada. Su mirada ciega, el diminuto disco de oro inexpresivo y sin embargo terriblemente lúcido, me penetraba como un mensaje :”Sálvanos, Sálvanos”.
Me sorprendía musitando palabras de consuelo,transmitiendo pueriles esperanzas.Ellos seguían mirándome, inmóviles, de pronto las ramitas rosadas de las branquias se enderezaban. En ese instante yo sentía como un dolor sordo; tal vez me veían, captaban mi esfuerzo por penetrar en lo impenetrable.No eran seres humanos, pero en ningún animal había encontrado una relación tan profunda conmigo.
Los axolotl eran como testigos de algo, y a veces como horribles jueces. Me sentía innoble frente a ellos; había una pureza tan espantosa en esos ojos transparentes. Eran larvas,pero larva quiere decir máscara y también fantasma. Detrás de esas caras inexpresivas y sin embargo de una crueldad implacable,¿qué imagen esperaba su hora?

Les temía. Creo que de no haber sentido la proximidad de otros visitantes y del guardián, no me hubiese atrevido a quedarme solo con ellos.
“Usted se los come con los ojos “, me decía riendo el guardián, que debía suponerme un poco desequilibrado.
No se daba cuenta de que eran ellos los que me devoraban lentamente por los ojos , en un canibalismo de oro.
Lejos del acuario no hacía más que pensar en ellos, era como si me fluyeran a distancia. Llegué a ir todos los días, y de noche los imaginaba inmóviles en la oscuridad, adelantando lentamente una mano que de pronto encontraba la de otro.

Acaso sus ojos veían en plena noche, y el día continuaba para ellos indefinidamente. Los ojos de los axolotl no tienen párpados.

Ahora sé que no hubo nada de extraño, que eso tenía que ocurrir. Cada mañana, al inclinarme sobre el acuario, el reconocimiento era mayor. Sufrían, cada fibra de mi cuerpo alcanzaba ese sufrimiento amordazado, esa tortura rígida en el fondo del agua. Espiaban algo, un remoto señorío aniquilado,un tiempo de libertad en que el mundo había sido de los axolotl.
No era posible que una expresión tan terrible que alcanzaba a vencer la inexpresividad forzada de sus rostros de piedra, no portara un mensaje de dolor, la prueba de esa condena eterna, de ese infierno líquido que padecían. Inútilmente quería probarme que mi propia sensibilidad proyectaba en los axolotl una conciencia inexistente. Ellos y yo sabíamos. Por eso no hubo nada de extraño en lo que ocurrió.

Mi cara estaba pegada al vidrio del acuario, mis ojos trataban una vez más de penetrar el misterio de esos ojos de oro, sin iris, y sin pupila.
Veía de muy cerca la cara de un axolotl inmóvil junto al vidrio. Sin transición, sin sorpresa, vi mi cara contra el vidrio, en vez del axolotl, vi mi cara contra el vidrio, la vi afuera del acuario,la vi del otro lado del vidrio.Entonces mi cara se apartó y yo comprendí.

Sólo una cosa era extraña :seguir pensando como antes,saber. Darme cuenta de eso fue en el primer momento como el horror del enterrado vivo que despierta a su destino. Afuera, mi cara volvía a acercarse al vidrio, veía mi boca de labios apretados por el esfuerzo de comprender a los axolotl y sabía ahora instantáneamente que ninguna comprensión era posible. Él estaba fuera del acuario, su pensamiento era un pensamiento fuera del acuario.
Conociéndolo, siendo él mismo, yo era un axolotl y estaba en mi mundo. El horror venía – lo supe en el mismo momento-de creerme prisionero en un cuerpo de axolotl, transmigrado a él con mi pensamiento de hombre, enterrado vivo en un axolotl,condenado a moverme lúcidamente entre criaturas insensibles .Pero aquello cesó cuando una pata vino a rozarme la cara, cuando moviéndome apenas a un lado vi a un axolotl junto a mi que me miraba, y supe que también él sabía, sin comunicación posible pero tan claramente. O yo estaba también en él, o todos nosotros pensábamos como un hombre, incapaces de expresión, limitados al resplandor dorado de nuestros ojos que miraban la cara del hombre pegada al acuario.

