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Un Guardián SABIO (como VOS…)

Posted in Fragmentos, FRASES, Libros, Textos with tags , on 1 julio, 2013 by Sarah S

En el año 23 del reinado de Zhao, Lao Tse entendió que la guerra terminaría por destruir el lugar donde vivía.
Como había pasado años meditando sobre la esencia de la vida, era plenamente consciente de que, en determinados momentos , ante todo hay que ser práctico. Así que tomó la decisión más sencilla: mudarse.
Tomó sus pocas pertenencias y se marchó en dirección a Han Keou. A las puertas de la ciudad se encontró con un centinela.

“¿A dónde se dirige tan importante sabio?” -preguntó el centinela.

_Lejos de la guerra.

_No podéis partir así. Quiero saber qué aprendisteis en tantos años de meditación. Sólo os dejaré marchar si compartís conmigo lo que sabéis.

Con el único fin de librarse del centinela, allí mismo escribió Lao Tse un pequeño libro, cuya única copia le entregó. Después continuó su viaje, y nunca más volvió a oírse hablar de él.

El texto de Lao Tse fue copiado y vuelto a copiar, atravesó siglos, atravesó milenios, hasta llegar a nuestros días.

Se llama Tao Te Ching, está publicado en español por varias editoriales y es una lectura imprescindible.

He aquí algunos fragmentos:

° Sabio es el que conoce a los demás.
° Iluminado, el que se conoce a sí mismo.
° Fuerte es el que vence a los otros.
° Poderoso, el que se vence a sí mismo.
° Rico es el que conoce la alegría.
° Hombre de Voluntad, el que se mantiene en su camino.
° Sé humilde , y permanecerás íntegro.
° Inclínate y permanecerás recto.
° Vacíate, y permanecerás lleno.
° Gástate, y permanecerás eternamente nuevo.
° El sabio NO se exhibe, y por eso brilla.
° No quiere destacar, y por eso DESTACA.
° No se aprecia, y por eso es apreciado.
° Y porque NO compite, NADIE en el MUNDO puede COMPETIR con ÉL.

Cuenta una leyenda japonesa que un monje , entusiasmado con la belleza del libro chino Tao Te Ching , decidió recaudar fondos para traducir y publicar aquellos versos en su lengua. Tardó diez años en reunir el dinero para semejante tarea. Sin embargo, una epidemia de peste asoló a su país, y el monje resolvió emplear el dinero en aliviar el sufrimiento de los enfermos. Pero en cuanto la vida hubo vuelto a su cauce normal, de nuevo partió en busca del dinero para la publicación del Tao.
Pasaron diez años más, y cuando ya se preparaba para imprimir el libro, un maremoto dejó sin hogar a centenares de personas. El monje volvió a gastarse el dinero en la reconstrucción de casas para los que lo habían perdido todo. Transcurrieron otros diez años, el monje consiguió reunir el dinero, y al fin pudo el pueblo japonés leer el Tao Te Ching.
Dicen los sabios que este monje hizo en realidad tres ediciones del Tao : dos invisibles y una impresa. Mantuvo la fe en su objetivo, mas NO dejó de prestar atención a su semejante y al final…fue RECOMPENSADO.

Lao Te Ching II

Pd: Por diez años más d navegación y emoción ante tus letras 😉
Pd2: Un Bso :*
Sarah

Un Extraño Reloj (o El Reloj Transparente)

Posted in C U E N T O S, Cuentos NOVELAS, Libros, LITERATURA with tags on 2 junio, 2012 by Sarah S

Un Extraño Reloj
(o El Reloj Transparente)
Libro: “Cuentos para Espacionautas”

Emilio Breda

Cuando era niño solía jugar en la Plaza Vicente López.Era la que quedaba más cerca de mi casa. En ella había un inmenso y añoso gomero que nos acogía en nuestros juegos imaginarios de la guerra como una muy segura fortaleza.Y había también en esa plaza una suave elevación de tierra rodeada de arbustos, árboles y palmeras. La llamábamos “La Montañita”. Desde allí divisábamos toda la plaza. Era como una torre de observación, como el mangrullo de un fortín fantástico.

A mí me encantaba estar en “La Montañita”, hallé en el césped, oculto entre las pequeñas malezas (el guardián hacía días que no cortaba el césped),un reloj redondo a cuerda. Enseguida me hizo recordar al que tenía mi abuelo.
Aunque no era como éste, de plata.Era sí, redondo, de bolsillo, pero parecía de cristal. Se veía de lado a lado todo su mecanismo. Sus agujas desprendían una luz azulada. No decía “tic toc”, como los demás relojes, sino “tilin tilin”, como las campanitas. Los engranajes, en lugar de ser redondos, tenían forma de estrella.

Lo primero que pensé fue qué hacer con él. No tenía ningún nombre grabado. No tenía marca. En fin, no contaba con ningún indicio acerca de quién podría ser su dueño.

Entonces, se me ocurrió dirigirme al vigilante de la esquina para mostrarle mi hallazgo. Enseguida me dijo:
_¡Cuidado!, que puede ser una bomba.
Y yo le pregunté:

_¿Cómo puede ser una bomba si irradia una luz azulada y dice “tilin tilin” y NO “tic toc”?
_A veces nos tienden trampas _replicó el vigilante.
_¿Qué debo hacer entonces?
_Tienes que ir a la División de Explosivos para averiguar si es o NO una bomba.

Cumplí con lo que me indicó el vigilante y en ese lugar, en una oficina llena de extraños aparatos, luego de examinar minuciosamente el reloj, me dijeron:

_No te preocupes, niño, NO es una BOMBA. Es sólo un reloj inmoral. Un reloj que muestra su desnudez sin pudor y sin avergonzarse. Deberías llevarlo a un relojero para que le haga un traje de metal. No se puede andar así por la vida, mostrando impunemente el esqueleto.

Siguiendo el consejo que me dieron allí,lo llevé al relojero, y éste luego de observar detenidamente el reloj, me dijo:

_Muchacho, no te conviene arreglar este reloj,te va a salir más caro que comprar uno nuevo.¿No ves que no tiene marca? No vale nada.Tíralo y junta dinero para comprar uno de marca como el “Super Prexix”, al que no sólo no es necesario darle cuerda, sino que tiene incluidos despertador, calculadora, aspiradora, ventilador, ducha y paraguas. Y hay un modelo especial, el último, el “Ultra Super Prexix” que tiene un hornito microondas para cocinar hamburguesas y un aparato de aire acondicionado a las circunstancias.

Confieso que no me gustó nada lo que me dijo el relojero. Me dí cuenta de que él no amaba a los relojes.Amaba el prestigio de ciertos relojes. Y me recordó al farmacéutico de mi barrio, que según me contaba mi papá, había dejado de ser aquel boticario que, como un mago alquimista, preparaba la rica “Limonada Roger”,para pasar a ser un mero expendedor de laxantes y de medicamentos con nombres indescifrables aun para los mismos médicos : “NOXCOXMEX” o “TRIMTUSTINTOTAL”. Había abandonado el laboratorio de las fórmulas magistrales que le daba un cierto aire de sabio investigador de la química.

Así fue como decidí quedarme con el reloj y para no escandalizar a nadie lo guardé en una bolsita de paño que, con mucha dedicación, me había confeccionado mi mamá.

Cuando estaba por finalizar el verano noté algo extraño.
El reloj comenzó a atrasar.
Cada día atrasaba más y más.
Hasta que al fin se detuvo y la luz de sus agujas se apagó. Miré el almanaque. Era el 21 de marzo. El día en que comenzaba el otoño. Pasó todo el otoño sin funcionar y practicamente todo el invierno. Porque sólo cuando ya estaba por concluir el invierno y faltaban pocos días para llegar la primavera noté que las agujas comenzaban a encenderse lentamente. Y luego, ya encendidas en plenitud, el reloj comenzó a funcionar.
De nuevo había algo extraño.
El reloj esta vez adelantaba.
Y por varias horas .
Hasta que, por fin,llegó el 21 de septiembre y el reloj se estabilizó: marcaba puntualmente las horas, los minutos y los segundos.

Pasaron algunos veranos,otoños, inviernos y primaveras, y comprobé siempre lo mismo. El reloj, cuando estaba por acabarse el verano, retrasaba y cuando estaba por llegar la primavera adelantaba. Pero en otoño y en invierno no funcionaba. En cambio, durante la primavera y el verano funcionaba a la perfección.

Esas extrañas circunstancias me llevaron a consultar con alguien sobre CUÁLES SERÍAN LOS MOTIVOS.

Me acerqué a unos ancianos jubilados que siempre estaban sentados en un banco de la plaza y le pregunté a uno de ellos, al que tenía el rostro más dulce, al que se parecía más a mi abuelito:

_Dígame, señor,¿por qué este reloj atrasa cuando está terminando el verano y adelanta cuando está por llegar la primavera, y NO funciona ni en el otoño ni en el invierno?

El anciano me respondió:

_Hijito, no te das cuenta de que este reloj es un bohemio, un romántico, un soñador. No quiere saber de otras cosas que no sean el sol y las mariposas del verano, y las flores y las aves de la primavera. Ha perdido la memoria del otoño y del invierno. Quisiera yo poder hacer lo mismo, pero NO puedo. Soy un reloj perfecto. Tan perfecto que marca todas las horas y todos los minutos y todos los segundos de las cuatro estaciones. En cuanto a tu reloj NO lo TIRES, guárdalo como un juguete más, como un hermoso juguete, porque como reloj NO te SERVIRÁ.