Él volvió muchas veces, pero viene menos ahora. Pasa semanas sin asomarse. Ayer lo ví, me miró largo rato y se fue bruscamente.
Me pareció que no se interesaba tanto por nosotros, que obedecía a una costumbre. Como lo único que hago es pensar, pude pensar mucho en él. Se me ocurre que al principio continuamos comunicados, que él se sentía más que nunca unido al misterio que lo obsesionaba. Pero los puentes están cortados entre él y yo, porque lo que era su obsesión es ahora un axolotl, ajeno a su vida de hombre.

Creo que al principio yo era capaz de volver en cierto modo a él – ah, sólo en cierto modo- y mantener alerta su deseo de conocernos mejor.
Ahora soy definitivamente un axolotl, y si pienso como un hombre es sólo porque todo axolotl piensa como un hombre dentro de su imagen de piedra rosa.Me parece que de todo esto alcancé a comunicarle algo en los primeros días, cuando yo era todavía él. Y en esta soledad final,a la que él ya no vuelve,me consuela pensar que acaso va a escribir sobre nosotros, creyendo imaginar un cuento va a escribir todo esto sobre los axolotl.

Aladino & la Lámpara Maravillosa

Posted in Autores Desconocidos, C U E N T O S, Cuentos NOVELAS with tags on 18 mayo, 2011 by Sarah S

Aladino & la Lámpara Maravillosa
Autor: Desconocido
Cuento popular
Aladino & El Palacio

Hace mucho tiempo según cuenta una antigua leyenda recogida en el libro de “Las Mil y Una Noches”, vivía en una ciudad de Persia un anciano, sastre llamado Mustafá, con su esposa y su hijo Aladino.
Vivian modestamente pero eran felices.Pero el sastre murió y Aladino y su madre quedaron sumidos en la pobreza.
Un dia que Aladino iba por la calle en busca de trabajo, se le acercó un forastero y le dijo:_¿No eres tú el hijo de Mustafá el sastre? _Yo soy_contestó el muchacho_, pero mi padre ha muerto.

_¡Que terrible desgracia!_dijo el forastero_, pero que alegria conocer a mi sobrino, pues has de saber que soy hermano de tu padre.
Lleva estas monedas a tu madre;mañana iré a visitarlos.
La madre de Aladino quedó asombrada al oír aquello, pues NO sabia que su marido tuviera un hermano.
De todas formas, se alegró mucho al ver las monedas de oro y no sospechó nada.

Al día siguiente el forastero fue a buscar a Aladino y le pidió que lo acompañara al campo y en un lugar apartado le dijo:_¿Verdad que hace frio?, ¿Por qué no preparas una hoguera ?. Aladino hizo lo que le pedia el forastero ;pero éste NO era su tio, sino un mago:vertió en la hoguera un líquido y apareció una losa bajo las llamas.

La losa tenia una argolla, Aladino mudo de asombro, tiró de ella a petición del mago.
Al apartar la losa , vio una escalera , el mago le dio un anillo y le dijo:_Esto te protegerá.
Al final de la escalera hallarás una cueva y en ella una lámpara.
Tráemela.

Aladino bajó tembloroso la oscura escalera y, tal como habia dicho el mago , en la cueva encontró una vieja lámpara.
La tomó rapidamente y volvió a subir;pero cuando estaba casi arriba el mago le gritó con malos modos :_Dame esa lámpara si no quieres que te deje en la cueva.
Muy asustado , Aladino contestó:_Sí, pero antes déjame salir.
Al oir esto, el mago se puso FURIOSO , dejó caer la losa y se fue.
Viéndose encerrado, Aladino frotó la lámpara intentando encenderla.
De pronto dentro de la lámpara salió un genio.
_¿Qué deseas?_preguntó el genio.
_Salir de aquí_contestó.

Aladino que NO podia creer lo que veia, e inmediatamente se encontró en el campo.
El muchacho corrió a su casa y le contó lo ocurrido a su madre.
La mujer NO le creyó y dijo:_Al menos podemos vender esta lámpara y comprar algo de comida.La limpiaré un poco para que no parezca tan vieja.

Pero cuando frotó la lámpara volvió a aparecer el genio y preguntó que deseaban.
La madre pidió comida , pues pasaban hambre y el genio llenó la mesa de ricos manjares.
Pasó el tiempo …
Un buen dia Aladino se cruzó con la hija del Sultán y se enamoró de ella.
Le pidió al genio un cofre lleno de joyas y luego rogó a su madre que se lo llevara al sultán y le pidiera la mano de la princesa.
Así lo hizo la madre , y el Sultán quedó encantado con las joyas.
_Mucho me complace el regalo de tu hijo_dijo el Sultán_;pero si quiere casarse con la princesa tendrá que construir en diez dias un palacio digno de ella.

Un palacio de mármol con columnas de oro,que no tenga igual en el mundo entero.
Entonces Aladino frotó la lámpara maravillosa y le dijo al genio lo que queria el Sultán.
El genio se puso manos a la obra, y poco después se alzaba , al otro lado de los bosques reales,el más lujoso de los palacios.Maravillado, el Sultán concedió a Aladino la mano de su hija.
Después de los grandes festejos de la boda, Aladino y la princesa fueron a vivir al palacio construido por el genio, y eran muy felices.
Hasta que un dia pasó cerca del palacio un vendedor ambulante gritando:_¡Cambio lámparas viejas por nuevas!.
La princesa oyó y decidió cambiar la vieja lámpara de su esposo por otra dorada y brillante.Pero el vendedor era el mago disfrazado, y en cuanto tuvo la lámpara ordenó al genio que se llevara el palacio, con la princesa dentro a un desierto de Africa.
Al enterarse de lo sucedido , Aladino , desesperado, se retorcía las manos de angustia.De pronto frotó sin darse cuenta el anillo que le habia dado el mago y apareció otro genio ante él.
Tartamudeando por el asombro , Aladino le rogó que lo llevara junto a su esposa.
Volando por el aire , llegaron rapidamente hasta el palacio que el mago habia robado.
La princesa muy triste, estaba asomada a una ventana , y al verla Aladino se reunió con ella.
El mago ,al oir ruidos acudió al sitio, pero Aladino le pidió al genio del anillo que se lo llevara muy lejos de allí.
Luego Aladino y la Princesa registraron las habitaciones que habia ocupado el mago, hasta que finalmente encontraron la lámpara maravillosa.
La frotaron y al instante apareció el genio de la lámpara…
_Llévanos, con el palacio y todo lo que contiene, otra vez a nuestra ciudad _pidió Aladino.
El genio obedeció en segundos y desde entonces Aladino y su esposa vivieron felices…

Chin Pum…

Sarah.

Ilusiones…

Posted in Cuentos NOVELAS, Libros, Textos with tags on 17 mayo, 2011 by Sarah S

Ilusiones
Richard Bach

9

Los días se fusionaron, confusamente, unos con otros.
Volábamos como siempre, pero yo había dejado de calcular la duración del verano por los nombres de los pueblos o por el dinero que ganábamos.Empecé a medir su duración por las cosas que aprendía, las conversaciones que entablábamos cuando terminábamos de volar,y los milagros que se producían alguna que otra vez en el trayecto, hasta que por fin llegó el momento en que comprendí que NO eran MILAGROS.

Imaginad
el Universo Bello
y justo y
perfecto

-me dijo en una oportunidad el manual.

Convenceos luego
de esto:
Lo que es
lo ha imaginado
bastante mejor que
vosotros.

Capítulo 9 “Ilusiones”
Richard Bach

Um Beijo
Sarah

Los Dos Reyes & Los Dos Laberintos

Posted in Cuentos NOVELAS, LITERATURA with tags on 7 mayo, 2011 by Sarah S

Los Dos Reyes y Los Dos Laberintos
Jorge Luis Borges

Cuentan los hombres dignos de fe (pero Alá sabe más) que en los primeros días hubo un rey de las islas de Babilonia que congregó a sus arquitectos y magos y les mandó a construir un laberinto tan perplejo y sutil que los varones más prudentes no se aventuraban a entrar, y los que entraban se perdían.
Esa obra era un escándalo, porque la confusión y la maravilla son operaciones propias de Dios y no de los hombres. Con el andar del tiempo vino a su corte un rey de los árabes, y el rey de Babilonia (para hacer burla de la simplicidad de su huésped) lo hizo penetrar en el laberinto, donde vagó afrentado y confundido hasta la declinación de la tarde. Entonces imploró socorro divino y dio con la puerta.
Sus labios no profirieron queja ninguna, pero le dijo al rey de Babilonia que él en Arabia tenía otro laberinto y que, si Dios era servido, se lo daría a conocer algún día.
Luego regresó a Arabia, juntó sus capitanes y sus alcaldes y estragó los reinos de Babilonia con tan venturosa fortuna que derribo sus castillos, rompió sus gentes e hizo cautivo al mismo rey.
Lo amarró encima de un camello veloz y lo llevó al desierto.
Cabalgaron tres días, y le dijo: “Oh, rey del tiempo y substancia y cifra del siglo!, en Babilonia me quisiste perder en un laberinto de bronce con muchas escaleras, puertas y muros; ahora el Poderoso ha tenido a bien que te muestre el mío, donde no hay escaleras que subir, ni puertas que forzar, ni fatigosas galerías que recorrer, ni muros que veden el paso.”
Luego le desató las ligaduras y lo abandonó en la mitad del desierto, donde murió de hambre y de sed. La gloria sea con aquel que no muere.