Al decir esto, de inmediato tomó la palabra otro jubilado,con cara de gruñón, y un tanto molesto dijo:

_¿Guardarlo? ¡Eso sí que NO! ¡Debe destruirlo, aniquilarlo! Es un elemento de confusión. Así anda el mundo. Ese reloj sólo sirve para confundir a los niños.De ese modo NO aprenden a vivir la vida con todas sus horas, las lindas y las que no lo son. Que aprendan a sentir el amarillo del otoño y el gris del invierno. Que conozcan la lluvia y el frío.Que oigan soplar el viento. Que vean los árboles desnudos y los pájaros tiritando. Y es más, te diré, niño, si es un reloj que adelanta es un reloj revolucionario, quizás sea un reloj anarquista o un reloj subversivo. Debes deshacerte de ese reloj y no dejar rastro de él.

Al pronunciar estas palabras, el tercer jubilado, exaltado, con el rostro enardecido, y elevando su bastón con gesto amenazante, expresó:

_Sí, niño, lo tienes que ejecutar a ese reloj, pero ¿sabes por qué?
No por lo que te dice ese señor…sino porque es un reloj reaccionario, un retrógrado. ¿No te das cuenta de que atrasa?¿Para qué sirve un reloj que no marca la hora de los tiempos nuevos?

Sin decir una palabra, me alejé y quedé por unos instantes confundido. “¿Cuál de ellos tendría razón?” _me dije.

Y después pensé: “El único que debe entender y amar a este reloj es su dueño. Lo mejor será dejarlo donde lo encontré, quizás así pueda hallarlo y hacerle cumplir con su destino”.

Esperé que los niños, los globos, los perros y los jubilados se retiraran de la plaza. El sol ya se estaba alejando hacia su refugio nocturno, y entonces aprovechando la penumbra, puse el reloj en un lugar que creía era aquel donde lo había encontrado.
Luego me alejé con paso acelerado, pues se me hacía ya tarde y mamá se enojaría conmigo. Nunca había regresado a esas horas a casa.

De pronto vi una especie de bola luminosa en el cielo de la plaza, como una pequeña estrella, o más exactamente, como un pequeño cometa, porque tenía una cola que desprendía destellos azules. Se detuvo sobre “La Montañita” y un haz de luz descendió sobre ella. Enseguida vi a un niño que vestía ropas largas y blancas. Cuando se agachó para asir el reloj, me pareció verle dos alas.

Después el haz de luz ascendió con él hasta la bola luminosa y de inmediato ella se puso en movimiento y en pocos instantes se perdió en el cielo.
Todo ocurrió muy rápidamente. Pero también muy rápidamente comprendí que ese reloj NO era de un hombre. Era de un ángel. Ese reloj NO marcaba el Tiempo de la Tierra.
Venía de una región del cosmos que los adultos habían olvidado, una región del cosmos donde sólo existen la primavera y el verano.

En ese momento comprendí también que lo primero que envejece en los hombres son los ojos.

Fin

Un Extraño Reloj
(o El Reloj Transparente)
Libro: “Cuentos para Espacionautas”
Emilio Breda

Emilio Breda. Poeta, cuentista e historiador, nacido en Buenos Aires en 1945
Publicó once libros de poemas.

“En este universo en que vivimos, para lograr existir en plenitud, es necesaria la CREATIVIDAD”
Emilio Breda

Pd:Buen Fin d Semana com Beijos :*
Sarah

Una Noche en Egipto…

Posted in Cartas de..., Cuentos NOVELAS, Libros with tags on 4 enero, 2012 by Sarah S

Una Noche en Egipto
de el libro “Afrodita”
Isabel Allende

Mi amiga Tabra, quien inspiró el personaje de Tamar en mi novela El plan infinito, es en la vida real una viajera incansable y valiente.
A veces se pierde por semanas y, cuando empiezo a temer que se la tragó la selva amazónica o se desbarrancó en el Himalaya, me llega por correo una manoseada fotografía de una aldea en Iran Jaía, Tabra, vestida de gitana, cubierta de pulseras y collares, aparece rodeada de mujeres desnudas y hombres pintarrajeados enarbolando lanzas, que como única vestimenta llevan calabazas cubriéndoles el pene. Cuando regresa trae grandes bultos marineros repletos de tesoros: telas de los Andes, máscaras de África, flechas de Borneo, cráneos humanos labrados del Tíbet. Trae, sobre todo, inspiración para su trabajo.
Los diseños de sus joyas son una verdadera celebración de la fuerza, belleza y valor de las mujeres en remotos rincones de la Tierra: mujeres del desierto de Rajastán en India, de la jungla en Nueva Guinea, de las aldeas indígenas en Sudamérica, todas unidas por la aspiración común de ser bellas y adornarse.
Ésta es una carta que me envió en uno de sus viajes en 1990:

Estoy en alguna parte del bajo Egipto, necesitaría un mapa para saber exactamente dónde …Llegué aquí desde El Cairo porque alguien me dijo que era interesante, pero olvidé por qué; no se qué esperaba encontrar en este lugar, tal vez una pequeña aventura. Ya sabes que no viajo de manera científica, prefiero guiarme por la intuición. Se me olvidan fechas, nombres y lugares, apenas me queda una vaga impresión general, formas y colores que después aparecen en mis diseños.
En el aeropuerto se me acercó un hombre joven y se ofreció para guiarme. Moreno, guapo, con una sonrisa luminosa y enormes ojos negros, el tipo de hombre que me atrae a primera vista. En Egipto una mujer no puede andar sola sin un guía, no la dejan en paz; acepté porque ese joven me inspiró confianza. Le expliqué mi oficio y le pedí que me llevara a ver artesanía, piedras preciosas, cuentas para mis joyas. Mahmoud decidió conducirme al único hotel del pueblo para dejar mis maletas y luego llevarme a una pequeña aldea nubia en el límite del desierto. Así lo hicimos y pronto me encontré en un destartalado automóvil rodeada por cuatro parientes de mi guía, que se sumaron a la expedición.
Estoy segura que tú no lo habrías aprobado, Isabel…
Me pasó por la mente que no era muy buena idea pero ya era tarde para retroceder y esos hombres eran tan amables y parecían tan contentos de practicar su inglés conmigo, que descarté mis temores.
Fue un viaje agotador. Al cabo de unas dos horas vislumbramos una pequeña aldea blanca brillando contra la arena infinita.
Mahmoud anunció que habíamos llegado a la casa de su abuelo y condujo el coche a un recinto amurallado que se extendía por más de un kilómetro, según me explicó. Dentro de los muros de barro seco pintado de azul y blanco había diversas habitaciones, era evidente que allí vivía una familia numerosa. Una pequeña muchedumbre salió a recibirnos y observarme con curiosidad: primos, tíos, hermanas, sobrinos, muchos niños…¡Qué confusión!
_Bienvenida a nuestra casa. Usted es la primera persona extranjera que pisa esta propiedad _dijo Mahmoud.
Pensé que con un poco de suerte, ésa podía ser la aventura que yo deseaba.

Las mujeres, vestidas de negro y algo tímidas al principio, me trajeron dátiles y otras frutas en grandes bandejas y me invitaron a sus casas.
Una joven me llevó hasta un arcón para mostrarme su ajuar de novia, todo bordado con un diseño de hojas y flores entrelazadas, que había demorado años en hacer.
Otra quiso que viera su máquina de coser y una tercera la gran nevera blanca instalada al centro de la sala, el más preciado objeto. Afuera el sol pegaba despiadado, pero entre las paredes de barro el ambiente estaba fresco; una música dulce y melancólica venía de alguna parte y podía oír los cánticos musulmanes de una mezquita cercana.
Las mujeres no se cansaban de estudiar mis pulseras y acariciar mis brazos, maravilladas de mi piel blanca y el color de mi cabello,ellas no hablaban inglés ni yo árabe. También yo estudiaba sus tatuajes y sus adornos de plata, mientras desde cierta distancia los hombres me miraban insistentes, cuchicheando y riendo sin disimulo. Todos los ojos se clavaron en mí cuando abrí la cartera, saqué un espejo y me pinté los labios. Me instalaron en una sala con rígidos muebles alineados contra la pared y fotografías de casamientos y de antepasados coloreados a mano; las mujeres sirvieron té y limonada a los hombres y a mí, pero no se sentaron con nosotros.
Mi guía me dijo que él tenía amigos poderosos en Egipto: cualquier cosa que yo necesitara él podía conseguirla, mi felicidad era lo único que importaba, deseaba que estuviera contenta en su país y tuviera muchas aventuras ¿no era eso lo que yo buscaba?.
Se rió y los otros hombres rieron también.Sentí que sus ojos me quemaban; el calor y el cansancio del viaje se hacían sentir, necesitaba un baño; quise volver al pueblo y a mi hotel, pero tampoco podía ofender a mis anfitriones.
Me puse de pie con la intención de despedirme. Noté que los hombres intercambiaban señas, pero no supe interpretarlas, y me di cuenta que las mujeres se habían retirado una a una, discretamente, dejándome sola. Me dirigí a la puerta, afuera había caído la tarde y empezaba a refrescar, calculé que antes de media hora sería de noche y que el camino de vuelta al pueblo era largo.
Salí con paso decidido, apartando a los hombres que se ponían por delante. Entonces Mahmoud y los demás me siguieron al automóvil y, después de discutir un rato, subieron dos delante y me pusieron atrás, apretada entre los otros dos.
Sentía sus alientos en mis mejillas, sus piernas contra las mías, sus manos tocándome los hombros, los codos, la blusa. Crucé los brazos sobre el pecho.
_Es hora de volver a mi hotel _insistí.
_Sí, claro que sí _replicó Mahmoud siempre sonriendo_, pero antes queremos mostrarle las dunas.
La noche se dejó caer de súbito. El perfil del desierto iluminado por la duna era extraordinario. El camino estaba oscuro y conducíamos sin luces; el chofer las encendía cuando sospechaba que venía otro vehículo en dirección contraria, encandilándolo. Tampoco mantenía su canal, íbamos zigzagueando de un lado a otro, pero lo mismo hacían los escasos coches que se nos cruzaron.
Tuve la impresión que viajamos por un rato muy largo y dábamos vueltas en círculos pasando varias veces por el mismo grupo de palmeras y las mismas dunas, pero ya no estaba segura de nada, es fácil perder el rumbo en el desierto.
_Estoy muy cansada, Mahmoud, quiero regresar a mi hotel _dije con toda la firmeza posible.
_¡Pero si no ha comido nada aún! ¿Qué pensará de nuestra hospitalidad? Antes debemos ofrecerle de cenar en mi casa, como es la costumbre.
_No, muchas gracias.
_Insisto. mi madre ha pasado la tarde preparando comida para usted.
Entonces comprendí que estábamos de nuevo ante el mismo muro de barro pintado de azul y blanco, cruzando el mismo portón, ahora iluminado por dos faroles de aceite.
El resto estaba completamente oscuro: se había cortado la electricidad en la aldea, me explicaron.
A lo lejos titilaba la luz trémula de otros faroles o pequeñas fogatas.
Nos detuvimos ante una de las casas, bajamos y pude por fin estirar las piernas, estaba mojada de transpiración a pesar del aire fresco de la noche.
Los cuatro hombres empezaron a hablar al mismo tiempo, discutiendo y gesticulando como si estuvieran enojados, pero no entendí ni una palabra de lo que decían.
Por último, tres de ellos desaparecieron y Mahmoud me tomó por un brazo, disculpándose por la falta de luz, y me guió por la casa en sombras.
Pasamos de un cuarto a otro, recorrimos pasillos que me parecieron interminables, se cerraban puertas a mi espalda, oía pasos y murmullos, pero no vi a nadie.
A veces tropezaba con los dinteles y los muebles, pero mi anfitrión me sostenía con firmeza, aunque también con cierta gracia. Llegamos a una habitación apenas alumbrada por dos velas pequeñas casi consumidas, donde había una mesa y dos sillas, una junto a la otra. En el aire flotaba un aroma sutil de incienso mezclado con el de la comida y las especias.
_¿Dónde está el resto de la familia? _pregunté.
_Ya comieron, estamos solos _replicó Mahmoud retirando la silla para mí. Me senté, oprimida por la angustia.
Sobre la mesa había varias fuentes cuyo contenido era imposible distinguir en la débil luz de las velas, Mahmoud tomó un plato y me sirvió.
_¿Qué es?
_Carne.
_¿Qué clase de carne?
_Hervida.
_¿Qué clase de carne hervida?
Se tocó el estómago y las costillas en un gesto vago.
Necesito ver lo que como, especialmente cuando se trata de carne; me gusta examinar todo cuidadosamente antes de metérmelo en la boca, pero estaba muy oscuro.
Mahmoud sacó porciones de las otras fuentes y las describía al ponerlas en mi plato: pescado del Nilo, queso de cabra, aceitunas negras, higos maduros, huevos, berenjenas fritas, una pasta de garbanzo, yogurth.
Me lavé las manos en un tazón de agua con limón y Mahmoud me las secó con un paño, sus gestos eran lentos como caricias. Las retiré con demasiada brusquedad, tal vez lo ofendí.
Probé un bocado y me gustó, la carne era de cordero, bien sazonada, tan blanda que se deshacía antes de mascarla. El hombre, sentado tan cerca que su rostro casi tocaba el mío, me observaba comer y comentaba mi gran belleza.
Una vez más me aseguró que él era mi amigo en su país, que debía considerarlo mi novio egipcio. Yo nada decía, pero me corría el sudor por la espalda y me temblaban las rodillas.
La comida, sin embargo, estaba exquisita y el té __tibio y muy dulce, con un dejo de menta o de jazmín__era refrescante. Mahmoud tomó una aceituna y me la dio en la boca, era un poco amarga , pero deliciosa.
Luego puso queso y pasta de garbanzos en un trozo de pan árabe, comió un poco él y luego me lo pasó, sonriendo encantado cuando lo recibí. El olor del pan recién horneado, aún tibio, mezclado con la fragancia de los guisos , las velas de cera y el incienso era tan intenso que cerré los ojos. Me sentía agobiada, con todos los sentidos exaltados. En voz baja, casi en susurros, él recitaba una letanía comparándome con la luna y las estrellas del desierto; mi piel, dijo, era como marfil, nunca había visto una piel tan suave y blanca.
_Debo regresar a la ciudad…
_¿Tiene novio en América? Un marido tal vez?
_Sí, tengo un novio muy celoso.
_¿Cómo no serlo? Yo no dejaría que ningún hombre posara sus ojos en usted, viviría para amarla y complacerla. ¿Por qué ese novio la deja viajar sola?
_Ya es muy tarde, Mahmoud, por favor lléveme de vuelta a mi hotel.
_Pruebe estos vegetales, son de la huerta de mi madre, cocinados por su propia mano…
Era un guisado de berenjena, distinguí el aroma de nuez moscada y canela, una mezcla exótica.
Me serví otra cucharada y algo más de cordero, midiendo por primera vez el tamaño de mi imprudencia.
Nadie sabía mi paradero, nadie me había visto salir con esos hombres rumbo al desierto, yo podía desaparecer sin dejar huellas. Mahmoud me escanció más té. El sonido del líquido al caer en el vaso era nítido como notas de un instrumento de cuerda en el inmenso silencio de la casa oscura. Una de las velas terminó de consumirse en un charco de cera derretida.
_¿Ha sido éste un buen día?, ¿un día memorable?, ¿lo ha pasado bien?__quiso saber mi anfitrión, siempre en mi oído.
_Sí, gracias, pero ahora me voy.
Intenté ponerme de pie, pero me retuvo, casi abrazándome.
Una vez más me envolvió con su voz melodiosa describiendo mi belleza, comparándome con las huríes del paraíso de Alá y con las estrellas del cine, y asegurándome que no se cansaría nunca de mirarme, que podría pasar su vida entera extasiado ante una mujer como yo.
Me estaba tomando el pelo, supongo, pero quise creerle, sus palabras eran balsámicas, nadie me ha dicho nunca esas cosas. Y seguía hablando y hablando, siempre en el mismo tono.
¿Acaso yo no deseaba que él también lo pasara bien?, ¿que éste fuera también para él un día memorable? Su mano se posó en mi cuello y un largo escalofrío me estremeció.
Mahmoud insistió que la cena no había terminado, aún faltaban los dulces.
Con gran delicadeza deslizó un pastelito de pistacho y miel en mi boca, sin dejar de acariciarme el cuello, jugueteando con mis collares y aretes, murmurando halagos en su inglés forzado. Pruebe esta delicia turca, suplicó. Era suave, dulce, perfumada a rosas. ¿No le apetece fumar?, ¿un poco de hachís, tal vez?
La llama de la última vela vaciló unos instantes y luego se apagó del todo. Por la ventana vi la luna alumbrando la noche egipcia.
Tomé otro dulce y lo mordí, voluptuosamente…

Isabel Allende

Pd: Y…comenzó nomás!, ya está con nosotros el 2012!
Pd2: Muy buenos DESEOS para TOOODOS/AS d mi parte.
Pd3: Com muitos beijos y abrazos 😉
Sarah

“Los Terrenos” un cuento d Marcelo Birmajer

Posted in Cuentos NOVELAS, Libros, LITERATURA with tags on 11 diciembre, 2011 by Sarah S

“Los Terrenos”
Un cuento de Marcelo Birmajer

El rey Sarandalio le había regalado a Romo, para su cumpleaños número trece, unos terrenos en un pequeño reino lejano, llamado el Fiordo, un territorio agreste junto al mar.
Diez años más tarde, Romo le pidió a Merlín que lo acompañara a conocerlos.
El viaje tardó dos días y dos noches; y Romo se entretenía pensando en el uso que daría a sus tierras: las haría trabajar y lograría que los campesinos vivieran con holgura y en paz, invitaría a los mejores pescadores a poblar sus costas y los recompensaría como nunca antes.
Pensaba, en la modesta escala de sus posibilidades, en un mundo distinto y mejor.