Jorge Luis Borges
(Texto Completo)

**Los dos reyes y los dos laberintos**
Borges presenta su LABERINTO más perfecto, el desierto, donde no hay escaleras, muros ni puertas pero sí infinidad de caminos. Todos posibles.Todos inciertos…

Un Beso
Sarah

Tiempo de Puñales

Posted in Cuentos NOVELAS, Cuentos Policiales, LITERATURA with tags on 5 mayo, 2011 by Sarah S

Tiempo de Puñales
de Norberto Firpo

No hacía calor.Era apenas el hálito de un verano en acecho. Era la tarde del 12 de noviembre de 1953 y Sergio Kuperman había salido del hotel llevando en el bolsillo de su chaqueta un telegrama que hasta entonces había guardado entre sus cartas y recortes de periódicos.Estaba fechado en Salta el 12 de noviembre de 1951, es decir, exactamente dos años atrás. Decía tan solo esto: “Tu hermano Sebastián ha muerto”, y firmaba un compañero de Sebastián a quien él conocía.
Lo leyó otra vez y sonrió porque se le había ocurrido una magnífica idea. Cuidadosamente rompió un extremo del papel_apenas lo necesario y de forma que pareciese accidental_para hacer desaparecer la constancia del año y que sólo se leyera “12 de noviembre de…”
Después anduvo un rato por el pueblo, un nostálgico pueblo de llanura, blanquecino y polvoriento, aferrado como un viejo maniático a sus dolores tradicionales.El circo había llegado e instalado su carpa no muy lejos de ese esbelto edificio de dos cuerpos, algo realmente insólito en aquel escenario de adobes chatos, transitado de paisanos somnolientos y de gallinas y caballos flacos a medio calcinar.
Sergio Kuperman llegó al hotel a la hora de la cena. Compartía su cuarto del tercer piso con Leonardo Trauves, el trapecista, a quien encontró frente al espejo,luciendo ya sus mejores galas porque esa noche en una residencia de las afueras le ofreciean una fiesta a los componentes de la troupe.

_¿Todavía así? ¿Cuándo te vestís? Debemos bajar a comer y…
_Ya mismo, ya mismo. Ocúpate de apurar a Ludmila, mientras.
Trauves dio los toques finales a su moño.

_Voy para allá.

Y apenas lo hubo dejado solo, Sergio Kuperman hurgó en las valijas hasta dar con un tubo de somníferos, cuyo contenido reemplazó por dos analgésicos vulgares. Luego colocó el tubo en un compartimiento de la mesita de luz que mediaba entre las dos camas. Se vistió apresuradamente y bajó.
Justamente debajo de su cuarto, en el segundo piso, se hospedaba Ludmila Pavlova, la ecuyère, una bonita muchacha de cabellos rubios y sonrisa fresca, grácil como una espiga y tan leve que a más de uno le pareció la materialización del candor . En las funciones irrumpía en la arena luciendo una ajustada malla de lentejuelas multicolores, montando garborosamente un bien alimentado pony rojo. Además de poner en funcionamiento el ventrículo becqueriano del corazón de los hombres, Ludmila cumplía otra función ( aunque no ya tan artística):era la amante de Eric Reagan.
Sergio Kuperman sabía que ella no concurriría a la fiesta de esa noche , precisamente porque el viejo Eric le había prohibido ir. Pero igualmente se mostró sorprendido cuando entró en la habitación de Ludmila, que terminaba de arreglarse,y Trauves le adelantó.

_¿Sabés que ella no viene?
Le fue fácil llegarse hasta el radiador de la calefacción y abrir al máximo la llave que permitía el acceso de calor.

_No, no iré. Estoy muy cansada.