Al llegar al Fiordo, Merlín y Romo se dirigieron a las tierras del príncipe, perfectamente señalizadas en el mapa, y se encontraron con una desagradable sorpresa.
Romo sabía que su padre había mandado arar los campos y sembrado una buena cantidad de árboles: pero ahora se encontraba con una tierra yerma, vallada y sin árboles.
Un hombre de sesenta años,seguido por un grupo de catorce mercenarios,les salió al paso al príncipe y al mago.

_¿Qué buscan aquí? Esto es propiedad privada _dijo el desconocido.

_Por supuesto que es propiedad privada _respondió Romo con calma _. Mi propiedad privada,precisamente.Y me extraña mucho verla en estas condiciones.

_Y quién eres tú, mocoso insolente, que llamas de tu propiedad a estas tierras de las que mi familia ha sido dueña por más de cien años?

_Pues ocurre que soy el príncipe Romo, el hijo del difunto rey Sarandalio, y mi padre compró a muy buen precio estas tierras para mí.
Sé que las pagó diez veces más de lo que valían, y que tu familia las vendió de muy buen grado. No fueron obligados a vender, y festejaron con vino y antorchas el negocio.
El hombre soltó una sórdida carcajada y mostró un diente de oro.
Tenía el largo pelo negro atado en una cola de caballo.

_Todo lo que dices es cierto, menos que esta tierra es tuya.
Es cierto que tu padre la compró.
Yo mismo se la vendí.
Pero en cuanto supe que había muerto, descubrí que para mí el dinero no significa nada.
¿Cómo puedo vender esta tierra por unos miserables doblones?
_No fueron miserables doblones _lo interrumpió Romo_. Precisamente debido a que ustedes hablaron tanto del valor sentimental de este terruño, mi padre, con vuestro consentimiento, la pagó diez veces más de lo que valía.
_Y cien veces más lo pudo haber pagado _replicó el hombre_. Pero el dinero NO me importa. Yo quiero mi tierra.
Somos dos culturas distintas: para ustedes el dinero es fundamental, mientras que en el Fiordo la tierra vale más que el dinero.

Romo llevó imperceptiblemente la mano a la empuñadura de la espada, y la mirada hacia Merlín.
Fue el mago quien contestó al hombre:_Eres un hombre muy curioso_dijo Merlín.
Cuando pides dinero, te resulta fundamental y pides mucho.
Eres capaz de cotizar tu tierra y pedir por ella diez veces más de lo que vale.
Y luego de que te lo gastas, consideras que el dinero NO tiene IMPORTANCIA.
Es realmente un pensamiento muy curioso. Permíteme decirte que eso NO es otra cultura, sino mera villanía.
No es que NO te importe el dinero, lo que NO te importa es cómo lo consigues.

El hombre del diente de oro también llevaba barba de días. Pese a su aspecto descuidado-sus ropas, aunque de buena confección, estaban sucias-,a medida que hablaba demostraba un perfecto manejo del idioma. No dejaba de echar miradas furtivas a sus catorce mercenarios, como para mantenerlos advertidos frente a cualquier emergencia.

_Te equivocas_ le dijo el hombre a Merlín_.
Este rey Sarandalio del que me hablas nunca me entendió. Aunque habláramos el mismo idioma, decíamos cosas distintas.
Nuestros conceptos y modos de ver la vida son tan distintos que nunca podremos entendernos.

_Nuevamente tu razonamiento es de lo más curioso _dijo Merlín_.
Cuando firmaste el contrato, lo leíste y releíste veinte veces, y NO pusiste tu firma hasta que se te pagó el dinero doblón por doblón.
¿Cómo puede ser que comprendas todo igual que el rey Sarandalio antes de que te pague, y dejes de comprenderlo cuando ya has embolsado el dinero y debes cumplir con tus obligaciones?
A ti te conviene desconocer tus obligaciones, y eso es todo.
Si en lugar de venir a reclamarte lo que es nuestro, viniéramos con nuestro contrato a explicarte que por cualquier motivo aún te adeudamos doblones, verías las cosas idénticas a como las vemos nosotros.
Cuando pides, perteneces a nuestra misma cultura; pero cuando debes cumplir, perteneces a otra.

Merlín hizo una pausa.
_Y si mandas a tus mercenarios contra nosotros, como veo que estás pensando_continuó_, puedo asegurarte que la sangre que saldrá de uno u otro cuerpo será humana, igual,y que de la muerte nadie vuelve, sea de una u otra cultura.

_Ya lo comprobaremos_dijo el hombre haciendo una seña de ataque a sus mercenarios.
Pero antes de que pudieran siquiera rozar con los dedos las empuñaduras de sus espadas, Merlín alzó su mano al cielo y el cielo pareció darle la razón.Un tumulto de nubes grises encapotaron el firmamento y un remolino celestial se formó en las alturas: de su centro, emergió un rayo poderoso, cayó sobre los mercenarios y los convirtió en árboles.
_Cuando realmente ocurren cosas que NO entendemos_ le dijo Merlín al lívido hombre del pelo atado en cola de caballo_, puedo asegurarte que están más allá de los conocimientos humanos.
Y permitieron al hombre salir corriendo, y nunca volvieron a saber de él.

Un mes más tarde, los mercenarios convertidos en árboles volvieron a recobrar su apariencia humana y su alma, y debieron plantar catorce árboles en su reemplazo.
Romo inició con entusiasmo el arrendamiento de su tierra.
Contrató a los mejores campesinos y a los más eximios pescadores.
Les dio libertad e igualdad en el uso y distribución de su trabajo y sus ganancias.
Pero hete aquí que Romo vino a descubrir que por muy eficientes que sean los hombres en el usufructo de la naturaleza, NO necesariamente lo son en el arte de la convivencia.
Y los campesinos se pelearon con los pescadores, y se armaron dos grupos de pescadores: los que proponían amigarse con los campesinos y los que proponían separarse del todo de ellos.
Y entre los campesinos surgieron aquellos que proponían subdividir la tierra en parcelas para cada uno,y los que aconsejaban ahorrar entre todos para comprar tierras propias en lugar de trabajar las de Romo.
Lo que ocurrió finalmente fue que tooodos se pelearon con TODOS,y cada cual marchó por un rumbo diferente, y todo lo que quedó del sueño de Romo fueron los catorce árboles que habían plantado los mercenarios.

F I N!

“Los Terrenos”
del Libro: “Los Caballeros de la Rama” de Marcelo Birmajer

Pd: Quiero un MERLÍN! 😛
Pd2: Um Beijo
Sarah

El Caballero de la Armadura Oxidada – La Cima de la Verdad (7) *Última parte*

Posted in C U E N T O S, Cuentos NOVELAS, Libros, LITERATURA with tags , , on 15 noviembre, 2011 by Sarah S

El Caballero de la Armadura Oxidada

La Cima de la Verdad

Robert Fisher

7

Centímetro a centímetro, palmo a palmo, el caballero escaló, con los dedos ensangrentados por tener que aferrarse a las afiladas rocas.
Cuando ya casi había llegado a la cima, se encontró con un canto rodado que bloqueaba su camino.
Como siempre, había una inscripción sobre él :

AUNQUE ESTE UNIVERSO POSEO, NADA POSEO, PUES NO PUEDO CONOCER LO DESCONOCIDO SI ME AFERRO A LO CONOCIDO.

El caballero se sentía demasiado exhausto para superar el último obstáculo.
Parecía imposible descifrar la inscripción y estar colgado de la pared de la montaña al mismo tiempo, pero sabía que debía intentarlo.

Ardilla y Rebeca se sintieron tentadas de ayudarle, pero se contuvieron, pues sabían que a veces la ayuda puede debilitar a un ser humano.
El caballero inspiró profundamente, lo que le aclaró un poco la mente.
Leyó la última parte de la inscripción en voz alta: “Pues NO puedo conocer lo desconocido si me aferro a lo conocido”
El caballero reflexionó sobre algunas de las cosas “conocidas” a las que se había aferrado durante toda su vida.
Estaba su identidad _quién creía que era y que NO era_. Estaban sus creencias _aquello que él pensaba que era verdad y lo que consideraba falso_. Y estaban sus juicios_ las cosas que tenía por buenas y aquellas que consideraba malas.
El caballero observó la roca y un pensamiento terrible cruzó por su mente: también conocía la roca a la cual se aferraba para seguir con vida.
¿Quería decir la inscripción que debía soltarse y dejarse caer al abismo de lo desconocido?
_Lo has tomado, caballero _dijo Sam_tienes que soltarte.
¿Qué intentas hacer, matarnos a los dos? _gritó el caballero.
_De hecho, ya estamos muriendo ahora mismo _dijo Sam_.
Mírate.
Estás tan delgado que podrías deslizarte por debajo de una puerta, y estás lleno de estrés y miedo.

_No estoy tan asustado como antes _dijo el caballero.
_En ese caso, déjate ir y confía _dijo Sam.
¿Que confie en quién? _replicó el caballero enfadado.Estaba harto de la filosofía de Sam.
_No es un quién sino un qué!
_¿Un qué? preguntó el caballero.
_Sí _dijo Sam_. La vida, la fuerza, el universo, como quieras llamarlo.
El caballero miró por encima de su hombro y vio el abismo aparentemente infinito que había debajo de él.
_Déjate ir _le susurró Sam con urgencia.
El caballero no parecía tener alternativa.
Perdía fuerza con cada segundo que pasaba y la sangre brotaba de sus dedos allí donde se aferraban a la roca.
Pensando que moriría, se dejó ir y se precipitó al abismo, a la profundidad infinita de sus recuerdos.
Recordó todas las cosas de su vida de las que había culpado a su madre, a su padre, a sus profesores, a su mujer, a su hijo, a sus amigos y a todos los demás.
A medida que caía en el vacío, fue desprendiéndose de todos los juicios que había hecho contra ellos.
Fue cayendo cada vez más rápidamente, vertiginosamente, mientras su mente descendía hacia su corazón.