De paso comprobó satisfecho que estaban las ventanas cerradas.
Cenaron. Sergio Kuperman se levantó antes que los demás y se dirigió al hall de entrada. Con toda naturalidad simuló extraer cierta correspondencia de su casillero, simuló leerla y, cuando advirtió que alguien se acercaba , hizo de cuentas que una gran aflicción acababa de aplastarlo.
Trauves y Cordeiro, el tramoyista, no tardaron en participar de su abatimiento. Su angustia era tan evidente que muy pronto se convirtió en el eje de la rueda de la solidaridad y no del todo resignado soportó apretones de manos, palmoteos, y frases de consuelo.

_Sebastián…¡Pobre hermano!

En realidad, la seguridad de que todos, absolutamente todos, ignoraban que la muerte de su hermano había ocurrido dos años atrás, dio a Sergio Kuperman fuerzas suficientes para llevar adelante su tragedia.
Por un momento tuvo una visión: se vio en un gran escenario, envuelto en sedas negras, calavera en la diestra y el rostro empolvado, declamando “That is the question…”.
El viejo Eric, interesado y hermético como era, ni siquiera se distrajo un minuto en amables falsedades .

_Vaya a dormir, Sergio _le dijo_. Mañana haremos función especial y es necesario que usted se encuentre perfectamente. Su hermano ha muerto. Es un hecho consumado. En cambio la función es mañana y debe salir bien…

Sergio Kuperman se excusó ante sus amigos y les pidió encarecidamente que NO perdieran la fiesta por él. Hubo vacilaciones , murmullos, tironcitos de conciencia, que cómo lo iban a dejar solo, pero finalmente y como era de esperar todos se fueron, excepto Cordeiro, que lo acompañó hasta su habitación, y Ludmila y Eric Reagan, que se pusieron a jugar a los naipes, como todas las noches, antes de irse a dormir.
Ni bien llegó a su cuarto, Sergio Kuperman se echó sobre la cama y le pidió a Cordeiro que le alcanzara el tubo de sedantes.

_No abuses…

_Los necesito para dormir.

Le trajo un vaso de agua y Kuperman ingirió los dos analgésicos.
_ ¿Dos?_insistió el amigo_ Con uno tenías asegurado un sueño de diez horas…

Cuando el tramoyista se fue y Sergio Kuperman volvió a quedar solo, fresco y más despierto que nunca, repasó calmosamente los detalles de su plan. Y algo más: del insondable archivo de su mente extrajo el recuerdo de su amor por Ludmila. Sí, en efecto, no era ese el momento indicado para historiar un tonto romance, una cosa terminada para siempre, pero NO podía olvidar que arrullos, caricias y las promesas dieron origen a un seguro recíproco ajustado a una cláusula más seductora que Ludmila misma: cualquiera de los dos que muriese daba ocasión al sobreviviente a alzarse con una pequeña fortuna.
Como él se encargó siempre de pagar las cuotas, ella se olvidó muy pronto de su existencia.
Preguntó, sí, por él alguna vez, pero Sergio Kuperman eludió la respuesta y ella sin duda imaginó que la póliza había perdido vigencia.
Sonrió maliciosamente. A través de la ventana observó que era una noche espléndida, serena.
Pensó con alegría que las puertas de las habitaciones, que daban al pasadizo, no podían ser abiertas del lado de afuera, que se necesitaba llave para ella y que Trauves , que tenía una, no volvería en menos de tres horas.
Entonces abrió su ventana y se deslizó al exterior . La sombra lo tragó inmediatamente.
El hotel estaba casi desierto y todo el silencio del universo se aplastaba contra la tierra como si quisiera poseerla y fecundarla en soledad.
El 12 de noviembre de 1951, bajo una vieja lona de circo, murió el hermano mayor de Sergio Kuperman. Estaba componiendo los aparejos de un trapecio, a veinte metros de altura, cuando perdió pie y cayó al vacío.Fue a golpear exactamente sobre la cama de púas en que solía ejercitarse el faquir, aunque _dicho sea en honor a la verdad _ hubiera muerto lo mismo de haber caído sobre la arena de la pista.
El hecho ocurrió en horas de la mañana y sin que nadie pudiera presenciarlo.
Quienes lo descubrieron encontraron su cuerpo mortalmente lacerado por los clavos y encima suyo, en lo alto, un trapecio falseado balanceándose suavemente.
Sebastián había sido para Sergio un amigo y un maestro, y lo lloró en aquellos días en que realmente recibió el telegrama del compañero.
Pero en los dos años transcurridos, Sergio Kuperman había ingresado también él a una troupe y había aprendido a aceptar como un azar lógico el perder pie en un momento cualquiera y provocar, por fin, el gozo del público.
Ahora ya no sentía escrúpulos y se había aprovechado de aquel telegrama que guardaba celosamente entre recortes de diarios, porque era el punto de arranque de una sutil combinación que esa noche culminaría… A fe de Sergio Kuperman , esa noche él cometería un crimen perfecto.
Aferrándose a las salientes de la construcción descendió hasta el piso inmediato. El cuarto de Ludmila. A través de la ventana escrutó la sombra interior y comprobó que no había nadie. Ella estaría todavía jugando a los naipes, una partida tras otra, aburriéndose más y más, porque ése era parte del premio que se le exigía para lucir las lentejuelas y figurar en las carteleras y disponer de unos pocos pesos.
Del costado de la ventana arrancaba un cable de acero que atravesaba el vacío entre uno y otro block del edificio. Un tenso cable de acero…Sergio Kuperman, el equilibrista, debería realizar el mismo número de todos los días, sólo que esta vez esperaba que fuera sin público.
Cruzó lentamente, llegó al otro extremo y se detuvo sobre la otra cornisa. De nuevo echó un vistazo a la ventana que tenía enfrente ( ella no tardaría en llegar,el viejo Eric le daría un beso paternal y se iría) y a la de arriba, la suya, un nido negrísimo al que pronto regresaría. Por debajo se extendía el solitario jardín.
A Sergio Kuperman se le ocurrió que todo cuanto lo rodeaba_ el jardín, las paredes blancas, la noche, un silencio tachonado de grillos _ participaba de su expectación, se aliaba en su favor con los nervios duros y el corazón redoblante. Perpetrar un crimen era nomás una extraordinaria aventura.
Ludmila apareció de golpe. Encendió la luz y Eric Reagan la beso en la frente , y de inmediato se fue. Sergio Kuperman se puso los guantes. Ella cerró la puerta, dio dos pasos, algo la sorprendió. Un contratiempo: vaciló un instante y luego, resueltamente, corrió al calefactor y cerró la llave.
¡ Ese endemoniado calor! Ludmila Pavlova había nacido y se había criado al pie de los Alpes transilvanos, entre la nieve, y tanto la había curtido el jadeo helado de la estepa que ahora aborrecía el calorcillo sofocante que irradiaban esas máquinas… Ludmila sorprendía a sus compañeros durmiendo con las ventanas abiertas aun en las noches más destempladas del invierno. No, por más que se burlaran NO soportaba el calor.
Abismo por medio, Sergio Kuperman había tomado todas las providencias. En su mano centelleaba ya un acero. Contuvo la respiración: Ludmila caminaba hacia la ventana _que se abría por dentro; una de esas hojas deslizables, como las del tren, que sólo pueden ser accionadas desde el interior_, un par de metros que a él le parecieron kilómetros.
Cuando ella abrió por fin la ventana y se dispuso a inhalar la primera bocanada de aire fresco, un puñal , diestramente lanzado, hendió el espacio y fue a herirla al cuello. (“En la garganta_ había pensado Sergio Kuperman_, para impedir que grite”.)
Ludmila cayó de bruces y simultáneamente se cerró la ventana, ya que el impacto NO le había dado tiempo a asegurarla a los soportes.
Profunda calma. Antes de volver a atravesar el hueco, Sergio Kuperman constató que nadie había presenciado el espectáculo de su crimen. Se detuvo unos segundos en la ventana de su víctima, lo suficiente para comprobar que yacía muerta y que todo había salido bien. Se encaramó a su habitación y entonces sí , cumplida la faena, tomó un somnífero y se echó a la cama.
Todo había salido bien, en efecto, y la suerte le había sonreído.
Tembló por su audacia cuando pensó que alguien hubiera podido verlo desde otras ventanas y dar la voz de alarma; que pudo haber caído al vacío , sobre todo porque en la sombra apenas veía el cable que debía pisar ; que cabía la posibilidad de que NO acertara con el lanzamiento del cuchillo (habilidad que ignoraban en el circo y para la que se había estado adiestrando secretamente) , y, en fin, que la muchacha pudo no haberse conducido tal como lo hizo y como él lo había calculado.
Lo que NO hizo Sergio Kuperman antes de caer dormido fue analizar si Ludmila merecía tal fin. Aunque él creía que los merecimientos humanos son algo tan superfluo que no valía la pena tener en cuenta.
Mejor era NO ocuparse de ellos sino para gastar bromas o para establecer el grado de disociación con la justicia que debería regir al hombre, vía Dios.
A la mañana siguiente el hotel se llenó de señores de impermeable que se paseaban por los pasillos y el jardín y miraban por el rabillo del ojo, como si en la telaraña del techo o en las colillas dispersas por doquier o detrás del cortinado estuviese la clave del enigma.
La policía se veía apurada frente a un crimen inteligentemente urdido, a uno de esos crímenes que casi NO suceden en la realidad y que uno sólo puede ver en el cine o leer en las revistas especializadas, pero no enalteciendo las columnas rojas de los periódicos.
¡El crimen perfecto! Mientras Sergio Kuperman deslizaba los guantes de látex entre los trapos que utilizaba el lanzador de cuchillos, lamentó la mezquina gloria a que podía aspirar un intelectual como él.
Se sentía un poco artista, un poco escultor o poeta, puesto que entregaba su obra al arbitraje de un público ávido de crónicas horrendas.
Un crimen perfecto despierta admiración después de todo, y esta idea lo deleitó íntimamente.
Un placer hormigueante lo enardeció en secreto y lo estimuló cuando, esa misma tarde, debió comparecer ante el comisario Baliari.
Baliari era un tipo plácido, como el paisaje. Estaba identificado con el villorrio y con la llanura; era un hombre solariego y tenía cara de haberse levantado recién de una larga siesta. Sin embargo era un policía astuto. Le había dicho a un oficial que llamase a ese Kuperman y eso significaba que había pescado una punta de la madeja y que pronto llegaría a la otra.
_ ¿Me buscaba?
Allí lo tenía enfrente suyo Ése era. Lo estudió un rato antes de abrir la boca.