Luego, por primera vez en su vida, contempló su vida con claridad, sin juzgar y sin excusarse.
En ese instante, aceptó toda la responsabilidad por su vida, por la influencia que la gente tenía sobre ella, y por los acontecimientos que le habían dado forma.
A partir de ese momento, fuera de sí mismo,nunca más culparía a nada ni a nadie de todos los errores y desgracias.
El reconocimiento de que él era la causa, NO el efecto, le dio una nueva sensación de poder. Ya NO tenía MIEDO.
Le sobrevino una desconocida sensación de calma y algo muy extraño le sucedió: ¡empezó a caer hacia arriba! ¡Sí, parecía IMPOSIBLE, pero caía hacia arriba, surgiendo del abismo!
Al mismo tiempo, se seguía sintiendo conectado con lo más profundo de él, con el centro de la tierra.
Continuó cayendo hacia arriba, sabiendo que estaba unido al cielo y a la tierra.
Repentinamente, dejó de caer y se encontró de pie en la cima de la montaña y comprendió el significado de la inscripción de la roca.
Había soltado todo aquello que había temido y todo aquello que había sabido y poseído.
Su voluntad de abarcar lo desconocido le había liberado.
Ahora el UNIVERSO era SUYO, para ser experimentado y disfrutado.

El caballero permaneció en la cima, respirando profundamente y le sobrevino una grata sensación de bienestar.
Se sintió mareado por el encantamiento de ver, oír y sentir el universo que le rodeaba.
Antes, el temor a lo desconocido había entumecido sus sentidos, pero ahora podía experimentar todo con una claridad sorprendente.
La calidez del sol del atardecer, la melodía de la suave brisa de la montaña y la belleza de las formas y colores de la naturaleza que pintaban el paisaje, causaron un placer indescriptible al caballero.
Su corazón rebozaba de amor: por sí mismo, por Julieta y Cristóbal, por Merlín, por Ardilla y por Rebeca, por la vida y por todo el maravilloso mundo.
Rebeca y Ardilla observaron al caballero ponerse de rodillas, con lágrimas de gratitud surgiendo de sus ojos.
“Casi muero por todas las lágrimas que NO derramé”, pensó.
Las lágrimas resbalaban por sus mejillas, por su barba y por su peto.
Como provenían de su corazón, estaban extraordinariamente calientes, de manera que NO tardaron en derretir lo que le quedaba de su ARMADURA.
El caballero lloraba de alegría.
No volvería a ponerse la armadura y cabalgar en todas las direcciones NUNCA MÁS.
Nunca más vería la gente el brillante reflejo del acero, pensando que el sol estaba saliendo por el norte o poniéndose por el este.

Sonrió a través de sus lágrimas, ajeno a que una nueva y radiante luz irradiaba de él; una luz mucho más brillante y hermosa que la de su pulida armadura, una luz destellante como un arroyo, resplandeciente como la Luna, deslumbrante como el Sol.
Porque ahora el Caballero era el Arroyo.
Era la Luna.
Era el Sol.
Podía ser todas estas cosas a la vez, y más, porque era UNO con el UNIVERSO.
Era AMOR.

1_________El Dilema del Caballero
2_________En los Bosques de Merlín
3_________El Sendero de la Verdad
4_________El Castillo del Silencio
5_________El Castillo del Conocimiento
6_________El Castillo de la Voluntad y la Osadía
7_________La Cima de la Verdad

“La vida es básicamente buena y también lo son los humanos.
Si necesitás que te recuerden esto, lee “El Caballero de la Armadura Oxidada”
Si necesitás que te recuerden la importancia de amarte a ti mismo, POR FAVOR lee El Caballero de la Armadura Oxidada.
Cuando hayas llegado a la última página sabrás que la vida es buena, que eres AMOR, que eres MARAVILLOSO; y que TODO está BIEN”
Terry Linn Taylor
(Autora de Los Angeles como Mensajeros)

Pd: Elegí este libro porque fue uno de los primeros que me regaló mi papá y amé totalmente el contenido d sus páginas… 😉
Pd2: Ojalá lo hayan disfrutado tanto como yop 🙂
Muitos Beijinhos
Sarah

El Caballero de la Armadura Oxidada – El Castillo de la Voluntad & la Osadía (6 )

Posted in C U E N T O S, Cuentos NOVELAS, Libros, LITERATURA with tags , on 15 noviembre, 2011 by Sarah S

El Caballero de la Armadura Oxidada

El Castillo de la Voluntad y la Osadía

Robert Fisher

6

Hacia el amanecer del día siguiente, el inverosímil trío llegó al último castillo.
Era más alto que los otros y sus muros parecían más gruesos.
Confiado de que atravesaría velozmente este castillo, el caballero cruzó el puente levadizo con los animales.
Cuando estaban a medio camino se abrió de golpe la puerta del castillo y un enorme y amenazador dragón, cubierto de relucientes escamas verdes, surgió de su interior, echando fuego por la boca.
Espantado, el caballero se paró de repente.
Había visto muchos dragones, pero éste no se parecía a ninguno.
Era enorme, y las llamas salían NO sólo de su boca, como sucedía con cualquier dragón común y corriente, sino también de sus ojos y oídos.
Y, por si eso fuera poco las llamas eran azules, lo cual quería decir que este dragón tenía un alto contenido de butano.

El caballero buscó su espada, pero su mano NO encontró NADA.
Comenzó a temblar.
Con una voz débil e irreconocible, el caballero pidió ayuda a Merlín, mas, para su desesperación, el mago NO apareció.
_¿Por qué NO viene? _preguntó ansiosamente,al tiempo que esquivaba una llamarada azul del monstruo.
_No lo sé _replicó Ardilla_. Normalmente se puede contar con él.
Rebeca, sentada sobre el hombro del caballero, ladeó la cabeza y escuchó con atención.
_Por lo que he podido captar, Merlín está en París, asistiendo a una conferencia de magos.
“No me puede ABANDONAR AHORA”, se dijo el caballero.
“Me prometió que NO habría dragones en el Sendero de la Verdad”
_Se refería a los dragones comunes y corrientes _rugió el monstruo con una voz que hizo temblar los árboles y que por poco hizo caer a Rebeca del hombro del caballero.
La situación parecía seria.
Un dragón que podía leer las mentes era definitivamente lo peor que se podía esperar pero, de alguna manera, el caballero dejó de temblar. Con la voz más fuerte y potente que pudo, gritó:
_¡Fuera de mi camino, bombona de butano gigante!

La bestia bufó, lanzando fuego en todas las direcciones.
_Caramba, ¡qué atrevido el gatito asustado!
El caballero, que NO sabía qué más hacer, intentó ganar tiempo.
_Qué haces en el Castillo de la Voluntad y la Osadía? -preguntó.
_Hay algún sitio mejor donde yo pueda vivir? Soy el Dragón del Miedo y la Duda.
El caballero reconoció que el nombre era muy acertado.
Miedo y duda era exactamente lo que sentía.
El dragón volvió a vociferar:
_Estoy aquí para acabar con todos los listillos que piensan que pueden derrotar a cualquiera simplemente porque han pasado por el Castillo del Conocimiento.
Rebeca susurró al oído del caballero:
_Merlín dijo una vez que el conocimiento de uno mismo podía matar al Dragón del Miedo y la Duda.
_¿Y tú lo crees? _susurró el caballero.
_Sí _afirmó Rebeca con firmeza.
_¡Pues, entonces, encárgate tú de ese lanzallamas verde! _El caballero dio media vuelta y cruzó el puente levadizo corriendo, en retirada.
_¡Jo, jo, jo! _rió el dragón,y con su último “Jo” por poco quema los pantalones del caballero.