_ A sus órdenes.
_ Le agradezco…Explíqueme entonces cómo hizo.
Sergio Kuperman tuvo un escalofrío.

_No sé de qué me habla _ exclamó, tratando de aparentar otro tipo de sorpresa.
_ Los demás estaban lejos de aquí, en la fiesta.
Baliari se mostraba cruelmente parsimonioso.
_No todos, No todos…Además eso NO significa…
_No puede ser sino usted. He hablado con algunas personas…Con el dueño del circo, con Leonardo Trauves, con un hombrecillo llamado Cibernelli…¿Lo conoce?
_Es el lanzador de cuchillos.

El comisario lanzó una sonrisa imperceptible.

_Le falta un dedo en la mano derecha, ¿no es cierto?

Sergio Kuperman asintió con la cabeza. El comisario encendió un cigarrillo y se entretuvo observando las volutas de humo. Kuperman estaba convencido, pese a todo, que ningún detalle se le había escapado, que nadie lo había visto y que lo único que intentaba el policía era sondearlo para dar con una pista definitiva.

_Si usted deja de representar la farsa de la sospecha _ dijo, más tranquilizado _ Yo podré ayudarlo y colaborar con esos señores de pipa que van y vienen por el hotel, sin conseguir otra cosa que tropezar entre sí.
_ Sucede , señor Kuperman _ Baliari se repantigó en su sillón de cuero y adoptó un patriarcal aire de filósofo _, sucede a veces que entre dos acontecimientos que no guardan una relación recíproca , la providencia tiende una línea de contacto, y que hechos dispares , inconexos, separados por tiempo y distancia , se ven de pronto mancomunados por una especie de fatalismo. Quizá no me entienda , señor Kuperman…

_ No, no lo entiendo.

_ Naturalmente. Antes quizá sea conveniente aclararle cuáles son los motivos por los cuales me inclino a creer en su culpabilidad.

Sergio Kuperman se preguntó ahora si el comisario estaría tratando de hacerle perder la cabeza. Lo único que temía era que sus maneras calmas consiguieran exacerbarlo. En el mismo tono el comisario continuó:
_ Me enteré del fallecimiento de su hermano_ dijo, sin mover casi los labios_ y que usted recibió un telegrama con tan mala noticia.

_ Así es.

_ Pero eso sucedió realmente hace un par de años. Me he informado en el correo, esta mañana, y allí nada saben respecto de ese mensaje. Es muy raro, ¿no le parece?_ Kuperman no pudo evitar un estremecimiento_. Además, con seguridad habrá perdido el formulario que mostró ayer a sus compañeros.

_Sí, lo he extraviado.

_Claro… _ Bailari aspiró de nuevo su cigarrillo. La expresión de su rostro se alteró súbitamente _. Le valdría más confesar que su hermano ha muerto exactamente el 12 de noviembre de 1951. Abreviaríamos mucho, señor Kuperman.