_¿Os retiráis después de haber llegado tan lejos? _preguntó Ardilla, mientras el caballero se sacudía las chispas de la espalda.
_No lo sé _replicó él _.
He llegado a habituarme a ciertos lujos, como vivir.
Sam intervino.
_¿Cómo te soportas si no tienes la voluntad y la osadía de poner a prueba el conocimiento que tienes de ti mismo?
_¿Tú también crees que el conocimiento de uno mismo puede matar al Dragón del Miedo y la Duda? _preguntó el caballero.
_Por supuesto. El conocimiento de uno mismo es la verdad y ya sabes lo que dicen: “La verdad es más poderosa que la espada”
_Ya sé que eso es lo que se dice, pero ¿hay alguien que lo haya probado y haya sobrevivido?_preguntó sutilmente el caballero.
Tan pronto como acabó de pronunciar estas palabras,el caballero recordó que NO necesitaba probar NADA. Era Bueno, Generoso y Amoroso.
Por lo tanto, NO debía sentir ni miedo ni dudas.
El dragón NO era más que una ilusión.
El caballero dirigió la mirada a través del puente hacia donde se encontraba el monstruo lanzando fuego hacia unos arbustos, por lo visto para no perder la práctica. Con el pensamiento en la mente de que el dragón sólo existía si él creía que existía, el caballero inspiró profundamente y, con lentitud, volvió a atravesar el puente levadizo.
El dragón, por supuesto, fue a su encuentro, bufando y echando fuego.
Esta vez, sin embargo, el caballero siguió adelante.
Pero el coraje del caballero NO tardó en comenzar a derretirse, al igual que su barba, con el calor de las llamaradas del dragón.
Con un grito de temor y angustia, dio media vuelta y salió corriendo.
El dragón dejó escapar una poderosa carcajada y disparó un chorro de fuego contra el caballero en retirada.
Con un aullido de dolor, el caballero atravesó el puente como una bala, con Rebeca y Ardilla tras él. Al divisar un pequeño arroyo, sumergió rápidamente su chamuscado trasero en el agua fresca, sofocando las llamas en el acto.
Ardilla y Rebeca intentaban consolarlo desde la orilla.
_Habéis sido muy valiente _dijo Ardilla.
_No está mal por tratarse del primer intento _añadió Rebeca.
Sorprendido, el caballero la miró desde donde estaba.
_¿Cómo que el primer INTENTO?
Ardilla le respondió con toda naturalidad:
_Tendréis más suerte la segunda vez.
El caballero respondió enfadado:
_Tú irás la segunda vez.

_Recordad que el dragón es sólo una ilusión _dijo Rebeca.
_¿Y el fuego que sale de su boca? ¿Eso también es ILUSIÓN?
_En efecto _respondió Rebeca _. El fuego también era una ilusión.
_Entonces, ¿cómo es que estoy sentado en este arroyo con el trasero quemado? _exigió el caballero.
_Porque vos mismo hicisteis que el fuego fuera real, al creer que el dragón era real _explicó Rebeca.
Si creéis que el Dragón del Miedo y la Duda es real, le dais el poder de quemar vuestro trasero o cualquier otra cosa _dijo Ardilla.
_Tienen razón _corroboró Sam_. Debes regresar y enfrentarte al dragón de una vez por todas.
El caballero se sintió acorralado.
Eran tres contra uno. O, mejor dicho, dos y medio contra uno; la mitad Sam del caballero estaba de acuerdo con Ardilla y Rebeca, mientras que la otra mitad quería permanecer en el arroyo.

_Estoy harto de intentar comprender el significado de las cosas.Prefiero quedarme sentado en el arroyo y descansar.
_Mira _lo animó Sam _, si te enfrentas al dragón, hay una posibilidad de que lo elimines, pero si NO te enfrentas a él, es seguro que él te destruirá.
_Las decisiones son fáciles cuando sólo hay una alternativa _dijo el caballero.
Se puso de pie de mala gana, inspiró profundamente y cruzó el puente levadizo una vez más.
El dragón le miró incrédulo.
Era un tipo verdaderamente terco.
_¿Otra vez? _bufó _. Bueno, esta vez sí que te pienso quemar.
Pero esta vez el caballero que marchaba hacia el dragón era otro; uno que cantaba una y otra vez: “El miedo y la Duda son ILUSIONES”.
El dragón lanzó gigantescas llamaradas contra el caballero una y otra vez pero, por más que lo intentaba, NO lograba hacerlo arder.
A medida que el caballero se iba acercando, el dragón se iba haciendo cada vez más pequeño, hasta que alcanzó el tamaño de una rana.
Una vez extinguida su llama, el dragón comenzó a lanzar semillas.
Estas semillas _las Semillas de la Duda _tampoco lograron detener al caballero.
El dragón se iba haciendo aún más pequeño a medida que continuaba avanzando con la determinación.

_¡He vencido! _exclamó el caballero victorioso.
El dragón apenas podía hablar.
_Quizás esta vez, pero regresaré una y otra vez para bloquear tu camino.
Dicho esto, desapareció con una explosión de humo azul.
_Regresa siempre que quieras _le gritó el caballero_. Cada vez que lo hagas, yo seré más fuerte y tú más débil.
Rebeca voló y aterrizó en el hombro del caballero.
_Lo veis, yo tenía razón.
El conocimiento de uno mismo puede matar al Dragón del Miedo y la Duda.
_Sí realmente creías que era así, ¿por qué NO me acompañaste cuando me acerqué al dragón? _preguntó el caballero, que ya NO se sentía INFERIOR a su amiga emplumada.
Rebeca mullió sus plumas.
_No quería interferir. Era vuestro viaje.
Divertido, el caballero estiró el brazo para abrir la puerta del castillo,pero ¡el castillo de la Voluntad y la Osadía había DESAPARECIDO!
Sam le explicó:
_No tienes que aprender sobre la voluntad y la osadía porque acabas de demostrar que ya la posees.

El caballero echó la cabeza hacia atrás, riendo de pura alegría.
Podía ver la cima de la montaña.
El sendero parecía aún más empinado que antes, pero NO importaba.
Sabía que ya NADA LE PODÍA DETENER.

C O N T I N U A R Á…

Pd: 😉
Sarah

El Caballero de la Armadura Oxidada – El Castillo del Conocimiento (5)

Posted in C U E N T O S, Libros, LITERATURA, Textos with tags on 10 noviembre, 2011 by Sarah S

El Caballero de la Armadura Oxidada

El Castillo del Conocimiento

Robert Fisher

5

El caballero, Ardilla y Rebeca continuaron el viaje por el Sendero de la Verdad, en dirección al Castillo del Conocimiento.Se detuvieron tan sólo dos veces ese día, una para comer y otra para que el caballero afeitara su escuálida barba y cortara su largo cabello con el borde afilado del guantelete.
Una vez hecho esto,el caballero tuvo mejor aspecto y se sintió mucho mejor, más libre que antes.
Sin yelmo podía comer nueces sin la ayuda de Ardilla. Aunque había apreciado la técnica salvavidas, NO consideraba que aquello fuera un modo de vida realmente elegante.Se podía alimentar también de frutas y raíces a las que se había acostumbrado. Nunca más comería paloma ni ninguna otra ave o carne, pues se daba cuenta que hacerlo sería, literalmente, como comerse a sus amigos.
Justo antes de caer la noche, el trío continuó caminando penosamente por un monte y contempló el Castillo del Conocimiento en la distancia. Era mayor que el Castillo del Silencio, y la puerta era de oro sólido. Era el castillo más grande que el caballero hubiera visto jamás, incluso mayor que el caballero se había construido. El caballero contempló la impresionante estructura y se preguntó quién la habría diseñado.
En ese preciso momento, sus pensamientos fueron interrumpidos por la voz de Sam.
_El Castillo del Conocimiento fue diseñado por su propio universo: la fuente de todo conocimiento.
El caballero se sintió sorprendido y a la vez complacido de volver a oír la voz de Sam.
_Me alegro que hayas vuelto _dijo.
_En realidad, nunca me fui _replicó Sam_.
Recuerda que yo soy tú.
_Por favor, no quiero volver a escuchar eso.
¿Que te parezco ahora que me he afeitado y me he cortado el pelo?
_Es la primera vez que sacas provecho de ser esquilado _replicó Sam.
El caballero rió con la broma de Sam.
Le gustaba su sentido del humor.
Si el Castillo del Conocimiento se asemejaba al Castillo del Silencio, estaría feliz de tener a Sam por compañía.

El caballero, Rebeca y Ardilla cruzaron el puente levadizo por encima del foso y se detuvieron ante la dorada puerta. El caballero tomó la llave que colgaba de su cuello e hizo girar la cerradura.Al abrir la puerta, le preguntó a Rebeca y a Ardilla si se irían como lo habían hecho en el Castillo del Silencio.
_NO _replicó Rebeca_. El Silencio es para UNO, el CONOCIMIENTO es para TODOS.
El caballero se preguntó cómo era posible que se considerara a una paloma un blanco fácil.
Los tres atravesaron la puerta y penetraron en una oscuridad tan densa que el caballero NO podía ver ni su propia mano.El caballero buscó a tientas las acostumbradas antorchas que suelen estar en la entrada de los castillos, pero NO había ninguna.
¿Un castillo con puerta de oro y SIN antorchas?
_Incluso los castillos de la zona barata tienen antorchas _refunfuñó el caballero al tiempo que Ardilla lo llamaba.
El caballero tanteó el camino hasta donde se encontraba ella y vio que estaba señalando una inscripción que brillaba en la pared. Ponía:
“El Conocimiento Es La Luz Que Iluminará Vuestro Camino”
Preferiría una antorcha, pensó el caballero.
Quien quiera que sea el que gestiona este Castillo, está decidido a reducir las facturas de la luz.
Sam habló:
_Significa que cuantas más cosas sepas, más luz habrá en el interior del Castillo.

_Apuesto a que tienes razón, Sam! _exclamó el caballero. Y un rayo de luz se filtró en la habitación.
En ese preciso momento, Ardillla volvió a llamar al caballero para que se reuniera con ella.
Había encontrado otra brillante inscripción grabada en la pared:
“¿Habéis Confundido La Necesidad Con El Amor?”
Todavía perturbado, el caballero masculló:
_Supongo que tengo que encontrar la respuesta para conseguir un poco más de luz.
_Lo estás resolviendo rápidamente _replicó Sam, a lo que el caballero respondió bufando:
_No tengo tiempo para jugar a Preguntas y Respuestas. ¡Quiero encontrar mi camino por el castillo para poder llegar pronto a la cima de la montaña!
_Tal vez lo que tengáis que aprender aquí sea que tenéis todo el tiempo del mundo _sugirió Rebeca.
El caballero NO estaba de un ánimo muy receptivo, y NO tenía ganas de oír su filosofía.

Por un momento consideró la posibilidad de internarse en la oscuridad del Castillo e intentar atravesarlo.
La negrura, sin embargo, era bastante intimidadora y, sin su espada se sentía temeroso. Le pareció que la única alternativa que le quedaba era intentar descifrar el significado de la inscripción.
Suspiró y se sentó ante ella.
La leyó otra vez:
“¿Habéis Confundido La Necesidad Con El Amor?”
El caballero sabía que amaba a Julieta y a Cristóbal, aunque tenía que admitir que había amado más a Julieta antes de que le diera por ponerse bajo los toneles de vino y vaciar su contenido en su boca.
Sam dijo:
_Sí, amabais a Julieta y a Cristóbal, pero, ¿NO los necesitabais también?
_Supongo que sí _admitió el caballero.
Había necesitado toda la belleza que Julieta le añadía a su vida con su inteligencia y su encantadora poesía.
También había necesitado las cosas agradables que ella solía hacer, como invitar amigos para que lo animaran, después que se quedara atrapado en su armadura.
Se acordó de las épocas en las que el asunto de la caballería había estado bajo mínimos y NO se podían permitir comprar ropa nueva o contratar sirvientes. Julieta había confeccionado hermosos vestidos para la familia y había preparado deliciosos platos para el caballero y sus amigos.

El caballero reconoció que Julieta había mantenido SIEMPRE el castillo muy limpio. Y él le había dado muchos castillos para limpiar. A menudo habían tenido que mudarse a un castillo más barato cuando él había regresado de las cruzadas. Había dejado que Julieta hiciera casi todas las mudanzas ella sola, pues él solía estar siempre en algún torneo. Recordó su aspecto agotado mientras llevaba sus pertenencias de un castillo a otro, y cómo se había puesto cuando se vio imposibilitada de tocarlo por causa de la armadura.
_¿No fue entonces cuando Julieta comenzó a ponerse bajo los toneles de vino? _preguntó Sam suavemente.
El caballero asintió, y las lágrimas brotaron de sus ojos. Después, se le ocurrió algo espantoso: NO había querido culparse de las cosas que hacía. Había preferido culpar a Julieta por todo el vino que bebía. De hecho, le venía bien que ella bebiera, así podía decir que todo era su culpa, incluso yendo el hecho de que él estuviera atrapado en la armadura.
A medida que el caballero se iba dando cuenta de lo injusto que había sido con Julieta, las lágrimas iban cayendo por sus mejillas. Sí,la había necesitado más de lo que la había amado.

Deseó haberla necesitado menos y amado más, pero NO había sabido hacerlo.
Mientras continuaba llorando, le vino a la cabeza que también había necesitado a Cristóbal más de lo que le había amado.Un caballero necesitaba un hijo para que partiera a las batallas y luchara en nombre de su padre cuando éste se hiciera mayor.
Esto NO quería decir que el caballero NO amara a Cristóbal, pues amaba la belleza de su hijo. También disfrutaba oyéndole decir “Te Quiero,Papá” pero,así como había amado estas cosas de Cristóbal, también respondían a una necesidad suya.Un pensamiento le vino a la mente como un relámpago: ¡Había necesitado el AMOR de Julieta y Cristóbal porque NO se AMABA a SÍ MISMO! De hecho, había necesitado el amor de todas las damiselas que había rescatado y de toda la gente por la que había luchado en las cruzadas porque NO se amaba a sí mismo.
El caballero lloró aún más al darse cuenta de que si NO se amaba, NO podía amar realmente a OTROS.Su necesidad de ellos se interpondría.
Al admitir esto, una hermosa y resplandeciente luz brilló a su alrededor, ahí donde antes había habido oscuridad.
Una mano se posó suavemente sobre su hombro.
Miró a través de sus lágrimas y vio a Merlín que le sonreía.

_Habéis descubierto una gran verdad _le dijo el mago al caballero_.
Sólo podéis amar a otros en la medida en que os amáis a vos mismo.
_¿Y cómo hago para empezar a amarme? _preguntó el caballero.
_Ya habéis empezado, al saber lo que ahora sabéis _dijo Merlín
_Sé que soy un tonto _sollozó el caballero.
_No,conocéis la verdad, y la verdad es amor.
Esto consoló al caballero, que dejó de llorar.
A medida que sus lágrimas se fueron secando, fue notando la luz que había a su alrededor.Era distinta de cualquier luz que hubiera visto antes.
Parecía NO venir de ningún lugar, y de todos los lugares a la vez.
Merlín hizo eco del pensamiento del caballero.
_No hay nada más hermoso que la luz del CONOCIMIENTO.
El caballero miró la luz que le rodeaba y luego hacia la lejana oscuridad.
_Para vos, NO hay oscuridad en este castillo,¿no es verdad?
_No _replicó Merlín_. Ya NO.
Animado, el caballero se puso de pie, listo para continuar.
Le agradeció a Merlín por haber aparecido incluso sin haber sido llamado.
_Está bien _dijo el mago_. Uno NO siempre sabe cuándo pedir ayuda.
Y, dicho esto, DESAPARECIÓ.

Cuando el caballero se dispuso a continuar, Rebeca apareció volando desde la oscuridad.
_¡Escuchad! _dijo toda emocionada.
Esperad a ver lo que voy a mostraros!
El caballero nunca había visto a Rebeca tan excitada.
Normalmente, era más bien tranquila, pero ahora no dejaba de dar saltos sobre su hombro, sin poder contenerse mientras guiaba al caballero y a Ardilla hacia un gran espejo.
_¡Es eso! ¡Es eso! _gorjeó en voz alta, los ojos brillando de entusiasmo.
El caballero tuvo una decepción.
_Es sólo un viejo espejo _dijo impaciente_ Vamos, pongámonos en marcha.
_No es un espejo corriente _insistió Rebeca_. No refleja tu aspecto. Refleja cómo eres en verdad.
El caballero estaba intrigado, pero NO entusiasmado.
Nunca le habían importado mucho los espejos, porque nunca se había considerado muy guapo.
Pero Rebeca insistió, así que, de mala gana, se colocó ante el espejo y contempló su reflejo.
Para su gran sorpresa, en lugar de un hombre alto con ojos tristes y nariz grande, con una armadura hasta el cuello, vio a una persona encantadora y vital, cuyos ojos brillaban con amor y compasión.
_Quién es? _preguntó.
Ardilla respondió:
_Sois vos.

_Este espejo es un fantasma _dijo el caballero_. Yo NO soy así.
Estáis viendo a vuestro YO VERDADERO _explicó Sam_,el YO que vive bajo esa armadura.
_Pero _protestó el caballero, contemplándose con atención en el espejo_, ese hombre es un espécimen perfecto.Y su rostro está lleno de inocencia y belleza.
_Ése es tu potencial _le respondió Sam_, ser hermoso, inocente y perfecto.
_Si ése es mi potencial _dijo el caballero_, algo terrible me sucedió en el camino.
_Sí _replicó Sam_, pusiste una armadura invisible entre tú y tus verdaderos sentimientos.
Ha estado ahí durante tanto tiempo que se ha hecho visible y permanente.
_Quizá sí escondí mis sentimientos _dijo el caballero_.Pero NO podía decir simplemente todo lo que se me pasaba por la cabeza y hacer todo lo que me apetecía. Nadie me hubiera querido._El caballero se detuvo al pronunciar estas palabras, pues se dio cuenta que se había pasado la vida intentando agradar a la gente. Pensó en todas las cruzadas en las que había luchado, los dragones que había matado, y en las damiselas en apuros que había rescatado: todo para demostrar que era bueno, generoso y amoroso.

En realidad, NO tenía que demostrar nada. Era bueno, generoso y amoroso.
_¡Jabalinas saltarinas! _exclamó_. ¡He desperdiciado toda mi vida!
_No _dijo Sam rápidamente. No la has desperdiciado. Necesitabas tiempo para aprender todo lo que has aprendido.
_Todavía tengo ganas de llorar _dijo el caballero.
_Pues, eso sí sería un desperdicio _dijo Sam.
Acto seguido, entonó esta canción:

“Las lágrimas de autocompasión
no te pueden ayudar.
No son del tipo que a tu armadura
pueden eliminar”

El caballero NO estaba de humor para apreciar ni la canción ni el humor de Sam.
_Deja ya esas pesadas rimas, o te echaré fuera _chilló.
_No me puedes echar _rió Sam_. Yo soy tú. ¿No lo recuerdas?
En ese momento, el caballero se hubiera pegado un tiro gustoso con tal de librarse de Sam.
El caballero se miró en el espejo otra vez. La amabilidad, la compasión, el amor, la inteligencia y la generosidad le devolvieron la mirada.