El comisario supo que frente a él había un hombre acorralado que posiblemente mereciera algunas satisfacciones. Explicó:
_ Hace algunas semanas, casualmente, Ludmila manifestó a Eric Reagan que aprovechando un viaje a la ciudad había concurrido a cierta compañía de seguros, y que allí le informaron (para su sorpresa) que los pagos de su póliza se hallaban al día. Por supuesto, esto no prueba nada…Como tampoco que acabamos de hallar en el carromato de Cibernelli un guante de látex correspondiente a la mano derecha y que, sin duda alguna, ha sido utilizado recientemente por alguien a quien NO le falta el dedo anular.

Sergio Kuperman, que había empalidecido un rato antes, frunció el ceño.
_ ¿Cómo lo sabe?

_ Porque los guantes de látex del señor Cibernelli, mano derecha, conservan el talco en el hueco correspondiente al dedo que él ha perdido.
Es un detalle, claro…

Bailari fabricó una pausa aplastando la colilla del cigarrillo en el cenicero; una pausa que Kuperman aprovechó como el comisario esperaba: dándose por vencido.
_ Ahora cuéntenos cómo lo ha hecho… En verdad, no tengo dudas que fue usted, pero no acierto a comprender de qué manera lo ha logrado. Un crimen en habitación cerrada es algo que no se ve todos los días…

_Dígame antes cómo dio tan fácilmente conmigo_ masculló Kuperman.
La mofletuda cara del comisario por poco se tiñe de rubor.

_ Oh, bueno…La muerte de su hermano era una buena excusa para llevar adelante su plan. Una buena coartada, es cierto. Pero usted ignoró que la policía no podía olvidar que aquello sucedió en 1951. Imposible olvidarlo por una circunstancia muy especial: porque su hermano fue asesinado.

Sergio Kuperman pegó un brinco y se echó casi sobre la displicente humanidad del comisario. El escribiente y el cabo de guardia levantaron la vista.
_ ¿Asesinado? ¿Ha dicho?

_Sí, eso he dicho. Y usted comprenderá que la policía debió mantener en secreto por una simple razón de principios. Su hermano Sebastián cayó sobre un lecho de púas, en efecto, pero no por mero accidente, como se dijo, sino porque fue herido mientras arreglaba un trapecio, a veinte metros de altura. La pericia pudo determinar que entre múltiples heridas que le produjeron los clavos, había una de características totalmente distintas. Puede suponerse que fue apuñalado allá arriba y que por lo tanto estuviera muerto antes de estrellarse. El arma criminal despareció, como era de esperar.

El comisario se puso de pie y se paseó por el salón. Sergio Kuperman, que pensaba en su hermano (su amigo y su maestro), hundido en su asiento, tenía toda la apariencia de un hombre abatido.

_ Por eso le hablaba de las líneas de contacto y del fatalismo que encierran ciertos hechos. En este caso, dos crímenes sin relación aparente, esconden la clave de un enigma que, para serle franco, soy incapaz de desentrañar. ¿Cómo lo hizo, señor Kuperman?

Pero el hombre abatido pensaba en su hermano…Y hasta se diría que un atisbo de redención relampagueaba en sus ojos. Cuando habló, luego de un rato, su voz tenía la cadencia de un lamento.

_Dígame por lo menos quién lo mató…

El comisario Baliari interrumpió su paseo, también él preocupado.
_Se lo diría con mucho gusto_ exclamó_, pero lamentablemente creo que ése sí ha sido un CRIMEN PERFECTO.

Norberto Firpo: Es conocida la trayectoria de Norberto Firpo, nacido en Argentina, como periodista & escritor.
Durante los años de publicación de la revista “Vea y Lea” fue un activo colaborador, no solamente con el aporte de sus cuentos policiales,sino también como Director de la Sección Policial.
También fue Secretario de redacción de la revista “Primera Plana”,Director de Siete Días y columnista de humor. Actualmente es Secretario de redacción del diario La Nación.

Este cuento trata uno de los tópicos clásicos del relato policial: el crimen en un cuarto cerrado, cuyo origen está en el primer cuento que Edgar Allan Poe escribió en el género: “Los crímenes de la calle morgue”

Pd: Disfrútenlo! Descubrí la obra, buscando material d trabajo para Lucho y terminé quedándomela shop :p

Beijos

Sarah