Se dio cuenta de que todo lo que tenía que hacer para tener todas esas cualidades era RECLAMARLAS, pues SIEMPRE habían estado ahí.
Ante este pensamiento, la hermosa luz brilló una vez más, con más fuerza que antes.
Iluminó toda la habitación revelando, para sorpresa del caballero, que el castillo tenía tan sólo una gigantesca habitación.
_Es la construcción estándar para un Castillo del Conocimiento _dijo Sam.
_El verdadero Conocimiento no se divide en compartimientos porque todo procede de una única verdad.
El caballero asintió. Estaba listo para partir justo cuando Ardilla se acercó corriendo.
_Este castillo tiene un patio con un gran manzano en el centro.
_Oh, llévame a él _pidió el caballero ansioso, pues empezaba a tener hambre.
El caballero y Rebeca siguieron a Ardilla hasta el patio.
Las robustas ramas del árbol se torcían por el peso de las manzanas más brillantes y rojas que el caballero hubiera visto jamás.
_¿Te gustan las manzanas? _preguntó Sam.
El caballero se encontró riendo.
Luego notó una inscripción grabada en una losa junto al árbol:

“Por Esta Fruta No Impongo Condición, Pero Ahora Aprenderéis Acerca De La Ambición”

El caballero reflexionó sobre esto pero, con franqueza, no tenía ni idea de lo que significaba.
Finalmente, decidió olvidarlo.
_Si lo haces, no saldremos de aquí _dijo Sam.
El caballero gruñó.
_Estas inscripciones son cada vez más difíciles de entender.
_Nadie dijo que el Castillo del Conocimiento fuera fácil _dijo Sam con firmeza.
El caballero suspiró, tomó una manzana y se sentó junto a Rebeca y Ardilla.
_¿Vosotras lo entendéis? _les preguntó
Ardilla negó con la cabeza.
El caballero miró a Rebeca, que también negó con la cabeza.
_Pero lo que sí sé _dijo pensativa_ es que NO tengo ninguna ambición.
_Ni yo _intervino Ardilla _apuesto a que este árbol tampoco tiene ninguna.
_Tiene razón _dijo Rebeca_. Este árbol es como nosotras.
No tiene ambiciones.
Quizá vos NO necesitéis ninguna.
_Eso está bien para los animales y los árboles _dijo el caballero _. Pero,¿qué sería una persona si no tuviese ambición?

_Feliz _dijo Sam.
_No, no lo creo.
_Todos estáis en lo cierto _dijo una voz familiar.
El caballero se volvió y vio a Merlín de pie, detrás de él y los animales. El mago vestía su larga túnica blanca y llevaba un laúd.

_Estaba a punto de llamaros, Merlín _dijo el caballero.
_Lo sé _replicó el mago_. Todo el mundo necesita ayuda para entender a un árbol.
Los árboles son felices simplemente siendo árboles, al igual que Rebeca y Ardilla son felices siendo simplemente lo que son.
_Pero los humanos somos distintos _protestó el caballero_. Tenemos mentes.
_Nosotros también tenemos mentes _declaró Ardilla, un tanto ofendida.
_Lo siento. Es sólo que los seres humanos tenemos mentes más complicadas que hacen que deseemos ser mejores _explicó el caballero.
_¿Mejores que qué? _preguntó Merlín, tañendo ociosamente unas notas en su laúd.
_Mejores de lo que somos _respondió el caballero.
_Naceís hermosos, inocentes y perfectos. ¿Qué podría ser mejor que eso? _demandó Merlín.
_No, quiero decir que queremos ser mejores de lo que pensamos que somos,y mejores que los demás…ya sabéis, como yo, que siempre he querido ser el mejor caballero del reino.
_Ah, sí _admitió Merlín_, la ambición de vuestra complicada mente os llevó a intentar demostrar que erais mejor que otros caballeros.
_¿Y qué hay de malo en ello? _preguntó el caballero a la defensiva.
_¿Cómo podíais ser mejor que otros caballeros si todos nacisteis tan inocentes y perfectos como erais?
_Al menos era feliz intentándolo _replicó el caballero.
_¿Lo erais? ¿O es que estabais tan ocupado intentando serlo que no podíais disfrutar del simple hecho de ser?
_Me estáis confundiendo _musitó el caballero_. Sé que las personas necesitan tener ambición.
Desean ser listas y tener bonitos castillos y poder cambiar de caballo del año pasado por uno nuevo.
Quieren progresar.
_Ahora estáis hablando del deseo del hombre de enriquecerse; pero si una persona es generosa,amorosa, compasiva,inteligente y altruista,¿cómo podría ser más rica?
_Esas riquezas NO sirven para comprar castillos y caballos _dijo el caballero.
_Es verdad _Merlín esbozó una sonrisa_,hay más de un tipo de riquezas, así como hay más de un tipo de ambición.

_A mí me parece que la ambición es la AMBICIÓN. O DESEAS progresar o NO lo DESEAS.
_Es más complicado que todo eso _respondió el mago_.La ambición que proviene de la mente te puede servir para conseguir bonitos castillos y buenos caballos. Sin embargo, sólo la ambición que proviene del corazón puede darte, además, la felicidad.
_¿Qué es la ambición del corazón? _le cuestionó el caballero.
_La ambición del corazón es pura. No compite con nadie y NO hace daño a nadie. De hecho,le sirve a uno de tal manera que sirve a otros al mismo tiempo.
_¿Cómo _preguntó el caballero, esforzándose por comprender.
_Es aquí donde podemos aprender del manzano.
Se ha convertido en un árbol hermoso y maduro, que da generosamente sus frutos a todos. Cuantas más manzanas toma la gente _dijo Merlín_ más crece el árbol y más hermoso deviene.
Este árbol hace exactamente lo que un manzano debe hacer: desarrollar su potencial para beneficio de todos. Lo mismo sucede con las personas que tienen ambiciones del corazón.
_Pero _objetó el caballero_ si me pasara el día regalando manzanas, NO podría tener un elegante castillo y NO podría cambiar el caballo del año pasado por uno nuevo.
_Vos, como la mayoría de la gente, queréis poseer muchas cosas bonitas, pero es NECESARIO separar la NECESIDAD de la CODICIA.
_Decidle eso a una esposa que quiere un castillo en un mejor barrio _replicó mordaz el caballero.
Una expresión divertida se dibujó en el rostro de Merlín.
_Podríais vender algunas de vuestras manzanas para pagar el castillo y el caballo.
Después podríais dar las manzanas que NO necesitaríais para que los demás se alimentasen.
_Este mundo es más fácil para los árboles que para las personas _dijo el caballero filosóficamente.
_Es una cuestión de percepción _dijo Merlín _.Recibís la misma energía vital que el árbol.
Utilizáis la misma agua, el mismo aire y la misma nutrición de la tierra.
Os aseguro que si aprendéis del árbol podréis dar frutos y NO tardaréis en tener todos los caballos y castillos que deseáis.
_¿Queréis decir que podría conseguir todo lo que necesito simplemente quedándome quieto en mi propio jardín? _preguntó el caballero.
Merlín rió.
_A los seres humanos se les dio dos pies para que NO tuvieran que permanecer en un mismo lugar, pero si se quedaran quietos más a menudo para poder aceptar y apreciar, en lugar de ir de aquí para allá intentando apoderarse de todo lo que pueden, entenderían verdaderamente lo que es la AMBICIÓN del CORAZÓN.
El caballero permaneció en silencio, reflexionando sobre las palabras de Merlín.
Estudió el manzano que florecía ante sus ojos.
Observó a Ardilla, a Rebeca y a Merlín.
Ni el árbol ni los animales tenían ambición,y la ambición de Merlín provenía sin duda de su corazón.
Todos parecían sanos y felices; eran hermosos especímenes de la vida.
Después pensó en sí mismo: escuálido y con una barba que empezaba a tener mal aspecto.
Estaba mal nutrido, nervioso, y exhausto por tener que arrastrar su pesada armadura.
Había adquirido todo esto por su ambición mental, y ahora comprendía que todo eso debía cambiar.
La idea le inspiraba temor, pero luego pensó que ya lo había perdido todo, así que ¿qué más podía perder?
_A partir de ese momento, mis ambiciones vendrán del corazón _prometió el caballero.
Mientras pronunciaba estas palabras, el castillo y Merlín desaparecieron, y el caballero se encontró otra vez en el Sendero de la Verdad, con Rebeca y Ardilla.

Junto al sendero se extendía un cabrilleante arroyo. Sediento, se arrodilló para beber de su agua y notó con sorpresa que la armadura que cubría sus brazos y piernas se había oxidado y caído.Su barba había crecido.
Era evidente que el Castillo del Conocimiento, al igual que el Castillo del Silencio,había jugado con el tiempo.
El caballero reflexionó sobre este extraño fenómeno y NO tardó en darse cuenta de que Merlín estaba en lo cierto.
Decidió que era verdad, que el tiempo transcurría con rapidez cuando uno se escuchaba a sí mismo.
Recordó cuántas veces el tiempo se había hecho eterno mientras él esperaba que otras personas lo llenaran.
Ahora que todo lo que quedaba de su armadura era el peto, el caballero se sintió más ligero y más joven de lo que se había sentido en años. También descubrió que NO se había sentido tan bien consigo mismo desde hacía mucho tiempo.
Con el paso firme de un muchacho, partió hacia el Castillo de la Voluntad y la Osadía con Rebeca volando sobre su cabeza y Ardilla corriendo a sus pies…

C O N T I N U A R Á…